El Progreso y el Procés, Hostias y huidas

Hola otra vez. Hoy vengo con actualidad y filosofía. A la teoría política vuelvo cuando se calmen las aguas. Y encima vengo radical. Radical de verdad, no de pasamontañas y cóctel molotov. Radical de ir a las raíces, a eso que está muy muy en el fondo que nadie le hace caso. Venga, al tajo. Se oye mucho últimamente lo de la «huida hacia adelante». Esa expresión, más o menos común en el lenguaje pseudo-político español, que usamos para referirnos de manera elegante a seguir tirando pa’lante como un borrico, a ver si con un poco de potra, esto se arregla. Y esto es, básicamente, el pensamiento Occidental resumido en una línea: El progreso arregla las cosas.

Lo de la Cosa catalana es, más que huida, una caída hacia adelante. Un precipitarse en el vacío. Muy moderno esto –moderno de la Modernidad, no de Malasaña–. Muy al vacío, de cabeza, con todo el equipo; porque, parece que sí, que la DUI va pa’alante. Y este tirar pa’alante no es sólo un colocón de testosterona. Tiene más miga el asunto. Este lanzarse hacia adelante es porque, amigas, vivimos en un mundo que se piensa desde el futuro. Es quizá uno de los rasgos más característicos de la Modernidad que seguimos arrastrando.

 

La interpretación del presente no se hace desde el mito anclado en las nieblas del pasado. La Historia ya no vale para predecir lo que vendrá, sino que lo que vendrá valdrá para entender lo que fue. El presente se piensa por los efectos que tendrá en el futuro. Será el futuro el que juzgue. El presente no es tanto consecuencia del pasado sino preludio del futuro. Como decía Hegel, la realidad es la posibilidad de lo que sigue. Un futuro dormido que tratamos de despertar. Es aquello de la historia me absolverá de Fidel. Vamos, que la comprensión total del presente sólo podrá hacerse desde el futuro, cuando el polvo del tiempo se haya asentado. Para los de la LOGSE: de todas las juergas que te pegaste en la universidad no sabes cuales son las mejores hasta que no las miras con la distancia de los años, pero por si acaso, te la agarras todos los findes.

parece que sí, que la DUI va pa’alante. Y este tirar pa’alante no es sólo un colocón de testosterona.

¿Y qué narices tiene que ver todo esto con Cataluña, Ana? Pues que tener esto en cuenta vale para entender un poco más el percal. Son los fines, los resultados, y no el origen, los que informan ese punto en el que se encuentran pasado y futuro al que llamamos presente. Que lo que le da sentido al presente es el futuro; y hasta que no llegue, no cobra sentido. Es decir, que vivimos en un sinsentido constante.

A ver si me explico. Que lo que están haciendo los fantoches estos respecto a la Cosa, tendrá sentido desde el futuro. Que no tiene sentido en el presente. La modernidad tiene esa obsesión por el progreso, por ir hacia adelante, por el futuro. Todas las soluciones se encuentran allí. Huir hacia adelante es lanzarse hacia ese vacío que es el porvenir. No tanto caer, sino precipitarse.

Como hemos perdido el pasado como referente, este nuestro tiempo es un constante improvisar. Es un andar a tientas porque no vemos hacia dónde vamos. No vemos dónde estamos hasta que no avanzamos y lo miramos desde el futuro. Las respuestas, pues, están siempre un paso más allá. Todo este precipitarse es, en definitiva, querer llegar antes al futuro para así intentar alcanzar un sentido que nunca termina de llegar. Como cuando eres txiki y empiezas a fumar porque quieres ser mayor, pero no tienes ni idea de lo que estás haciendo. Te precipitas a la adolescencia en una descontrolada improvisación porque crees que el futuro es mejor.

Proclamar la DUI es precipitar el futuro –qué épico suena esto, ¿eh?–. Es forzar la máquina hacia adelante porque el presente no tiene sentido, a ver si en el futuro lo encontramos. Pero si la fuerzas demasiado, se rompe, descarrila y ya no entiendes nada. Si no sale mal del todo, la DUI provocará una cadena de eventos –desconocida aún–, que podría llevar en un futuro no demasiado a cercano a una solución territorial y, quizás, política para España. O no.

La modernidad tiene esa obsesión por el progreso, por ir hacia adelante, por el futuro. Todas las soluciones se encuentran allí. Huir hacia adelante es lanzarse hacia ese vacío que es el porvenir.

A veces sale mal. O, mejor dicho, tarda demasiado en salir bien. Ya sabéis, todo cobrará sentido en el futuro. Cómo de lejano esté ese futuro ya es otra cosa. Las revoluciones adolecen un poco de esto. Su verdadero efecto es a largo plazo. Son una de las cosas más modernas que hay, esto de las revoluciones. El revolucionario dinamita toda conexión con el pasado, creando un vacío al que debe lanzarse en una necesaria improvisación. Ortega decía que esto era lo que las condenaba irremediablemente al fracaso. Vulneran uno de los derechos más básicos del ser humano: el derecho a la continuidad. Que en terminología sociológica moderna es joder con la seguridad ontológica del personal.

Vamos, que cuando vas muy rápido y se precipitan mucho las cosas, te estalla el tema en las narices porque a la gente no le van los cambios bruscos. Echad mano al libro de historia más cercano que tengáis y veréis que cambio social repentino = problemas. Da igual que el cambio sea a mal o a bien, si agitas mucho las cosas la situación se termina poniendo chunga. Es como conducir un coche. Si pegas un volantazo a la izquierda luego tienes que meter uno a la derecha para compensar un poco (acción-reacción) y en el proceso seguro que alguien se da un cabezazo con la ventanilla o tira media yonkilata por el asiento de atrás. Aunque tardes un poco más, es mejor girar con calma.

Volvemos a la Cosa. Lo del lunes va a ser un volantazo –o una amenaza de darlo–, veremos si patina o no. A la Generalitat no le interesa que el coche patine y se salga de la carretera. Pero sí que se precipiten cosas. Tristemente, el apoyo social que le falta a la Cosa  se puede ganar con violencia estatal. Las porras de la Nacional son una varita mágica para crear indepes y me temo que se van a precipitar un montón en el futuro si esto sigue así.

Tampoco interesa que la Cosa se desborde. Lo del «desborde» es que se salga de los cauces marcados por el Govern. Que la Generalitat pierda el volante y la cosa se vaya de madre. Que la sociedad, en definitiva, sobrepase a sus instituciones, innove y adopte rumbos no esperados. Por el momento no va a pasar. Para que algo desborde, tiene que diluviar. Y sí, el domingo cayeron chuzos de punta (literalmente, además), pero no es suficiente. Las aguas del pueblo están encauzadas. Cuando las autoridades catalanas mandan, el pueblo de momento obedece. Pueblo que, por cierto, debe de tener alzheimer o algo. Se ha olvidado de todo. Los recortes ya no existen, la gente incluso vitorea a los mossos…  Una vergüenza.

