¿QUÈ VOS PASSA VALENCIANS?

¿Qué está pasando en Valencia? Estamos viviendo una Nova Renaixença y nadie parece darse cuenta.  Josep Vicent Frechina, musicólogo, es el único que se ha dedicado a registrar la producción musical en valenciano, y ofrece unos datos asombrosos: en 1991 se publicaron 17 discos en valenciano; en 2014 la cifra se había disparado a 108.  Y, a pesar de lo que afirmaba el cantante de Love of Lesbian, al preguntarle por qué no cantaba en catalán y se había decantado por el castellano, parece que la música en valencià tiene tirón no solo en Valencia, sino fuera de sus fronteras e incluso fuera de las de España.

Durante los últimos años de la Dictadura, cuando se empezaba a relajar un poco la cosa y por lo menos se podían dar espectáculos en otra lengua distinta al castellano, cantautores como Raimon, de tinte proleta y fusteriano, empiezan a dar conciertos, en apariencia minoritarios e inofensivos, o así lo pensó Fraga. Más cívicos que metafísicos, estos cantautores se movieron tanto por Catalunya como por Valencia, y la expresión valenciana quedó diluida en la Nova Cançó, en lo que digamos podría llamarse sumisión cultural más que pancatalanismo. Raimón incluso recibió la Medalla de Oro de la Generalitat catalana y la del Ajuntament de Barcelona. Paralelo a la Nova Cançó surgieron en otras regiones movimientos artísticos similares-Euskal Kantagintza Berria en Euskadi- como era de esperar tras cuarenta años de centralismo y opresión cultural ¿Pero qué tienen de diferente estos movimientos?.

Lo de integrar el movimiento valenciano dentro del catalán tampoco era nuevo, sino que venía arrastrándose ya desde dos siglos atrás. Durante la primera república española, se sucedieron en Alcoy y Valencia insurrecciones cantonalistas, que junto a otras regiones llevaron a enfrentamientos con el Gobierno Central. La Renaixença tardía valenciana, que, como la catalana, defendía la lengua propia como vehicular y el autogobierno, la creación en valenciano, no solo el tratamiento literario, musical o teatral de temas folklóricos en castellano, creció a partir del cuerpo teórico valencianista de Faustí Barberà a principios del s. XX y la sociedad Lo Rat Penat (1878), -en estos tiempos enfrentada con la Acadèmia Valenciana de la Llenguaapolítica y conservadora que comenzó defendiendo una misma lengua catalana-valenciana. Ahí empezó a moverse la normalización del valenciano como lengua. Ver más aquí

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Hablando por ahí me he dado cuenta de que muchos argumentan que los movimientos nacionalistas se los inventaron los burgueses estratégicamente para dejar de pagar impuestos y guardarse sus dineros. Es curioso también que en España se entiendan movimientos como el Rexurdimento galego o la Renaixença como copias del movimiento romántico alemán. En cualquier caso, en un principio la burguesía y aristocracia española rechazaba las lenguas distintas al castellano por ser de pobres y de pueblo. Puede decirse también que sumaran fuerzas al carro apropiándose de los movimientos por intereses económicos y reforzándolos, o simplemente porque en esa época todo tenía tintes románticos y molaba. Durante la Segunda República, sin embargo, los partidos  mayoritarios valencianistas Esquerra Valenciana y Partit Valencianista d´Esquerra– muy del rollo Frente Judaico Popular y Frente Popular de Judea- obtuvieron una alta representación. Al ser tardío este movimiento respecto al vasco y catalán, durante la Dictadura cayó bastante más en el olvido al no estar tan consolidado.

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Algunas valencianas y valencianos en la actualidad, de los que hablaré más tarde. Foto

Joan Fuster, en los 60, desarrolló un nuevo cuerpo teórico valencianista y de izquierdas, el nou valencianisme, que derivó en pancatalanismo, al no entender Valencia como nación política. Este hombre y su teoría influyó tanto en la derecha como en la izquierda nacionalista del momento. Estas fuerzas se diluyeron mayoritariamente en el PSOE y la UCD, quedando un núcleo terco, la Unitat del Poble Valencià (UPV), que no se comía un rosco en los años 80 y 90.

Ahí nace la tercera vía o los revisionistas, que se dividían entre un nuevo pancatalanismo y el bablerisme (de derechas y anticatalanista). UPV se refundó en el BLOC, integrado en Compromís, actualmente en la alcaldía de Valencia y la vicepresidencia del Govern. Concluimos que, como en todas las regiones con movimientos de autogobierno, existieron tanto corrientes izquierdosas como derechosas, que alguien desarrolló un cuerpo teórico con base folklórica y popular, y que no se inventaron la lengua, como piensan muchos, sino que la reivindicaron como el tejido conectivo en la región, y sobre la que se desarrolló el movimiento artístico cultural que acompañaba al político.

