Ay amiga, te han violado y no lo has entendido

Yo no me olvido de eso, pero nunca lo había contado porque me daba vergüenza ‘lo tonta que fui’, ‘lo irresponsable que fui’, ‘lo boba que parecía’ ahí, como una gallina deshuesada en ese sofá”, escribió Teresita Goyeneche (VICE Colombia)

Más de una se sentirá identificada con esta historia; chica borracha medio inconsciente, de fiesta con amigos, termina en la cama de uno de ellos sin saber cómo ha llegado hasta allí. Sola o acompañada, se despierta desnuda con recuerdos borrosos de la noche anterior. A partir de aquí, las historias suelen terminar con una vergüenza inmensa que impide a la víctima ni tan siquiera contárselo a sus amigxs, mucho menos pedirle explicaciones al violador. La víctima se cree el culpable y aquí termina todo.

violado

Parafraseando a aquellos jueces que preguntan si apretó bien las piernas o cómo iba vestida, la víctima hace memoria buscando en sus alcoholizados recuerdos algún detalle que la implique en la escena del crimen. Tal vez tonteó con su amigo sin querer llegar a más, tal vez hizo creer al violador que quería mantener relaciones sexuales. Tal vez iba tan borracha que se merecía lo que le pasó. Porque claro ¿cuántas veces te han dicho que ser mujer es peligroso y colocarte en una posición vulnerable, como acabar borracha puede acabar en lo que acabó?. Dentro de tí solo encuentras argumentos para exculpar a la persona que te violó, a la que conocías, y razones para fustigarte y de las que aprender la próxima vez. Ay amiga, te han violado y no lo has entendido.

No era un desconocido que te asaltó a punta de cuchillo volviendo a tu casa de noche, como te habían dicho que iba a ocurrir. Era un amigo que probablemente no necesitó hacer uso de la fuerza para violarte, a cara descubierta, que no tuvo problemas para mirarte a los ojos al día siguiente.

Estos casos son tan comunes que buscar una explicación debe hacer referencia a una ley universal. La ley del patriarcado, ese sistema que ampara, promueve y sostiene que el cuerpo de la mujer puede ser objeto de uso y disfrute sin consentimiento previo. Que alienta a los hombres a pensar que el silencio administrativo de la víctima puede considerarse un consentimiento. En estos casos en los que el uso de la violencia física no es necesario para violar, identificar la violación se vuelve casi un imposible. La víctima se culpa por su irresponsabilidad mientras el agresor se va de rositas con la conciencia limpia como una patena. Es triste ver como se defiende esta postura, de maneras más o menos encubiertas, en los medios de comunicación, en las familias o en los grupos de amigxs.

Hace poco en mi trabajo, comentábamos este tipo de situaciones otras dos chicas y yo. Acostumbrada a moverme en círculos, digamos, progres, la hostia de realidad que me supusieron sus opiniones me tuvo que dejar con cara de haber acabado de salir de una cueva. Opinaban que es imposible ir tan borracha como para no enterarte de lo que están haciendo con tu cuerpo, que hay que pensarse mejor lo que se bebe y lo que no, que la chica de la violación en grupo de los San Fermines en realidad sí que quería aunque luego se fuera la cosa de las manos. ¡Ah! La última y la mejor; que también hay hombres violados. Curiosamente para ese argumento ad populum se le ocurrió a una de ellas comentar otro caso de San Fermines de este año en el que un chico se levantó y otro se la estaba chupando. En ese punto se me ocurrió señalar que estaba siendo violado por otro hombre, por lo que tal vez estuviera relacionado con el hecho de que a los hombres no se les educa para no violar, sino todo lo contrario, se les inculca una superioridad de deseos e intereses que primen sobre los deseos e intereses de los demás.

En un contexto como el que acabo de describir, con ese argumentario de lugares comunes tan masticado  ¿Nos sorprende que los casos de violaciones de este tipo no se lleguen a denunciar? ¿Nos asombra que la vergüenza, que la falta de educación en el concepto de violación, la falta de herramientas, el tabú o el miedo impidan a las mujeres denunciar estos casos?. ¿No es inútil que eduquemos a las niñas en el miedo a que las violen en vez de educar a los niños para que no violen? ¿Tenemos que vivir con miedo para que otros puedan pegarse la vida padre?