En fin, que me enredo yo sola. Yo venía a contaros que esta frenética «huida» hacia adelante es, de fondo, porque somos hijas de la modernidad y corremos a ciegas en el vacío improvisando cada paso en busca de sentido. Igual os parece un sinsentido. Igual nada tiene sentido. Qué sé yo. Qué más da.

Una cosa sí sé: Agarraos que vienen curvas. Agarraos que viene el futuro.

 

Ana Ideia

 

Preguntar antes de decidir

Vengo a haceros pensar, a lanzaros preguntas para que rumiéis un poco. Demasiadas afirmaciones sin reflexión hay por ahí. No vengo a daros respuestas, lo siento. Muchas certezas se andan segando estos días, yo vengo a sembrar preguntas para que crezcan dudas. La que duda, camina despacio y se fija por dónde va.

Quiero hablaros de cosas muy grandes y abstractas como pueblo y nación. Quizá, más tarde, de territorialidad e identidad. Pero empecemos con uno de los temas de moda, que de tanto mentarlo le van a gastar el nombre: El derecho a decidir. ¿Qué es el derecho a decidir? Lo primero: aquí hablamos de derecho no como norma jurídica –no habría tanto debate si fuese una– sino como condición de poder tener o exigir algo que se considera éticamente correcto y, por ende, independiente de un ordenamiento jurídico concreto. Empezamos mal, lo de definir lo éticamente correcto es un marrón.

Siendo un poco tautológicos, el derecho a decidir es la condición de poder exigir decidir, porque es bueno, correcto. Vamos, la autoridad moral de poder exigir el poder decidir. Lo dicho, cuando aparecen el bien y el mal de por medio, la cosa se enfanga, porque a ver quién se considera con la autoridad para definir esas cosas.

Pero bueno, vamos a asumir que vale, que bien, que decidir es bueno, está bien. ¿Decidir qué? Decidir cosas. Pero… ¿qué cosas? Porque claro, lo de que tenemos derecho a decidir (algunas) cosas es evidente. Yo decido qué camiseta me pongo hoy, por ejemplo. Salvo que tenga que ponerme el uniforme para ir a trabajar, que entonces la decide el jefe. Bueno, decidí coger un trabajo con uniforme. Así que la decisión en el fondo es mía, ¿no? Aunque no había más trabajos y hay que comer, así que la capacidad de decisión se limita. Vaya. Se complica la cosa. Capacidad de decisión. ¿Y esto? Que tengo derecho a decidir cosas, pero las opciones entre las que elegir no las pongo yo. Vamos, que si sólo hay una, la decisión está hecha. Y claro, también hay cosas sobre las que no tengo derecho a decidir. Como por ejemplo qué camiseta te pones hoy. Salvo que tengas cinco años y yo sea tu madre. O que trabajes para mí y te diga que tienes que llevar uniforme. Un poco fluido esto del derecho a decidir cosas.

Vamos con el derecho a decidir que está de moda. El de los catalanes. Los catalanes tienen derecho a decidir cosas. Bueno, no. Cosas no. Eso es plural. Muchas cosas, mucha incertidumbre. La incertidumbre no es buena. Aquí, cosas, es más bien La Cosa. La Cosa es la independencia de Cataluña (¿esto qué es? -volveremos luego). Pero no de cualquier manera, no. La capacidad de decisión es limitada aquí también. Vuelvo a las camisetas. Hay dos en el armario: una un poco apolillada, la de toda la vida que te regalaron en el 78 y que te queda pequeña; y una envuelta, que no sabes cómo te queda ni qué pinta tiene, pero en la etiqueta pone Estado independiente en forma de república. No está mal, sonar suena muy bien. Por lo pronto es nueva y sin polillas. Pero la verdad es que el tipo ese de la tienda de PDeCAT que te la vendió no daba muy buena espina.

Bueno, entonces, lo del derecho a decidir viene a ser que está bien que los catalanes tengan el poder de decidir si Cataluña se vuelve un Estado independiente en forma de república o no. Pues molt bé, ¿no? Pero hostia. ¿Por qué sólo los catalanes? Yo también quiero tener derecho a decidir si quiero una república o no. Ah. Espera. Shhh, que esto no va de la monarquía. Esa caja de Pandora no la abráis. Entonces lo de la república no es muy relevante, aquí la esencia es lo de ser un Estado independiente. ¿De derecho? ¿Democrático? ¿Social? No lo pone en la etiqueta. Pero suponemos que sí, ¿no?

Está un poco difuso sobre qué deciden, pero la base está ahí. Quieren decidir si se van o no. ¿A dónde? -A saber. Problema de los que se van, la verdad. Pero ¿quiénes son los que se van? Tenemos un derecho pero nos falta el sujeto titular de ese derecho para poder saber, por ejemplo, sobre qué  puede ejercer ese derecho. Vamos, que ¿quién decide? ¡El pueblo catalán, hombre, que no te enteras! Ajá. El pueblo catalán. ¿Y ese quién es? Y encima dice Rufián (el de las camisetas de Harry Potter) que no sólo el pueblo catalán, que ya que nos ponemos a decidir cosas, que los andaluces, los castellanos, los gallegos y los vascos también está bien que decidan cosas. ¿Y los valencianos qué? ¿Estos no? ¿Será que como hablan parecido a los catalanes son pueblo catalán? Menudo lío con esto de los pueblos decidiendo cosas y gente decidiendo quiénes son los pueblos.

Por partes. Entonces, quedamos en que está bien que los pueblos decidan cosas. Ah, pero esto me suena. Para esto hay norma jurídica, hombre. Se llama derecho de libre determinación de los pueblos, derecho de autodeterminación para los amigos. Esto es gordo. Gordo de verdad. Gordo nivel principio fundamental del Derecho Internacional público – poca broma–. Los Pactos de Nueva York, la ONU… gente importante que decide sobre cosas, cosas importantes –¿y el derecho a decidir de éstos de dónde sale?–, dice que sí, que los pueblos tienen ese derecho. ¿Y entonces si es lo mismo por qué lo llamamos derecho a decidir? ¿Igual no es lo mismo?

por whatsapp no, que somos gente adulta y no nos llevamos tan mal, así que vamos a sentarnos a hablar las cosas.

Sea como fuere, parece que el derecho este –el de autodeterminación, que es como más concreto que eso de «decidir cosas»–  tiene legitimidad, que no hace falta ponerse a discutir sobre el Bien y el Mal. Hay señores importantes que dicen que está bien. Menudo alivio. Un problema menos.

Vamos con lo de los pueblos, pues. En esto los señores importantes dicen que a ver, que no todos los pueblos tienen derecho a autodeterminar su secesión. Que sólo algunos: coloniales, invadidos o duramente abusados por el poder estatal. Que si no se cumple eso, no te puedes autodeterminar a la torera, que para algo vivimos en democracias y lo de hacer las cosas unilateralmente no está bien. Es como dejar a tu pareja por whatsapp, está feo, salvo que sea un maltratador, entonces sal por patas. Quizá la mejor reflexión en términos jurídicos o, al menos, la más detallada, es la que hace el Supremo de Canadá sobre Quebec. Viene a decir que por whatsapp no, que somos gente adulta y no nos llevamos tan mal, así que vamos a sentarnos a hablar las cosas.

