El merengue de la línea del frente

En Cuba se cuestiona la difusión y los mensajes sin ética del reguetón. En Yahoo Respuestas alguien se pregunta si es ético para una mujer oir reguetón. En mi propio círculo me han comentado alguna vez por qué escucho reguetón si me considero feminista y encima soy mujer. Hasta aquí hemos llegado.

El dilema ético

Mucha gente considera al reguetón cumbiero o a cualquier ritmo con carne como una marranada machista y pobre, lo cual no está tan lejos de la realidad; la explosión musical del reguetón en nuestras vidas, en nuestras fiestas y en nuestros mp3, incluso en nuestros vagones de metro, cuando jóvenes generosxs nos regalan los oídos con altavoces-poneos cascos por favor– lleva ya unos años de recorrido y ni las letras han cambiado ni la música ha evolucionado- salvo que el electrolatino se considere un cambio-, en principio. Pero el caso es que en el mundo hay gente a la que le pone el reguetón, la cumbia y la chicha y aparte tenemos la ESO y no queremos que nadie nos llame mami.

Tendemos a desprestigiar el género entero por el reguetón más mediático y comercial, encabezado por el Daddy Yankee y sus compadres-comadres no, porque yo de entrada solo conozco a Lorna y hace mucho que no se sabe de ella-. Nuestra moral de fraile también nos incita a rechazar una música abiertamente sexual y nuestros principios nos llevan a cuestionarnos cómo nos puede gustar una música en la que la mujer aparece solo como un objeto sexual que putea al macho alfa calentándole la bragueta.

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La Yegros. Una cumbiera chamamé muy del rollo. Para mí la nueva Chavela. Foto

El reguetón surgió en los ochenta en Panamá y Puerto Rico como fusiones de reggae jamaicano y hip hop-del hip hop se ha quedado la estética-, en un principo se le denominaba under o Dem Bow, haciendo referencia a la contracultura underground, ya que, además, es un tipo de música típicamente de pobres-supongo que los oídos de los ricos deben ser mucho más finos-. En España se le ha considerado como música lumpen para lúmpenes. Nos ha costado pero parece que ya es compatible escuchar reguetón no denigrante, para tu clase, para tu género y para tu orientación sexual. Hay gente que le ha conseguido dar un contenido social al reguetón, que lo ha reivindicado como parte de su identidad, y que lo ha dignificado expropiándole el formato y cambiando el contenido. De esa es la gente vamos a hablar, de lxs que quieren que suene y no ofenda a su gente.

Pero el caso es que en el mundo hay gente a la que le pone el reguetón, la cumbia y la chicha y aparte tenemos la ESO y no queremos que nadie nos llame mami

Desde Calle 13, en sus inicios de los dosmiles, fusionando afrobeat con cumbias colombianas, bossa nova, electrónica y rap, con letras que van desde declaraciones de amor a los de atrás vienen conmigo, hasta el kumbiatón de Tremenda Jauría, con letras insurgentes que rugen y aúllan en el corazón de Madrid, la cumbia ya no ofende. Es música que viene del barro y que se moja con el barro.

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Tremenda Jauría tropicaleando

El ecosistema musical

“Queríamos utilizar ritmos tropicales, que están en nuestras vidas, suenan en nuestra casa y han llegado para quedarse, y cuyas letras nos parecen infames, bien porque están vacías de contenido o porque son directamente machistas. Nos parecía necesario generar contenido propio con ese tipo de ritmos”, cuenta a Diagonal MC Gremlin, perrx salvaje de Tremenda Jauría.

Y lo han clavado. Porque estábamos empezando a pensar que lo normativo en la reivindicación se limitaba a los cantautores setenteros y el punk, cuando este merengue de la línea del frente nos educó los oídos. El ecosistema musical en Madrid es ahora un hervidero de arroz con frijoles y los centros sociales se ponen a reventar con Guacamayo Tropical o Sonidero Mandril. En otros lugares pasó y pasa algo parecido, por ejemplo el movimiento Euskadi tropical de Potato y el actual Esne Beltza, por lo que la apropiación de ritmos vocineros, que en principio no forman parte de nuestra cultura doméstica y españolita, en otro post ya hablábamos de la reivindicación del cante jondo-, se ha convertido en un medio de lucha y de jarana que no te deja el culo indiferente. Este trueque entre culturas musicales no se lo inventó Manu Chao, sino que ha sido una constante histórica desde el ska-hoy casi música clásica-. Algo bueno tenía que tener la globalización.

Cambia el clima cuando baila mi gente

Las vocinas no son asépticas, los bajos, el tecno y la chicha no son asociales, apolíticos e impersonales. Nuestra generación se ha educado con una música y le ha dado una vuelta con la que se han venido a reflejar nuestros valores, nuestros deseos y nuestro presente. El reguetón puede ser tu leitmotiv. No dejemos que la música se deseque y repitamos una y otra vez que el buen tiempo ya pasó.

Por: RAF Tomaten