En mi caso no denuncié. Peor aún, no llegué a comprenderlo del todo hasta pasado casi un año desde lo sucedido. No es que me pasara cada segundo de mi vida pensando en lo que había pasado, pero le daba muchas vueltas, intentaba recrear lo ocurrido, intentaba exculpar a la persona que me lo había hecho y procuraba aprender de mis errores para que no volviera a suceder. Por supuesto, con ese comportamiento solo perpetuaba el rol que me había tocado por nacer mujer, solo seguía cumpliendo con mi papel de culpable. Yo fui mi propio verdugo. No necesité miradas reprobatorias ni personas de mi entorno incriminándome. Me lo hice todo yo solita.

Estaba de Erasmus y como os podréis imaginar iba con un pedo de colores cada vez que salía de casa. Me juntaba con un grupo en el cada una era de su padre y de su madre y de todos los rincones de Europa. Solíamos pegárnosla fuerte en casa de unos y acabábamos siempre bastante mal. Una noche, y según el testimonio de una de mis amigas, uno de ellos me cogió a lo saco de patatas y me llevó hacia las habitaciones. Nadie le dio importancia. Nadie gritó, nadie se asustómenos aún yo, que estaba al borde de la inconsciencia-.

violacion_amigaEn esa habitación tengo recuerdos fugaces-creo que fui con los ojos cerrados desde antes de que me cogiera en volandas hasta por la mañana-. He de dar encima las gracias porque no fue tan traumático ya que no recordaba nada. Cuando me desperté, estaba desnuda y tenía semen en la vagina. Otra cosa por la que debo encima de dar las gracias es por hormonarme, ya que mi amigo no se preocupó en dejarme embarazada-menos aún en pegarme alguna ETS-. Fui corriendo a la habitación de otro amigo-este era el único español de la casa- a despertarle y preguntarle qué coño había pasado. Aparte de descojonarse y contarme lo que acabo de escribir, me dijo que otro amigo que también estaba en la fiesta, y con el que me estaba liando, se había mosqueado y se había pirado nada más me vio irme con el violador otro sentimiento de culpa que echarse a la espalda-.

En ese momento y tiempo después nunca se me ocurrió denunciar. Yo era la culpable de que aquello hubiera ocurrido. Igualmente con el que me estaba liando no me creía cuando le conté lo que había pasado y pensó que era una excusa. La relación que mantuve desde ese día con el violador se puede resumir en: todo siguió entre nosotros como hasta ese momento. A veces intento echar mano de las dificultades comunicativas entre él y yo respecto al idioma para evitar no culparme a mí misma por no haberlo hablado con él, haberle explicado cómo me había hecho sentir, pero realmente sé que no lo hice por vergüenza. Porque, en el fondo, sentía que había sido mi culpa.

Camila, 37 años -Yo no sé por qué seguí siendo su amiga después de lo que pasó. Tal vez no quería creer que había pasado, o quería perdonarlo. Creo que era tal vez la inmadurez de la edad. No sé.

Juliana, 25 años-Al día siguiente desperté sin pantalones y sin ropa interior. Luego recordé que había tenido un “sueño” en el que me quitaban los pantalones; yo lloraba e intentaba pelear pero no podía hacer nada por la borrachera.

Andrea, 23 años-De hecho algunos amigos me dijeron que tenían una imagen distinta de mí y me pegaron la bronca por haberme emborrachado. A ellos sí los mandé a la mierda porque me parecía muy contradictorio: yo a ellos los había visto millones de veces así, o peor, y los había cuidado. Esa era la primera vez que yo terminaba así, y tengo la sensación de que todas sus críticas fueron porque yo era una mujer.

Yo también salí de la carrera y no tenía ni puta idea de qué hacer

Ese momento en el que te encuentras escuchando listas de reproducción de Cat Power, de madrugada, buscando una serie para engancharte, a punto de terminar la carrera, y descubres que ¡Oh! No tienes ni puta idea de qué vas a hacer. Descubres ese vértigo al asomarte al abismo y ninguna técnica de organizar tus ideas que hayas encontrado en Pinterest te sirve realmente de algo. Bien, pues como la gran mayoría de la gente te has pasado cuatro, cinco, seis, siete, diez años sin pensar qué has de esperar para después. No hay camino de baldosas amarillas, No hay Google maps.