Entonces, los pueblos estos que pueden decidir cosas pero no autodeterminarse, ¿qué son? Aquí, damas, caballeros y personas de género no binario, viene el problema de todos los problemas: ¿Qué es un pueblo? ¿quién lo integra? ¿Es sinónimo de nación? En mi humilde opinión, es un palabro que no vale para nada, salvo para confundir, porque vale para cualquier cosa, que es casi peor. Es tan ambiguo que hace falta ponerle etiquetas para que quiera decir algo concreto. Un poco como con ese otro palabro tan grande que está también de moda: democracia.

Vamos a ello. Parece que pueblo es un grupo de personas. Un grupo grande. Grande y más o menos homogéneo o con algún rasgo que permite distinguirlo de otros grupos/pueblos. Pero esto de pueblo es diferente de multitud y muchedumbre, que también son grupos grandes y distintos. ¿Y a qué viene esto? Pues a Spinoza, Hobbes y la construcción del Estado moderno y de todos esos conceptos tan bonitos que nos gusta usar sin dedicarles mucha atención porque las cosas sin definir del todo son más útiles políticamente. No me voy a meter a resumir aquí siglos de teoría política. Además, con el panorama posmoderno que tenemos a nadie le importan ya estas cosas. Así que, así muy rápido, en tamaño tuit y con el perdón de Spinoza y Hobbes: La multitud es una pluralidad de voluntades singulares en la escena pública, sin convertirse en una unidad, en una única voluntad, decía Spinoza. A Hobbes esto de la pluralidad le parece un peligro, nada de multitudes. A Hobbes le pone el rollo unitario, fuerte, centralizado. Aquí es dónde entra el pueblo contra la multitud: nada de pluralidad de voluntades, ¡ni que esto fuese una democracia! El pueblo se caracteriza por tener una única voluntad, personificada en la figura del soberano e identificable con la forma política del Estado.

Digamos que multitud es un poco como manada  y pueblo como rebaño. No sé si estáis notando lo turbio de los principios del concepto pueblo y su importancia política. Por eso los Estados homogeneizan a su población en términos de lengua, religión, referentes culturales, históricos, etc. Así es más fácil una voluntad unívoca, si todos somos iguales, todos pensamos igual. Los Imperios, por ejemplo, no jugaban a esto. No eran una apisonadora cultural. Absorbían todo y estaban compuestos por múltiples pueblos, religiones, culturas… con algún elemento de filiación mínimo les valía, no hacía falta homogeneizar a nadie. España, por cierto, ha sido en ese sentido históricamente más imperial que estatal, por eso existen nacionalismos dentro del país; a diferencia de, por ejemplo, Francia.

Uy, que me enredo. En resumen: un pueblo es un agregado humano que comparte una lengua, religión, historia, tradiciones, etc. que lo hacen uno y distinto de otros. Es, además, un sujeto histórico, a diferencia de una multitud. Sigue siendo algo muy muy ambiguo, porque se puede hablar, parece, del pueblo leonés, del pueblo español y del pueblo europeo. Pero no son comparables, son diferentes niveles de homogeneidad, de elementos compartidos. Un poco más claro esto de pueblo pero tampoco mucho, ¿no?

Ya que nos hemos metido en este berenjenal, vamos con su prima-hermana: la nación. ¿Es lo mismo? Pues no exactamente. Para algunos prácticamente sí, es su hermana mayor, y para otros no, no están emparentados. La diferencia fundamental es el carácter político del asunto. Una nación es un sujeto político, El Sujeto político si hablamos de Estados. Un pueblo no. Para algunos, una nación es (sólo) una comunidad política, sólo hace falta la voluntad de los sujetos de constituirse como tal para tener una nación. No hace falta homogeneidad ni cosas de esas. Es la concepción de ‘nación’ detrás de la Revolución Americana. Una nación es un conjunto de personas que deciden dejar de ser súbditos para convertirse en ciudadanos, formando un sujeto político autónomo. Fin del asunto.

Digamos que multitud es un poco como manada  y pueblo como rebaño

Pero luego vinieron los románticos a reventar el liberalismo y a construir la idea de nación tal y como la conocemos. Cogen la idea de nación como sujeto político y le meten todo el tema subjetivo-sentimental identitario politizando el concepto de ‘pueblo’. Cada pueblo es una comunidad política a la que le corresponde una nación. Es un combo de ente cultural, histórico y ético-político –a veces también étnico–  que da muchos problemas. Es decir, la nación es una comunidad cerrada cuya pertenencia se define sobre una base identitaria de elementos histórico-culturales; para ser ciudadano tienes que cumplir ciertos criterios, si no los cumples no puedes pertenecer a la nación.

La hostia de peligroso esto, eh. Muchos potenciales problemas de exclusión y discriminación al construir la comunidad política así. El concepto de pueblo es más fluido, menos monolítico. Uno puede sentirse parte de distintos pueblos, en diferentes escalas y con diferentes implicaciones, utilizando diferentes criterios para definir un pueblo u otro, sin que haya un conflicto identitario. Con lo de la nación esto no vale. Por norma general, uno no puede ser parte de dos o más naciones.

Las naciones las entiendo yo (y muchos otros, la idea es de Benedecit Anderson) como una comunidad política imaginada, limitada y excluyente. Y como tal, no existe más allá de la imaginación social. Una nación es, a fin de cuentas, lo que los nacionalistas dicen que es, lo que ellos definen como tal. Frente a pueblo, la identificación nacional es mucho más sentimental e irracional porque está ligada a la construcción de la propia identidad y encima tiene consecuencias políticas.

La cosa va un poco así: el pueblo adquiere conciencia de sí mismo como sujeto histórico-político, forma objetivos compartidos (lo de la voluntad única y tal) y se convierte en nación. ¡Tachán! ¡Magia! Para los de la LOGSE: una nación es un grupo de personas que se cree que forma una comunidad distinta de otras porque comparte elementos culturales/ lingüísticos/ religiosos/ históricos/ étnicos; tan distinta de otras que tiene un proyecto político propio y que para lograrlo tiene que constituirse en un ente soberano e independiente, es decir, un Estado.

¿Catalunya es un pueblo y/o una nación?

Es un pueblo, eso es difícil de discutir. Demasiado margen nos da ese concepto como para discutirlo. Lo de nación ya es más complicado. Depende de cuánta gente se lo crea, básicamente. Si hay suficiente gente que considera que no son sólo un pueblo, sino una nación porque tienen un proyecto político incompatible con el del resto de los españoles y que no se puede ser catalán y español a la vez, porque son cosas distintas e incompatibles, pues sí, son una nación. Una movida, esto de los constructos sociales.