Y llegamos al presente, o por lo menos nos remontamos a los últimos 30 años. Tras el auge cantautor setentero, esta corriente ya moribunda dejó el ambiente cultural valenciano desértico.

En los ochenta comienza a nacer un rock con dolzaina, que reivindicaba al hortelano y al obrero valenciano, que volvía a defender que la cultura no es el castellano y lo analfabeto es el valenciano, una vez más, dos siglos después. Obrint pas sería el referente inicial de este movimiento, la primera generación educada con la LUEV socialista. Porque si sientes en valenciano ¿cómo vas a componer en castellano?. Mucha gente se queja de que la música en valenciano solo son consignas indepes y rojeras, aunque, como añade Pau Alabajos Si nos quejamos es porque hay motivos para protestar, a veces me dicen que no es normal que la música en valenciano hable tanto de política. A mí lo que no me parece normal es que pongas los 40 Principales y no se hable de nada más que de “me has dejado”, “cuánto te quiero” o “qué bien me lo estoy pasando en verano”.

Los sucesivos gobiernos del PP, no solo no han promovido sino que han boikoteado este movimiento. También cabe decir que nadie pensaba que estuvieran ahí para impulsar la cultura, que ya hicieron bastante con la Ciutat de les Arts i les Ciències. Esta música, que en un principio era rock y se movía de festival en festival, casi como una anécdota, por los Països Catalans, ha alcanzado una potencia internacional y no se ha quedado ahí. Amàlia Garrigós fue trabajadora en RTVV y una de las pocas que defendía la cultura valenciana en un terreno claramente hostil. Confiesa que se aplicaba censura real en el ente público cuando se apostaba por la música en valenciano, desde sugerirle una música más comercial a llamarla directamente para que no fuera a la radio Obrint Pas.

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Desde aquellos militantes de la lengua, la música en valenciano ha vivido una verdadera explosión artística, que ya no se queda exclusivamente en el rock y que en ningún caso puede categorizarse dentro de un estilo musical. No soy crítica musical ni de lejos, pero puedo afirmar que de toda la música en valenciano que he escuchado, solo puede decirse que no se le está prestando suficiente atención, no tanto ya a nivel reivindicativo, sino a todos los niveles. Esta Nova Renaixença ha evolucionado en su conjunto y por separado, grupo a grupo, disco a disco.

Femelles falleres parlant castellà. La llengua, xafada, arrasada, venuda. Paraula a paraula amagada. Sospir a sospir defensada com si fóra un tros (…)

Desde el ska-rock-punk-folk de la Gossa Sorda hasta el electro-tropical-dub-D&B de letras futuristas de Orxata Sound System, con contenido crítico, escéptico, a veces folklórico, pasando por el rap electrónico de ZOO y a los inclasificables Aspencat o VaDeBo, no puede decirse que la música en valenciano sea homogénea o comercial y que no esté en pleno apogeo. Existe entre los grupos un flujo constante de paso de miembros de uno a otro, lo que provoca cada vez más originalidad y potencia este movimiento.

Muchos creen que tienen éxito al cruzar sus fronteras, teniendo en Valencia una-relativamente– menor acogida que en el resto del territorio. En cualquier caso, si os queréis empapar de grupazos valencianos no os podéis perder festivales como el Esperanzah!, el Festivern o el Biorritmes, aunque a muchos los podéis ver en cualquier otro festival fuera del Levante. Estos grupos me han llevado a l´Horta, me han llevado a campos de Tarongers y a los carrers de plata de Valencia. Estos grupos son para mí el Mediterráneo, son para mí mi abuelo y una tierra en la que no he nacido pero con la que comparto mucho más que una bandera.

Por: RAF Tomaten

Foto de portada: Espai d´indumentaria

JAZZ Y FLAMENCO VAN DE LA MANO DE ANTONIO LIZANA

Madrid. Barrio de Justicia, Centro

Era viernes por la tarde. Se olía en el ambiente la alegría del fin de semana; puede que las fiestas del Dos de Mayo tuvieran algo que ver. Precisamente, Chueca parecía más alegre de lo normal. En nuestras manos tuvimos el gustazo de entrevistar, a través de Kampussia y dentro del marco del Festimad (XXII edición), a Antonio Lizana.

Nacido en San Fernando (Cádiz, 1984), de manos de este hombre y sus músicos surge un matrimonio bastante curioso entre el flamenco y el jazz, con un cante que se descontextualiza y se imprime sobre bases más jazzísticas o contemporáneas, pero también un saxo cuyo ritmo se escurre hacia esquemas más tradicionales.

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La pasión por la música tiene su punto de partida en la colección de vinilos de su padre, apalancados durante muchos años, antes de que Antonio les pusiera las manos encima: “Era música de los 60’s, 70’s: Deep Purple, Led Zeppelin, King Crimson, y así. Con 8 años, me volví loco escuchando todo esto; ‘Smoke on the Water’ marcó el antes y el después”.