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Todo te hace pensar que estás en ese cruce de caminos y que según cúal tomes el resto de tu existencia va a depender de esa decisión. Lo que te han enseñado a lo largo de tu corta vida es probablemente que tienes que reflexionar. Si, reflexionar, el comerte la cabeza de los adultos maduros y racionales.

Si te sirve de algo, yo pasé por ese momento hace algo más de un año y reflexionar no sirve de mucho. Al menos no de la manera en la que se reflexiona mayoritariamente. Cuanto más le daba vueltas al futuro más borroso se veía todo, menos me convencía ninguna opción y más cerca me veía de acabar tirando por la vía fácil. La vía fácil para todo pollito recién salido de la Universidad con suficientes medios es elegir un máster que no te provoque arcadas y tirar para alante; es decir, retrasar al menos un año más esa situación de encontrarse frente al abismo. Total, teniendo en cuenta cómo estás, cualquier cosa es mejor que verte tirada en el sofá o soñando con ser camarera como en ese anuncio de JobToday.

Conozco de todo; desde gente que viendo el panorama nacional ha cogido las maletas y está sirviendo lattes y pizzas en alguna ciudad centroeuropea, hasta ninis, pasando por jóvenes que milagrosa o enchufadamente han conseguido trabajo de lo suyo. Creo que nada de lo que hayas pensado hasta ahora funciona, si te has encontrado o te encuentras sin saber qué hacer. Porque, también conozco, a personas que años después de haber atravesado ese momento y haber tomado una decisión, de repente se encuentran de nuevo en la encrucijada, ahora más viejos, ahora con menos opciones, ahora con más problemas. Por eso te digo, disfruta de ese momento, no porque no volverá-que volverá– sino porque lo mejor que te puedo decir es que no creo-científicamente hablando– que estés tomando una decisión vital. Que toda esa agonía que creas que estás experimentando no es sino miedo por pensar que no vas a tomar la decisión correcta. Y es que, amiga, y por coelhoano que parezca, no tienes ni las herramientas ni la perspectiva ni la posibilidad de saber si lo que estás haciendo es lo correcto.

Creedme cuando os digo que yo tomé la vía fácil y no estoy ahora cosechando lo sembrado ni nada parecido. Que me arrepiento de no haberme tomado tiempo para pensar y descubrir de verdad, y no reflexionar. El fin no está a la vuelta de la esquina, y no te estás quedando atrás cuando pausas, que era otro de mis miedos. No sé dónde me encontraría ahora si no me hubiera decidido por lo que me decidí, pero tú tampoco.

Nosotras y el Estado del Medioestar

El número de multimillonarios en España ha aumentado un 44% desde 2011. España se convierte en 2016 en el país más desigual de la OCDE. Los 20 españoles más ricos tienen tanto como el 30% más pobres y según un estudio de Oxfam, el patrimonio de las grandes fortunas subió un 15%, mientras que el del 99% restante cayó un 15%. Una economía al servicio del 1%. Nadie discute ya que esto no es una crisis, es, como diría un portavoz del PP, un reajuste. Un trasvase de riqueza de los desarrapaos a los forraos.

Entonces, si es tan obvio que nos han estafado como a guiris ¿Por qué no estalla nada? ¿Tendrá la sociología respuestas?. Tenemos una teoría. Existe una dinámica sutil, una percepción creada, una convicción, entre los que tienen poco, que nos distingue de los que no tienen nada, y que engaña a nuestros cerebros, ah, con la esperanza. Con la falsa creencia de las aspiraciones, la dulce muerte de la razón.

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Al fin y al cabo, todas queremos vivir más o menos en paz, si no tienes dinero para conseguir bienes, se pone de moda el minimalismo grunge y el reciclaje es cool. Un piso ruinoso lleno de palés tiene encanto. Comprar de segunda mano también. El sistema convierte en consumo válido y atractivo nuestras limitaciones. Él también se reajusta. Incluso si no quieres recogerlos de la calle (que la mendicidad todavía no queda bien), IKEA te vende a módicos precios bienes fabricados en cadena que parecen auténticos y creativos.