Me vais a decir que qué es eso de creer, que no, que la nación existe de verdad al margen de lo que se crea o no. Que la historia, que la cultura, que… Mira, el pueblo catalán igual sí que se puede decir que existe al margen de creencias. Depende de cómo lo definas: los que hablan catalán, los que nacieron en Cataluña, los que viven en Cataluña… Pero la nación nace de la creencia compartida en su existencia. Si la gente no se lo cree, no existe. Para que aparezca una nación tiene que venir alguien que coja un puñado de elementos historico-lingüístico-culturales, construya un relato nacional con ellos, se lo venda a la gente y alguien se lo compre.

Recapitulando. Los pueblos pueden decidir cosas, está bien. Pueden decidir que se consideran nación. Pueden decidir que dentro de sí mismos hay otros pueblos y que esos pueblos quiere cada uno ser una nación diferente. El pueblo kurdo, por ejemplo, rema en esa dirección. Pueden decidir que no quieren ser una nación independiente, que su proyecto político es parte de otro compartido con otros pueblos porque juntos forman un pueblo más grande. Muchas opciones para decidir, no sólo dos camisetas.

Pero antes de que el pueblo decida cosas, alguien tiene que decidir quién es el pueblo. Tú si decides, tú no decides. Cuando ya hay una comunidad política autónoma que se identifica con el pueblo, está fácil. El pueblo español = los nacionales españoles. El Estado, guardián de la comunidad nacional, define esa nacionalidad y dice tú sí, tú no. Pero cuando hay problemas y el pueblo tiene que decidir sobre esas cosas, suele ser cuando el pueblo no forma una comunidad política independiente (un Estado). Dos escenarios posibles: el pueblo que quiere decidir cosas está dentro de un Estado con otros pueblos o forma parte de un pueblo más grande; el pueblo que quiere decidir cosas está esparcido por varios Estados. Puede venir otro desde arriba a decir quiénes forman el pueblo, desde el propio Estado o puede venir de dentro desde el propio pueblo.

¿Y cuál es el criterio que se usa para esto de «tú sí, tu no»?

Con pueblo depende. Depende de cómo se esté definiendo. Pero si hablamos de nación, invariablemente es la territorialidad. Que llevo evitando mentarla porque es otro marrón gordo. Como lo del pueblo como agregado humano con elementos históricos/lingüísticos/culturales comunes es un poco fluido y muy difícil de precisar y hacer un censo con él, se opta para definirlo o bien por la etnia o por la territorialidad. La comunidad imaginaria se asocia a un espacio físico y desde ese territorio se crea el relato nacional, tanto para interpretar la historia, como el presente como el futuro. Hay varias maneras para definir la pertenencia a un territorio y por ende al pueblo/nación asociado. Desde criterios tan laxos y variables como la residencia (que es el que se está usando en Cataluña), a otros invariables como el lugar de nacimiento o la territorialidad de los padres.

O sea que… ¿tanta hostia con la historia, la lengua, la cultura y demás y al final lo que más cuenta es en qué terruño tuvo a bien tu madre darte a luz? ¿O, menos trascendental incluso, dónde estás pagando el alquiler ahora?

Eso parece. Entonces… ¿la gente que vive en un territorio es un pueblo? Pues sí. O eso dice la Generalitat. Somos así. Las personas somos animalicos territoriales. Para evitar la fluidez de cultura, lengua, historia… las anclamos al trozo de tierra en el que existimos. En nuestra escala temporal, las montañas y los ríos no se mueven mucho, así que son una buena referencia. Los grupos humanos existen en el tiempo y en el espacio. Son nuestras dos principales variables para entender el mundo.

Si nación y territorio son un pack, ahora hay que decidir qué metro cuadrado es del territorio y cuál no, ¿no? Para luego poder decir tú sí, que eres de aquí y tú no, que eres de allí (nótense los referentes espaciales, que pasan tan desapercibidos a veces). Pero esto de la territorialidad de la comunidad imaginaria lo dejamos para otro día.

Vamos a pensar todos esos conceptos en contexto. El ahora. ¿Qué utilidad tienen unos criterios de definición de la comunidad política basados en la pertenencia a un territorio, a un grupo étnico, a una lengua, a una cultura… en un tiempo en el que las sociedades son cada vez más multiculturales y los flujos migratorios son cada vez más masivos? ¿Igual hay que empezar a aparcar lo de pueblo y desempolvar multitud? ¿Igual vamos a trabajar cada vez más con comunidades políticas que no están marcadas por una única voluntad? Todo sin olvidar que ante el ariete posmoderno y el derrumbe las identidades tradicionales se erigen fortines de identidades de resistencia, apuntalados con historia, tradición, religión y otros grandes pilares premodernos.

Os dejo con la pregunta del millón: ¿En base a qué podemos construir comunidades políticas funcionales en este tiempo?

 

 

PD: Próximamente: territorialidad e identidad.

 

 

Ana Ideia

 

El pueblo no está decidiendo cosas

Alguien tiene miedo. Varios alguien tienen miedo. Mucho, diría yo, a juzgar por el comando Piolín desplegado en Barcelona. Tienen miedo de que el pueblo opine. Tienen miedo de que el pueblo decida cosas. Da igual qué cosas. Totalmente igual. Es un pánico a la idea, al concepto, a la mera posibilidad de que la masa elija cosas de manera autónoma. No os confundáis, no es lo que está pasando en Cataluña. El pueblo no está decidiendo cosas. Está contestando a una pregunta (o intentándolo) muy simple sobre una cosa muy muy muy concreta. Pero bueno, es un principio. Es el hermano pequeño de eso otro a lo que le tienen tanto miedo. Es el primer carraspeo que anuncia una neumonía. Y los que tienen miedo están intubando al personal a la primera de cambio antes de que se ponga feo. Mejor prevenir que curar.

La masa decidiendo cosas es una idea que da pánico. Porque si los residentes en Cataluña pueden opinar si quieren una república o no…. ¿a santo de qué no van a poder hacerlo los residentes de Andalucía o de Cantabria?

«¡Oye –me diréis–  pero que el referéndum va de la independencia, no de la república!». No. No va de la independencia. Bueno, sí, la pregunta era esa. Pero no va de eso el asunto. En el fondo fondo no va de eso. En el fondo, va de una parte de la ciudadanía del Estado español, la parte actualmente empadronada en la Comunidad Autónoma de Cataluña, manifestando su opinión sobre qué forma de organización política quiere. Esto es muy loco. Pero mucho. Muchísimo. Es un cambio en las normas del juego.

Chris Mcgrath

Y los que tienen miedo están intubando al personal a la primera de cambio antes de que se ponga feo. Mejor prevenir que curar.

Si la ciudadanía puede, espontáneamente, redefinir (o por lo menos pronunciarse sobre) el modelo de organización política que quiere, ¿quién le impide hacerlo sobre otros ámbitos de la organización social? El pueblo es el titular de la soberanía, como dice nuestra querida Constitución –y otras muchas–, pero no la ejerce mucho. Siempre de manera guiada y canalizada. Todo esto del derecho a decidir, no es sino el pueblo reclamando el ejercer esa soberanía y definir las características de su organización como comunidad política como le venga en gana y cuando le venga en gana, no cuando los pastores del rebaño decidan dejarles escoger.