El recorrido de la academia a los escenarios fue inmediato, casi paralelo: partiendo del conservatorio de San Fernando a los 10 años, con 13 se unió a un grupo de versiones de Dire Straits, y ya a los 14 empezó a tocar con una academia de baile. “Ahí fue realmente cuando se disparó la cosa, hacía muchas actuaciones según la época”.

Esas influencias iniciales han ido cambiando con los años. A los 14, abandonó el rock y entró de lleno en el flamenco: Jorge Pardo, el Sexteto de Paco de Lucía y, como mayor pilar, Camarón de la Isla. De ahí, saltó a sus estudios de jazz, donde la influencia del saxofonista norteamericano Kenny Garrett fue troncal, y desde entonces, ha convertido el jazz y el flamenco en sus raíces principales, mezclándolas también con influencias latinas (samba, reggae, bossa nova) y orientales (persa, árabe).

IMG_3636'1Sobre casar esas dos raíces principales, aparentemente dispares, cuenta que se da de una manera natural. “Yo me crié en un sitio donde el flamenco era la música popular, pero como yo tocaba el saxo en grupos de flamenco, quería improvisar jazz sin soltar mis raíces. Total, que me he hecho un traje a medida”. Aunque sus andanzas las componen dos discos oficiales a su nombre, De viento (2011) y Quimeras al mar (2015), su lista de colaboraciones es bastante amplia, y sus galardones unos cuantos, contando incluso con un Grammy al Mejor Álbum de Jazz Latino por su trabajo junto a Arturo O’Farrill y la Afro Latin Jazz Orchestra (The Offense of the Drum, 2015).

Ésta última es su experiencia más llamativa, e incluso estuvo a punto de irse a vivir a Nueva York por lo bien que le trataron.

“No te imaginas los círculos de jazz, la cantidad de músicos, los mejores del mundo y de casi todos los estilos musicales… Pero muy pocos de flamenco. Los buenos, como no tienen necesidad, no se van a ningún lado”

Para él, el flamenco nace en un ambiente muy concreto, en gente muy apegada a sus raíces; es un idioma, igual que el jazz, y una vez se le coge el gusto, no se suelta. Pero plantar semillas y empezar de cero en otro lugar no es lo suyo, así que prefirió dedicarse a seguir cultivando el trabajo de estos últimos años en España, aunque no descarta ese sueño para vivirlo una temporada.

Ahora, al momento de subirse al escenario, dentro o fuera de su tierra, nunca se siente nervioso: “Existe un punto de responsabilidad, porque la gente ha pagado por venir a verte y escucharte, pero es sólo eso. El objetivo es disfrutar tú mismo, y hacer que la gente lo disfrute aún más, que eso da mucha más energía”.

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En todas sus presentaciones, el perfil del público depende de muchas cosas. Si hablamos del ámbito de clubes y festivales de jazz, estamos ante una media de entre 40 y 50 años. “Pero tocamos en todo tipo de eventos, y encontramos todo tipo de gente, que al fin y al cabo, la música es para todos”. Entre risas y un trago a su caña, su división de público está entre “educados” y “maleducados”, aquellos que contribuyen a noches magníficas y los que rompen la magia dando voces y robando protagonismo.

El músico afirma que el grueso de estos públicos para los que toca, suelen ser bastante “culturetas”. Sin embargo, al ser una música de creación, cuenta que la gente recibe con mucho gusto cualquier cambio, desde un swing hasta una improvisación de free jazz. “Y no lo digo como algo peyorativo, sino como algo particular y de agradecer”.

Sobre el mundo del jazz, lo define como un mundo en el que predomina el amor al arte por excelencia, un credo que comparten desde músicos a organizadores de festivales. Curiosamente, ante este sentimiento, el ámbito del jazz no está totalmente afectado por las legislaciones gubernamentales en torno a la cultura:

“Hablamos de un ambiente con un movimiento ‘insignificante’ para el gobierno, en el que grandes y pequeños músicos tocan en los espacios más reducidos e íntimos”

Sin ser filósofo, y gracias a todos sus viajes y experiencias, cree que el meollo de la cuestión política es saber defender la cultura autóctona, con uñas y dientes, ante una globalización que pretende uniformizar todos los territorios y culturas.

Como ya se hacía tarde para la prueba de sonido, nos dirigimos al Bogui Jazz, donde tocaba aquella noche. Qué bien que sonaba esa voz con arte, apoyándose en las notas de un saxo juguetón. Un talento joven que debe percibirse con vista, oído y alma.

 

(Agradecimiento especial a Kampussia, a los organizadores de Festimad 2016, a Toni Pino, a Antonio Lizana y los grandes músicos que le acompañaban Marcos Salcines al piano, Tana Santana al bajo, Epi Pacheco a las percusiones y Borja Barrueta a la bateria, por hacer esta entrevista posible)

Por: Andrés Eloy Sánchez