Ser pobre como rata está de moda. Y digo yo ¿Por qué no dejamos de hacer bandera de nuestra condena? Pues porque queremos vivir en paz. Queremos sentir que nuestro acotado margen de maniobra es en realidad muy moderno y envidiable. Que la precariedad en un trabajo es en verdad movilidad. Que eso es algo a lo que hay que aspirar. ¿Por qué? Porque es útil. ¿Es útil para tu vida? Tal vez no . Pero, si es muy juvenil cambiar de trabajo constantemente, cobrando una mierda, sin convenios, sin vacaciones, sin sueldos decentes ¿pensarías lo mismo?. Tus padres aspiraban a pagarse la hipoteca ¿Quieres tú eso? No. Quieres ser libre y no estar atado ¿Quieres eso? A lo mejor, y solo a lo mejor, estamos maquillando nuestra triste realidad como una decisión tomada. Y a lo mejor, alguien lo ha decidido por nosotras.

Nuestros sueldos de miseria necesitan un mercado con bienes miserables. Si reajustamos nuestras aspiraciones ¿Para qué tenemos que reajustar el Sistema?

El Estado del Medioestar, el Estado del Miedoestar

UNA ABUELA DE LA MANCHA

Nací en el 1930 en un pueblo conquense donde he vivido desde siempre, pertenece a una zona de transición entre La Alcarria, la Mancha y Serranía de Cuenca en lo que antes era Castilla la Nueva que comprendía Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara.

La vida laboral de la comarca se basó principalmente en la agricultura y, en menor grado, en la ganadería, sobre todo en el pastoreo de ovejas. La gente pobre ponía a disposición a los muchachos para ejercer de rochanos que eran ayudantes de los pastores para carear las ovejas, para reunirlas y dirigirlas por las sendas. Estos no iban a la escuela, lo que hizo que muchos oficios del estilo provocasen analfabetismo.

Muchacho del pueblo entre travesaños intentando ver la corrida de toros en 1954.

Muchacho del pueblo entre travesaños intentando ver la corrida de toros en 1954.

La agricultura era esencial en la economía del pueblo. En los alrededores la gente trabajaba las tierras (propias o ajenas) cultivadas con cebada, centeno, trigo, escaña (tipo de trigo), avena, harina de titos (o de Almortas) y garbanzos. A parte de las eras, donde se realizaban todas las labores agrícolas: trillar, aventar, apalear las tortas de girasol, secar las pipas…, cada familia tenía pequeños huertos para abastecimiento propio.

Aunque teníamos un río y un afluente, desde que tengo uso de razón casi siempre han ido secos, lo que provoca y provocó escasez de agua. Entonces, se sobrevivía con el agua de los pozos de las casas y de en derredor. Con los trabajos del campo y yendo de peones a otras casas con labranzas más grandes se sacaba adelante a las familias, que eran muy numerosas, normalmente de 5 o 6 miembros, aunque había quienes llegaban a 11 o 12.

La guerra estalló en el 36 y yo tenía 6 años. Me acuerdo que en esa época mi abuela decía

¡Pero bueno! Es que quieren lo que no es suyo y eso no puede ser.

En ese momento yo no entendí qué quiso decir hasta más adelante. La gente se tuvo que ir al frente con 16 o 17 años; de hecho, mi padre fue de los últimos. Sucedió ya al final de la guerra, que en vez de ‘ir largo’ le destinaron a Saelices a 6 km, a una finca a estar con las mulas para arar porque tenía fama de buen labrador y mercader así que se le puso a la cabeza. Mi madre y otra familia decidieron ir a ver a los hombres allí destinados por lo que sacamos una galera con entálamo que teníamos. Engancharon el carruaje con las mulas y allí nos llevaron a los chicos a que viéramos a los padres en la finca.

Mi padre era industrial ya que tenía tienda y taberna y se dedicaba también a la compraventa de pipas y ganado, a la venta y transporte de cubas de vino, etcétera…

Aquellos tiempos fueron bastante duros; gente desaparecida y asesinada por todas partes y teníamos constancia de que allí también sucedían.