Los pastores tienen miedo de que las ovejas decidan ellas solas a dónde ir a pastar y dejen sin trabajo a los pastores. De momento, son sólo unas cuantas ovejas decidiendo si se van con otro pastor o no. Pero por algún lado había que empezar a tirar las estacas que forman el corral.

Ya sabéis

 

Si estirem tots ella caurà i molts de temps no pot durar, segur que tomba, tomba, tomba, ben corcada deu ser ja. Si jo l’estiro fort per aquí i tu l’estires fort per allà, segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar.

 

Foto de portada: Susana Vera (Reuters)

Ana Ideia

QUÉ DEMÓCRATAS NOS HAN VUELTO CUATRO AÑOS DEL PP

Qué demócratas nos han vuelto 4 años del PP, decía yo el otro día, cuando un amigo nos alentaba a todos en un grupo de guasap a votar, como respuesta al comentario de otra amiga que decía algo así como que lo mismo ni votaba en Junio. ¿Que queríais votar? Pues toma dos tazas.

Creo que el PP ha hecho más por la Democracia que cualquier otro partido. Ha conseguido que la gente vote. En su contra, si, pero que vote. Que vote porque como no está bien visto utilizar la violencia, o a lo mejor es verdad y todos somos muy demócratas, pues votamos.

Recuerdo el 15M. Lo recuerdo acampando, con la gente de mi barrio, con gente de todos los barrios, de todas las edades. Recuerdo y al respirar me vuelve las sensaciones que sentí en 2011. No había ni entrado en la carrera, era un pimpollo que estudió la selectividad en la Biblioteca 15M que había en Sol. Recuerdo que fue la primera vez que no me sentí una turista en el centro de Madrid, que sentí que la tierra era para el que la trabaja. Recuerdo que voté a PACMA en las elecciones generales de ese año. Recuerdo que no quería votar pero me sentía obligada, de alguna manera, a hacerlo para que no ganase, como pasó, el PP. Sin tener ni puta idea de macroeconomía, de crisis, de paro, de exilio forzoso, de medio ambiente, de decretos leyes ni mayorías absolutas, ya me olía yo que eso bueno no iba a ser

elmundo

Paz Vega y L´Oreal rehenes del 15M. Con lo jovencilla que era yo, todo me parecía como ir por primera vez al Parque de Atracciones. Foto

Para mí es más fácil tener claro lo que no quieres, que lo que quieres. Creo que a mi generación, nacida y educada en democraciaa pesar de bajo tropecientas leyes de educación que nos van a dejar gilipollas-, con abuelos proletarios y sociatas, padres antiheroína y antiviolencia, vidas fáciles, la han han enseñado a ser pacífica. El 15M, aparte de horizontalidad y transversalidad, era eso, un movimiento profundamente pacífico. Recuerdo las portadas amarillistas de esos tiempos, que seguro incluían a la ETA y Venezuela, no, porque no estaba de moda- ¿alguien se acuerda de cuando la actualidad en Venezuela empezó a ser más importante que la actualidad en España?-. Recuerdo que luego los medios, cuando ya estaban las tomateras plantadas en lugar de las petunias esas horrorosas y disfuncionales de las fuentes de Sol, empezaron a tratar el 15M de manera paternal y cariñosa, restándole importancia, diluyendo el contenido, trasmitiendo al resto de la población que no había pisado las plazas que éramos inofensivos y que no sabíamos lo que queríamos. Recuerdo a señoras que nos trajeron a Sol barras y barras de pan y comida de todo tipo, recuerdo barrer la plaza, recuerdo al Gobierno del PSOE intentando desalojarla. Porque nuestro Estado moderno y demócrata, utiliza la violencia. Cuando todos los mecanismos de controlmiedo, propaganda, discursos, fútbolfallan, hay que utilizar la violencia contra la disidencia. Siempre me sorprendió esa impunidad, ese derecho monopolizado, esa pasividad social ante el uso de la violencia, en una manifestación, por ejemplo. Si somos pacíficos ¿por qué ellos utilizan la violencia?. Si fuésemos violentos ¿utilizarían el pacifismo ellos contra nosotros?.

aawmadrid

Ponte a sembrar. Se me escapan las lagrimillas nostálgicas, pero que sepáis que la nostalgia es reaccionaria.  Foto

Por lo visto, el pasado Diciembre, tocaba movilizarse de tu casa al colegio electoral para meter un papel en una urna y conseguir que el PP nacional volviese a su madriguera. Después de 4 años en Neptuno, en la Castellana, en Sol, en Gran Vía, después de 4 años de estar movilizados, después de 4 años de la PAH, de 4 años de trabajo en colectivos, tocaba votar para silenciar a esa mayoría silenciosa que dice el PP. Ahí me llegó el problema. Porque no quería votar, pero me sentía culpable de no votar. Ademas sentía que eso no solo me estaba pasando a mí, y eso me preocupaba más. Pensaba en las monjas metiendo votos a puntapala de todos los enfermos de las residencias, pensaba en los sorianos, seres excepcionales cuyos votos valen como 5 míos, pensaba en abuelas y abuelos acojonados por si iban a  venir los comunistas y a la guerrita otra vez, pensaba en un desgraciado fardando en twitter al que su padre le había dado 20 euros por votar al PP, y me ponía enferma no votar.

democraciarealsoria

Aún hay esperanza en Soria (que no quiero ofender a los sorianos). Foto

Me sentía culpable porque a pesar de no ser ni de lejos demócrata, sentía que había muchas personas en este país que necesitaban que no ganase el PP. Que el medio ambiente y nuestra tierra necesitaba que no ganase el PP. Qué coño, que hasta nuestra Hacienda necesitaba que no ganase el PP. Que mis amigos y familiares en el extranjero, necesitaban que no ganase el PP. Y voté. Con vergüenza, voté. Qué ridícula debe ser nuestra democracia si hay gente a la que le avergüenza votar.

Hay gente que piensa que no tenemos más armas que el voto, y hay otra gente que piensa que el voto no es ningún arma. Yo, con vergüenza, votaré en las próximas elecciones, no por superioridad moral de la izquierda, como afirma Marhuenda, sino por todas esas personas que necesitan que no gane el PP.

 

Foto de portada: Fotogalería Público

LEYES Y LEYENDAS DE LOS INCENDIOS FORESTALES EN ESPAÑA

El tratamiento informativo del medio ambiente es de sobra conocido por todo aquel que se dedique a él; priman las noticias sensacionalistas, los titulares estridentes (¿Quién no recuerda las “ciclogénesis explosivas”) y en general poco rigor y menos contraste, junto con afirmaciones tendenciosas y un uso abusivo de causalismos con base científica escasa. Los incendios, más que no ser la excepción, son la regla; verano tras verano asistimos al despliegue mediático de hectáreas quemadas, fragas calcinadas, y comarcas ardiendo sin que en apariencia puedan frenarse estos desastres y fueran tan típicamente veraniegos como la sangría y los guiris en plena okupación costera.

