Maricas que beben cerveza

¿Qué sucede en nuestros cuerpos maricas cuando tratamos de socializar en entornos, podríamos definir, heteronormativos?

Me tomo la licencia de comenzar denominando este tipo de espacios, los espacios de socialización públicos como heteronormativos, por la evidencia de que al vivir en un modelo de heteronormatividad hegemónica, los espacios públicos se convierten en el mismo reflejo de lo que el sistema proyecta. Considero que esto es así, y por eso parto de esta base.

Además, como introducción, también me gustaría dejar claro que el lenguaje, nos guste o no, crea realidades.

Bien, pues lo que sucede es lo siguiente:

Antes de entrar en la situación en sí de la que quiero hablar y por la cual estoy haciendo este escrito, me gustaría contextualizar un poquito. Mi situación actual es la de comenzar a vivir en un país diferente a mi país de origen. Cuando esto sucede, se desencadenan una serie de situaciones, todas novedosas, y no siempre a la altura de las expectativas; imagino. Para una persona como yo, que demanda la vinculación con otros seres humanos y la socialización, ha sido cuestión de acostumbrarme a mi nuevo entorno para sentir la necesidad de comenzar a moverme por el espacio nuevo y de conocer nuevas personitas.

En un arranque de hacer algo útil, además de conocer por conocer, me acerqué a un espacio donde se imparten “clases” de francés. Pongo clases entrecomillado puesto que la finalidad en sí, no es únicamente que las personas que lleguen nuevas puedan aprender el idioma, si no que además se convierta en un espacio de interacción entre personas para crear redes. ¡Llevado por gente voluntaria y gratuito!

Voilà!

¡No podría sonar más interesante y enriquecedor!

El espacio muy bien montado, diferentes niveles dependiendo de cuánto domines el idioma, ambiente distendido pero de aprendizaje, buen rolli con la gente, todo muy agradable vaya. Al terminar la clase del día, descubro que generalmente suelen ir a tomarse una cervecita. ¡Estupendo todo!

Fue al llegar al mencionado bar cuando se dio la susodicha situación. La descripción es la siguiente, somos un grupo de cinco chicos y dos chicas. Los cinco chicos nos levantamos a la barra para empezar a pedir. Tres de nosotros pedimos una cerveza, y los otros dos restantes piden una cerveza con limón, y es aquí, justo AQUÍ, cuando aparece el comentario del día:

¡Pero bueno!, ¿cómo os vais a pedir cerveza con limón, qué sois, maricas?”

(Risas… evidentemente es una frase hilarante hasta el hartazgo) “Bueno pedid lo que queráis, aquí los tres hombres nos pedimos cerveza, ¿a que sí?!” (Ole tú su premoh, y ole tu mágica retórica)

¿Qué acaba de suceder aquí? Yo os lo explico, no os preocupéis. Lo que acaba de suceder es un claro reflejo de actitudes derivadas del sistema que se nos impone. No es nada raro, ni fuera de lo común, es jodida y asquerosamente parte de lo que nos han enseñado, de lo que en parte somos y de lo que tenemos que deshacernos.

Claro, en esta evidente situación de “jaja qué divertido soy”, quién soy yo para ponerme como una histérica a decirle al machi de turno, oye qué te pasa.

Pues nadie. Una marica. Esa es otra cosa que he aprendido de este nuestro perfecto sistema occidental, que no soy nadie, y que me calle.

Eso si, yo me hago mi discurso mental, bueno me hago, se me viene el discurso como un mal vómito atropellado, que no estoy dejando salir, y que amarga los intestinos (por eso vengo aquí a soltarlo, por que me escuece)

Discurso que habría sido algo así como:

Perdona, heteromachi de turno, así de “jajas”, que sepas que tu desafortunado comentario es homófobo. Por no decir que, claramente, es un comentario machista. Su dimensión homófoba no te la voy a explicar, confío en la evidencia de que lo descubras por ti solito. En cuanto a por qué es machista, que igual ahí te pierdes, han pasado dos cosas que han venido detrás de tu frase, ligadas, insinuadas aunque no llegues a decirlas. Si sólo los hombres toman cerveza, evidentemente, en tu teoría del todo, las mujeres no la toman. ¿En qué posición deja eso a estos dos chicos? En maricas, es decir, en seres que se parecen o tienden a lo femenino, y obviamente, nadie quiere eso. Además de, por supuesto, dar por hecho la heterosexualidad de estos dos mozos, y que, evidentemente, salirse de ella es lo peor que les puede pasar.

¡Olé tú!

Como comentaba; como buena marica oprimida, me limité a callarme y a dejar que ebullese dicho comentario en mi interior hasta quemarme por dentro. Una cosa que si hice, la cual creo que debería haber estado acompañada de la réplica, pero no me salió, fue no mostrar ningún interés por su comentario, mirarle y evidenciar que no me estoy riendo. No sé si sirve de mucho que yo le retire mi aprobación social, puesto que ya recibe aprobación por todas partes, pero hasta ahí llegué.

El lenguaje crea realidades, y esto es así.

Quizá la próxima vez me vea más capaz para contestar, quién sabe. Lo que si me gustaría, es que el día que no conteste sea porque verdaderamente no me apetezca meterme en camisa de once varas, y no porque no me atreva a hacerlo. Un último dato curioso, cuando hizo referencia a los “hombres” que sí íbamos a pedir cerveza, entre ellos, estaba yo.

Otro handicap que habría estado genial utilizar, para desmontar si discurso-machi, pero oye, como ya he dicho, para la próxima, una aprende de estas situaciones.

Noviembre.