Cuando llegamos a aquella finca preguntamos a los que llamaban Los Marqueses de Saelices que conocía mi madre si habían “sacado a alguno” y dijeron que no sabían y negaron conocerla. España entera miraba por sí misma y preferían vivir dormidos sin enterarse de nada.

Durante la guerra, se produjeron bastantes saqueos en casas “de buena posición“. Entraban y si tenían dos o tres jamones se los llevaban. Además de ropas o lo que fuera.

Hubo 8 o 10 personas que se quedaron en las cámaras de las casas grandes por si se les llamaba al frente, ya que quedaba cerca San Martín de la Vega, punto bélico donde se produjeron bombardeos. Eran tanto de un bando como de otro y al tener que convivir procuraban no pronunciarse porque desconfiaban unos de otros. Cuando se terminó la guerra, una parte de “La Cuarenta y nueve“, la 49ª Brigada Mixta, que fue un pequeño ejército en defensa de la segunda República, también se hospedaron en el pueblo.

A un hermano de mi padre le encarcelaron. Mi tío tenía un par de mulejas además de cuidar otras tantas en una casa. En ese tiempo apareció, lo que se llamaba entonces, un comité (una cooperativa), donde se trabajaba de forma conjunta y se repartían los beneficios. Entonces mi tío, aún advertido por mi padre, se metió y allí perdió todo. Porque al estar al cargo de los animales en la casa, manejaba bienes ajenos que le fueron solicitados en la cooperativa, como paja… El hombre ofreció lo que pudo excepto lo que no le pertenecía y con la excusa del estallido de la guerra, fue encarcelado.

La guerra en el pueblo la vivimos de una forma más o menos tranquila, al empezar la guerra se llevaron únicamente, y digo únicamente comparando con la cantidad de muertes indecentes que sucedieron en toda España, a dos a fusilar: a un padre y a un hijo, que no quiso dejar solo a su padre.

Todos mis hermanos y yo fuimos a la escuela, en eso tuvimos suerte. Y cuando salíamos de clase, mi madre nos enviaba a dar clases particulares con una maestra de izquierdas, que por supuesto no obtuvo plaza por su condición política. Pero mis padres vieron bien ir a aprender más con ella. De esto te hablo de cuando yo tenía 11 años.

Después, terminó la guerra y vinieron los Requetés (o boinas Colorás) castellanos que eran un batallón de nacionales Carlistas a “poner orden y a dar las instrucciones al Ayuntamiento para apaciguar la cosa”.

Muy cerquita de aquí, tras la guerra al monasterio de Uclés se le dio un uso de cárcel para presos políticos (en él es donde estuvo mi tío encarcelado). Recuerdo que allí mataron a mucha gente bajo el ojo por ojo. Más tarde los curas recuperaron el monasterio encargándose de restaurarlo bajo el brazo del obispado de Cuenca. Aun cuento con cierto temor esta historia.

En fin, la vida en el pueblo era un tanto monótona, aunque tuvimos bastantes visitantes. En la plaza del pueblo, por ejemplo, había una posada donde venían a hospedarse los arrieros y de vez en cuando nos traían pellizas, melones, cerdos, garbanzos… cualquier cosa.

Durante la Posguerra hubo mucha hambre en España con el racionamiento, pero en el pueblo siempre se había pasado muchas penurias. Mis padres tuvieron una época en las que vendían las sardinas de Villajoyosa por el dinero justo para comer, vivimos al día. También teníamos harina para cocer el pan y harina de almortas para hacer gachas manchegas, a veces incluso viudas. También había algunas mujeres que para ganar algo de dinero, les pagaban otras madres para que dieran de mamar a los hijos si la que había tenido el hijo carecían de lactancia. Tiempo después, sobre los 60, alimentábamos a los hijos con Pelargón, que era leche en polvo.

Cuando acabé el colegio, como teníamos una tienda pues me encargaba de ella y de la casa. De mis hermanos, unos iban a labrar, otros iban con mi padre a comprar el pescado con un camión a la plaza del mercado de Madrid (plaza de la Cebada) donde comprábamos de todo para el negocio, sobre todo pescado: 7 cajas de sardinas, merluza, boquerones, besugo o japuta. Desde el pueblo, cuando venían de Madrid se iba repartiendo un poco de lo adquirido en Madrid por los pueblos de la comarca, desde aquí hasta Sacedón para las demás tiendas. Lo que fue una visión de mercado muy acertada para la época.