Grandes y Pequeños medios de comunicación se suman a este infierno vomitando datos inconexos y carentes de contexto que no hacen sino confundir aún más al lector-espectador y cargarle de ideas equivocadas que reafirmen sus propias convicciones; que los incendios son cosa del verano y que si no hiciésemos barbacoas en el campo y se persiguiese la piromanía esto no pasaría.


Mientras que las consecuencias de los incendios son más conocidas -y menos tratadas, todo hay que decirlo-, las causas se están convirtiendo en estos últimos años cambio-climatescos en commonplace de todo hijo de vecino. Peligrosa mezcla la falta de información y la autocomplacencia de la sociedad, que opina que lo ha entendido y que poco se puede hacer ya por los montes en este país. En este artículo voy a comentar, criticando de paso el post ” Manipulaciones, incendios y recalificaciones (aquí) , algunas de las medias verdades y enteras distorsiones que circulan por mi entorno y por los medios, sobre todo cuando nos encontramos en ese punto en el que los medios que se suman al ataque contra el gobierno-antes de que no tuviésemos gobierno- tienen en su mano la chapucera nueva ley de Montes y el Norte se está quemando en Diciembre.  He elegido el artículo del blog anterior como base para éste porque defiende gran parte de la argumentación que circula en los ámbitos medianamente informados sobre incendios, y porque en otros medios ciertamente ni se mencionan correctamente estadísticas e información del Ministerio de Medio Ambiente, ni opiniones técnicas.

Comencemos por los incendios en Invierno ¿casualidad, cambio climático, empresaurios ávidos de terreno a recalificar?

Que el monte se queme en Invierno en el Norte no es tan raro; a nivel nacional, la distribución anual de conatos e incendios presenta un máximo estival y un máximo relativo en Invierno, es decir, la tendencia temporal demuestra que el Invierno es la segunda estación en número de conatos e incendios después del verano. A diferencia de lo que se pudiera pensar, en Invierno se superponen varias causas que aumentan la probabilidad de incendio en ciertas regiones.

La diferencia de el año 2015 con los anteriores es que los incendios en Invierno suelen producirse en Febrero-Marzo, mientras que en este año pasado los incendios de Bizkaia, Cantabria y Galicia, han tenido lugar en un mes de Diciembre. Por otro lado, y no estoy aquí descubriendo América, este Diciembre ha sido excepcionalmente seco en toda la Península; esto, junto con viento del sur (es decir, seco) es caldo de cultivo para que se incendien masas forestales sin limpiar (y otros intereses). Controlar esto está fuera de nuestro alcance, además de no ser ni de lejos la causa principal. Por lo tanto, culpar a la meteorología es estar muy fuera de la realidad.

A diferencia de lo que se pudiera pensar, en Invierno se superponen varias causas que aumentan la probabilidad de incendio en ciertos territorios.

Las estadísticas que pone a nuestra disposición el MAGRAMA muestran, tomando datos del último decenio 2001-2012, último informe publicado, que los incendios intencionados son los más numerosos, representando más de la mitad del total y el 60 % de la superficie afectada.” Este porcentaje es del 80 % sobre el total de siniestros”, mientras que al consultar “tipo de causa” la “cierta” solo llega al 18% y la “supuesta” es el 80 %. El MAGRAMA agrupa las causas de incendios en función del origen, resultando en las categorías de rayos, negligencias-accidentes, incendio reproducido, causa desconocida e intencionados.

Los incendios intencionados son los más numerosos, representando más de la mitad del total y el 60 % de la superficie afectada

Hay que señalar que determinar la causa de un incendio es complicado, y que la clasificación de causa como “supuesta” implica que o no se ha realizado la investigación que procede o sólo se puede determinar la causa más probable, mientras que “cierta” implica que el resultado de la investigación ha determinado una causa precisa, por lo que razonablemente puede desconfiarse de esa estimación de “supuesta” -aunque personalmente no me parece tan sobreestimada, ya que casi el 20% alcanzan la categoría de “cierta”-. Estos datos a los que me refiero son respecto a incendios intencionados, no al total de causados por el hombre, ya que esta última categoría engloba también las negligencias, con lo cual, es relevante que en este país la intencionalidad y la negligencia sean la mayor causa de incendio y la que cubre mayor superficie afectada, y no, como racionalmente se podría pensar, en ambiente mediterráneo, fuera el clima. Esta causalidad también tiene  un carácter regional, ya que mientras en el centro sur peninsular el desencadenante principal es la negligencia, en el Norte éste es la intencionalidad ¿y qué interés tienen en el Norte para que se queme un bosque o una zona de matorral? Pues aquí hay que recurrir al análisis socioeconómico de las causas:

El presidente de la asociación que agrupa al centenar de agentes forestales de Cantabria, José Antonio García (ahí), ha afirmado hace poco que “Se acabaría con los incendios si se hicieran los cambios adecuados en la gestión de las ayudas de la PAC (Política Agrícola Común). Europa subvenciona cada hectárea de pasto y el dinero se lo reparten los ganaderos según el número de cabezas que tengan, pero un terreno con matorral, piedras o arbolado no recibe un euro de la PAC. Así que algunos ganaderos prenden fuego al monte para conseguir pastos, pero sobre todo subvenciones.

Cuando se quema un terreno solo se deniega la ayuda de la PAC durante un año. Lo que se quema, además, es siempre de titularidad pública (de uso comunal), porque son los terrenos con más hectáreas y porque, si un ganadero quema sin autorización un terreno de su propiedad, se convierte en sospechoso inmediatamente. El terreno público, como beneficia a todos, lo puede haber quemado cualquiera.”

Esto puede considerarse como cierto, ya que mientras que casi el 70 % de los montes arbolados y desarbolados en España es de titularidad privada, las superficies afectadas son principalmente públicas (vecinales, catalogados…). Ahí tenemos la primera causa; las siguientes, y relacionadas además con el máximo relativo de incendios en Invierno, son la quema agrícola (primera causa de negligencia y de intencionalidad) y la quema ganadera para apertura de pastos. Ambas prácticas son usos tradicionales del fuego en la península y convierten a las masas arboladas y de matorral en un estorbo que impide en principio a ganaderos y agricultores hacer lo que creen que tienen que hacer para ganarse el pan. Esto aparte de correlación temporal tiene correlación espacial; el noroeste peninsular es la zona donde mayor superficie afectada se ha registrado entre 2001-2012, con grandes diferencias respecto a las otras zonas mediterráneas, otra vez lejos de lo que en principio cabría pensar.

cañeteEl ex-ministro del MAGRAMA Miguel Arias Cañete, que recomendaba comer yogures caducados y a veces hacía leyes. Multimillonario y Comisario Europeo del Clima y la Energía, aún con corbata y a pesar de todo, sigue teniendo cara de agricultor. Foto

Ahora pasemos a la carnaza de la cuestión ¿es o no es irresponsable la nueva ley de Montes? Esta última y tendenciosa modificación la firma el PP, y ahora vamos a hablar de cómo defenderla y cómo nos podemos equivocar al intentar contradecirla. Para ello voy a tomar como ejemplo los argumentos que ofrece el artículo que he mencionado arriba.