Al Mercado de la Cebada entraba todo el pescado al por mayor y los de las tiendas de Madrid y alrededores, como nosotros, comprábamos al detall. A su vez de lo que comprábamos vendíamos lo sobrante para los demás pueblos de forma similar a los arrieros.

El Mercado de la Cebada de Madrid en 1929

El Mercado de la Cebada de Madrid en 1929. Aquí se ve como entraban las galeras para comprar al “detall” (la foto no concuerda con los años en los que nos movemos pero te haces una idea de la situación).

Los demás hermanos ayudaban a mi padre a envasar pienso, a labrar o a viajar a Valencia a por naranjas, que después se vendían con la bicicleta y un canasto atrás por todo el pueblo.

También tuvimos taberna, yo empecé a despachar desde los 12, que sería cuando acabase el colegio (que se empezaba a los 6 años, pero mi madre tenía mucha confianza con la maestra y me pudieron admitir a los cinco años). Despachaba siempre a un señor un cuartillo de vino que, aunque era menos de medio litro, terminaba siendo el medio. Y el hombre me contaba algún chascarrillo que otro, del cual aún me acuerdo:

“Algunos van a la iglesia y entran como si entrara un borrico a la cuadra. Yo cuando voy a la iglesia digo A casa de Dios vengo a entrar hijo de Dios vengo a adorar. Y cuando me marcho digo Adiós palomita hermosa de Jesucristo sin esposa. Aunque me voy no me voy, aunque me despida no me despido. A la hora de mi muerte vente conmigo”.

En un momento determinado mi padre decidió dejar la taberna para quedarse sólo con la tienda, ya que las dos cosas eran demasiado negocio que atender.

La tienda estaba situada en los bajos de una casa que no era de nuestra propiedad y los dueños decidieron vender la casa entera por lo que nos ofrecían 25.000 pesetas para salirnos de ella. Mi padre dijo que no quería dejar el negocio y quiso comprarla él. Los dueños le pidieron por ella en mano 175.000 pesetas, que en 1960 era muchísimo dinero. Entonces mi padre vendió todo: pienso, tierras y de todo. Ya que mucha gente quería esta casa porque, al estar junto a la iglesia y ser tan antigua, estaba muy demandada por gente que tenía mayor poder adquisitivo que nosotros.

La tienda era de ultramarinos, vendíamos de todo: judías, garbanzo, chocolate, aceite vinos, detergentes, lapiceros, libretas, cordones de zapatos, albarcas (tipo de calzado para ir al campo), fruta, bebidas como la gaseosa (Revoltosa), pescado…

Las fiestas más importantes fueron, como en la actualidad, para el día de Santiago y Santa Ana donde siempre ha habido toros. El 18 de Julio era otra fiesta señalada, el aniversario del alzamiento nacional. Que se celebraba básicamente no yendo a trabajar. Las gentes sacaban las banderas en las ventanas, una bandera de España y una bandera blanca que no me acuerdo del motivo (seguramente sería la bandera de los Boinas Rojas anteriormente nombrados).

Banderines que se pusieron en la plaza de toros el día que toreó Luis Miguel Dominguín (padre de Miguel Bosé).

Banderines que se pusieron en la plaza de toros el día que toreó Luis Miguel Dominguín (padre de Miguel Bosé). La foto fue tomada en 1954, un año después de la firma del acuerdo bilateral con EEUU que permitiría a España salir de su aislamiento internacional.

Cuando trajeron el agua al pueblo lo conmemoramos poniendo una fuente en la plaza e hicimos una fiesta por todo lo alto; de hecho, como mi padre tenía la taberna el ayuntamiento le propuso poner un barril de bebida en la plaza del que podía beber todo el pueblo gratuitamente y se hizo una corrida extraordinaria de toros a la que concurrieron Luis Miguel Dominguín y Antonio Bienvenida, dos grandísimos toreros.