“Que 2012 fuera el año con más incendios de los últimos 10, ¿también era por el cambio de ley?”

Probablemente se debe a que el último informe publicado por el MAGRAMA (este) que recoge los incendios y la situación a nivel estatal, con la comparativa histórica y causal es del 2012 y ahora estemos con “avances informativos” hasta el 2014 (estos), por lo tanto no se está en condiciones ni de juzgar, partiendo de ese informe, lo que ha supuesto esta ley, ya que no hay información comparable, ni de lo que estaría quemándose si no estuviera vigente. Simplemente porque no es un escenario comprobable.

La dinámica de incendios está influida principalmente por el clima y la mano del hombre. Dentro del quinquenio más cálido desde que se registra la temperatura, es lógico pensar que el factor clima va a ser determinante en que se propicie un fuego; ese factor en estos últimos años, unido a factores humanos, supone que la probabilidad de incendio aumente y que un territorio previamente vulnerable de manera natural, pueda acabar incendiado cuando clima y ser humano van de la mano. Por lo tanto, una ley que ampare y propicie otra motivación -no carente de sentido- que pueda tener un ser humano para quemar algo -por ejemplo, urbanizarlo- es ante todo e independientemente de la estadística una irresponsabilidad por parte de la administración y una estupidez peligrosa (sobre todo porque anteriormente no se iba a producir un incendio para urbanizar algo porque no se permitía recalificarlo, ese porcentaje ronda el 0,4%).

Por lo tanto, una ley que ampare y propicie otra motivación que pueda tener un ser humano para quemar algo es ante todo e independientemente de la estadística una irresponsabilidad por parte de la administración y una estupidez peligrosa

Estamos hablando por lo tanto, del principio de precaución, por el que una administración, aún careciendo de total certidumbre científica o estadística, actúa de acuerdo al peor escenario posible para prevenir sus consecuencias (más o menos todo lo contrario a permitir una recalificación sobre terreno quemado).

“Por otra parte, la publicación de la nueva Ley de Montes y las posibles recalificaciones, no sirven para nada porque las diferentes comunidades autónomas deben de desarrollar su propia normativa autonómica”

Esto alude principalmente a la falta de conocimiento legal suficiente del autor; aunque una Comunidad autónoma desarrolle su normativa propia, esta estará sujeta al principio de jerarquía jurídica; es decir, la normativa estatal prevalecerá sobre la autonómica y esta última en ningún caso podrá contradecir a la nacional. Por lo tanto una ley nacional SÍ SIRVE PARA ALGO (sobre todo si la aprueba un gobierno cuyo partido domina en la mayor parte de las comunidades autónomas). Además, en el caso de que la comunidad autónoma no desarrolle su propia ley, quedará vigente la nacional.

“Sólo se permite la posible recalificación en aquellos casos de carácter excepcional en la que concurran razones de interés público de primer orden y la recalificación de la zona quemada tiene ser previa al incendio”

Hay que enterarse YA de que “razones imperiosas de interés público de primer orden” es un concepto que vale y significa tanto como “indemnización en diferido” “línea de crédito desde Europa” y “y lo segundo ya tal” ; pensemos por un momento que estuviera definido razón imperiosa de interés público de primer orden ; eso significaría que así sí estaría acotado el margen de actuación y que existiría un listado de razones y motivaciones recogido que permitiera guiar o no un proyecto en función de ellas; pues bien, no está definido. ¿Esto qué significa? Pues en la práctica -ya que teóricamente este concepto es inexistente a pesar de aparecer en toda ley ambiental-, que el gobierno local/autonómico/estatal tiene potestad para definir una razón imperiosa (como puede ser desde hacer pasar el ave por Doñana a revitalizar un municipio con unas urbanizaciones a pie de monte), que el gobierno local/autonómico/estatal se hace con la bandera de decidir qué es o qué no es interés público (un centro comercial puede ser interés público, un museo del vino que arruine al municipio también, una autopista de peaje, un aeropuerto en Ciudad Real…). Por lo tanto, esa definición vaga de exclusión de ciertas recalificaciones es inexistente y abiertamente falsa, y solo conduce a una arbitrariedad que dependerá del dedazo de la administración en llevarse a cabo o no. Muy tranquilizador ¿verdad? Pues así de seguro queda el medio cuando a cada artículo proteccionista se le termina con esta coletilla que anula la ley. Cabría preguntarse cómo puede seguir usándose este kilométrico término cuando no se define en ningún lado, pero bueno it´s magic todo esto.

El artículo 63 de la ley de Montes es el que ha generado el problema. Se va a resumir aquí por no incluirlo entero, que me está quedando muy largo el post:
Queda prohibido el cambio de uso forestal en 30 años (…) SALVO QUE CON ANTERIORIDAD AL INCENDIO EL CAMBIO DE USO LO PREVIERA:

  1. “Un instrumento de planeamiento previamente aprobado”.

Este punto se refiere a los PGOU (Plan General de Ordenación Urbana), que, si no me equivoco, se pueden aprobar y redactar previo a un incendio intencionado -tenemos caso de PGOU vergonzosos y caciquiles en Valencia, tierra de paciencia y corrupción, donde se repartían los terrenos entre amigos y constructores como si fuera la tómbola-. Por lo tanto, la consecución puede no ser INCENDIO < RECALIFICACIÓN, sino mejor dicho: RECALIFICACIÓN < INCENDIO.

  1. b) “Un instrumento de planeamiento pendiente de aprobación, si ya hubiera sido objeto de evaluación ambiental favorable o, de no ser esta exigible, si ya hubiera sido sometido al trámite de información pública”. Esto viene a decir que un PGOU que no haya entrado en vigor ni haya sido aprobado, también vale para promover el cambio de uso.
  2. c) “Una directriz de política agroforestal que contemple el uso agrario o ganadero extensivo de montes no arbolados en estado de abandono.”

Me pregunto aquí -tengo dudas- si un bosque quemado puede considerarse en estado de abandono para que sirvan de pasto o si un matorral con uso forestal pero sin oficio ni beneficio contante y sonante está en estado de abandono. Una vez más, en la ley no se define el concepto de estado de abandono, así que supongo que calificarlo como tal recaerá de nuevo en el dedazo administrativo. Esto me suena a permitir y fomentar un cambio de uso junto con una concesión a los ganaderos, pero no lo termino de tener claro (es difícil pedir más claridad a la neolengua creativa legal). En cualquier caso este apartado parece peligroso y animo a estudiosos de la lengua y la legislación a concretarlo y traducirlo para que el resto de mortales podamos dejar de preocuparnos y respirar aliviados.

He de confesar que una rápida búsqueda en google me ha llevado a distintas noticias (todas galegas) relacionadas con el estado de abandono de montes de propiedad vecinal (comunales), categoría por cierto muy minoritaria en la actualidad,  en las que la falta de aprovechamiento se considera como estado de abandono, esto parece referirse a la falta de aprovechamiento maderero -lo cual no aplica para un monte con cubierta de matorral- o puramente referido a usos extractivos o recreativos. Lo único que he podido averiguar (leyendo el código de la administración galega) es que estado de abandono de monte vecinal lo decide la Xunta por razones de utilidad pública o interés general- ya estamos, da miedo. Otra vez dedazo- y será en función de “grave deterioro ecológico, no fuera explotado de acuerdo a sus recursos o sufra una extracción abusiva de los mismos”. Con esto podemos afirmar que todo monte vecinal no explotado sosteniblemente está en estado de abandono y por tanto le aplica este artículo.

¿Qué hemos aprendido? Que en cuestiones de medio ambiente el dedazo administrativo es juez y parte y que solo existe definición de estado de abandono para monte vecinal galego (estoy deseando que alguien contradiga esto).

En cualquier caso y volviendo a la Ley de Montes, se indica que si se decide cambiar de uso el monte, “deberán llevarse a cabo medidas compensatorias que permitan recuperar una superficie forestal igual a la quemada”

 Esto de medidas compensatorias está definido en otras leyes (como la 42/2007 del 13 de Diciembre de Patrimonio Natural y Biodiversidad) y viene un poco a decir que puedes hacerlo pero que no te cantees y arregles otra cosa en otro lado para no quedar fatal delante de tus hijas y nietas. En este caso, sería por ejemplo reforestar otro terreno de tamaño equivalente -en principio y en teoría-. De nuevo, la compensación se contempla con carácter excepcional; es decir, cuando inevitablemente no puede no llevarse a cabo el proyecto. Es decir, cuando la Administración y su visión hegemónica dicte que no hay opciones, deberá compensarse con una actuación que no restaure, ni minimice ni amortigüe el daño que ha causado el proyecto, sino que en una balanza imaginaria mejore las condiciones de otro lugar equivalente (mirar esto). Esto es un poco como que los bancos destinen fondos a causas sociales o que antes se pudiera pagar para poder comer carne en Cuaresma; a fin de cuentas, es estar en misa y repicando.

Estas medidas forman parte de la legislación sobre el medio; bajo un afán aparentemente proteccionista, y haciendo creer que no queda impune el daño cometido, se recogen estas excepciones y “castigos” o “precios a pagar” por hacer el daño igualmente. Conclusión, que si te emperras, haces  que el ave pase por Doñana.

El post sigue diciendo “pero las medidas compensatorias harían inviable cualquier medida urbanística”

En la realidad paralela de los que se han creído la legislación podría ser medio cierto; pero no es el caso; las medidas compensatorias no son una buena manera de evitar un proyecto o cualquier otra iniciativa, porque pocas veces en la historia -corta- de la protección jurídica del medio ambiente se han llevado a cabo de manera proporcional. Con proporcional me refiero a que es difícil y diría que imposible compensar un daño ambiental por un bien ambiental, ya que no se trata de restaurar ese daño, sino de compensar. Este tipo de concepto es poco efectivo y lleva normalmente a chapucillas, cuando lleva, ya que la compensación nunca va a recuperar lo perdido (mirar esto).

     jaramaEsto que tenéis aquí es el resultado de una millonaria medida compensatoria que AENA tuvo que financiar cuando amplió Barajas a costa de desviar el curso del Jarama. Por cierto, la medida era una repoblación, no de hierbajos, claro. Por lo visto, que parezca un descampao ya no es culpa de AENA. Foto: Santi Burgos

Cuando digo “cuando lleva” me refiero a que me creo poco lo de la proporcionalidad, y que se me ocurre, no sé invertir unos cuantos millones en un plazo de X años en medidas de mejora en un parque natural, es como dar limosnillas a la sociedad por lo que le has robado. Si se aplica estrictamente la actualización económica del valor ambiental perdido, pocos proyectos de afección intensa serían viables, ya que el coste presente y futuro supera con creces lo que alguien estaría dispuesto a pagar (esto refiere a determinar cuánto vale y valdrá ese monte perdido en todas las funciones sociales, de regulación y de protección de la biodiversidad que cumple y habría cumplido en el caso de no haberse destruido). En resumen, un follón que además de complicado de determinar es y será muy discutible económica, ambiental y subjetivamente hablando. A nivel judicial no se aplican estrictamente estos costes debido a las anteriores razones y por imposibilidad de que la persona acusada física o jurídica los asuma. Invito a leerse la sentencia pionera del caso “Exxon” en relación al accidente del Exxon Valdez y a los pagos a los que tiene que hacer frente la compañía en concepto de daños punitivos y compensatorios; ¿es suficiente pasta la que se ha soltado por el daño cometido?. Nunca lo sabremos ni cobraremos.

En cualquier caso, no tengo datos de que los condicionantes o contraprestaciones ambientales de un proyecto hayan frenado el avance de éste por motivos puramente económicos.

“Como bien recuerdan en el Aula de Silvicultura entre 2001 y 2012, únicamente el 0.34% de los incendios tuvo relación con la recalificación y la construcción”

El mismo que negaba los datos de 2012 por ser previos a la ley, acude aquí a los datos de 2012 para argumentar la ley. Repito, no son datos comparables cuando no existía motivación amparada por la ley.

“Desde @greenpeace_esp afirmamos rotundamente: NO hay relación entre los incendios #iiff de este verano y la Ley de Montes recién aprobada. Miguel Ángel Soto (@NanquiSoto) agosto 10, 2015″

De nuevo; la ley aprobada en verano no entraba en vigor hasta Octubre de 2015, por tanto este tuit repite una obviedad (válida hasta que entró en vigor).


Animo desde aquí al MAGRAMA a que comience a estudiar la repercusión del cambio de ley en relación a los porcentajes de causa de incendio, para verificar si está repercutiendo que se ampare un incendio posterior a un cambio de uso. Animo a los medios de comunicación a que se centren en las causas detrás de los incendios; la intencionalidad es compleja y no exclusivamente se concentra en la piromanía.

Eliminar las motivaciones principales ganaderas y agrícolas a las quemas, como pueden ser las mencionadas anteriormente, conduciría a una minimización de conatos e incendios en España. Ir a la raíz de los incendios es invertir en la prevención y limpieza de montes, el típico eslogan de “los incendios se apagan en Invierno”. Estas dos estrategias son las principales en lo que debería ser la lucha contra incendios, para no asistir año tras año impotentes a la destrucción de nuestro patrimonio natural.

Es una pena como de un lado y otro se sigue la lucha encarnizada contra falsos enemigos mientras tenemos a nuestro alcance la ley y somos incapaces de interpretarla, o directamente no nos interesa, porque buscamos sólo reafirmar nuestro prejuicio o convicción religiosa previa en la información que leemos o porque directamente no se nos ocurre crearnos una opinión recurriendo a la ley. También vale decir que el que hace la ley hace la trampa.

Para gestionar ya están los políticos y para pensar ya están los periodistas. Y nosotros, teleespectando.