En el año 1956 me casé y pusimos una casita al lado de mis padres. Al final cuando compramos esta casa nos vinimos todos con mis padres y mi marido.

Tuve dos hijas, que me ayudaban desde bien pequeñas. Me ayudaban con todo lo que podían en la casa y como yo tenía tanto trabajo me fregaban los cacharros antes de ir a la escuela, exceptuando las cucharas que eran de alpaca y eran más difíciles de fregar.

Para traer agua íbamos a una fuente, la fuente del Cazaizo. El agua en las casas, los desagües, la pavimentación de las calles llegó en los años finales de los 60.

Tiempo después enviamos a mi hija mayor a estudiar a Cuenca a las monjas a hacer el bachiller y la otra hija menor quedó en el pueblo haciendo la EGB hasta que tuvo que marcharse también cuando ingresó en el instituto.

Entonces decidimos comprar un coche para ir a verlas, pero yo no quería un coche de segunda mano. Como teníamos que hacer obra en la casa y edificar un granero para la labranza dijimos: “Antes de hacer la obra, vamos a comprar el coche que a ver si vamos a quedarnos sin dinero con la obra y no podemos comprarlo después”. “Así que lo compramos antes y lo tenemos aviao”. Corría el año 1968 cuando compramos el Seat 600

Fuimos de los primeros en tener los inventos de la época como radio, televisión y teléfono.

Los que teníamos teléfono llamábamos primero a la centralita para que nos pusiera con quien quisiésemos. De hecho, fuimos los quintos del pueblo en tener teléfono, por detrás de la fábrica de harinas y antes que el ayuntamiento. Lo sé porque lo he vivido y por mi número actual.

Mi marido se dedicó siempre al campo y yo en la tienda. Aunque alguna vez tuve que ayudarle, pero yo no estaba acostumbrada al campo porque siempre estuve en la tienda y mis hermanos en el campo. Pero desde aquel momento fui muchas más veces a ayudarle con las olivas.

Mientras cogíamos aceitunas nos acordábamos de nuestras chicas que estaban ya estudiando en cuenca en un piso que le alquilábamos por 7.000 pesetas. Donde en un principio estaba una hija y una amiga, más tarde fueron llegando otras compañeras y así ahorrar en gastos. Y los domingos íbamos a verlas con el 600.

Siempre hemos vivido en tranquilidad y “bien”. Pero con mucho esfuerzo, mucho trabajo y mucho ahorro. Ya que estuvimos siempre acostumbrados a trabajar mucho viviendo con lo mínimo.

Cartel cinematográfico de la obra de la Fierecilla Domada que vieron mis abuelos en los cines de Bravo Murillo.

Cartel cinematográfico de la obra de la Fierecilla Domada que vieron mis abuelos en los cines de Bravo Murillo.

Nunca fui de vacaciones ni cuando me casé, eso no se estilaba entonces. Solamente fui a Madrid unos días cuando era pequeña donde tuve algún que otro problema con el metro hace 70 años (con 15 años), que te contaré en otro momento. También fui a los 6 meses de casada digamos que: “en luna de miel”. Recuerdo ir a ver una película en un cine de bravo murillo: la Fierecilla Domada, donde salía Carmen Sevilla, me parece.

Paris.

Algunas fotos fueron tomadas de la exposición de Francesc Català-Roca.

Festival AFROCONCIENCIA 2016

Hoy hace una semana que nos enteramos que se estaba celebrando el festival de Afroconciencia así que, con un calor que te torras, nos acercamos al Matadero de Madrid.

Se celebraron diversas charlas de concienciación e intercambio cultural organizadas por afrodescendientes.

Destacó la charla de debate Afrofeminismo con Nair Macedo (Kwanzaa), Antoniette Torres Soler (Afroféminas), Asha Ismail (Save a girl, save a generation) y Jane Oma (Upside África).

Se montaron distintos puestos de productos africanos donde podías adquirir gastronomía del lugar, así que, entre arroz con pollo o ternera y plátano frito podías entrar en conversaciones sobre identidad negra, literatura o música. Así que algo catamos en los puestos del patio bajo la sombra que hacían las lonas. Había bisutería artesanal, literatura afro, pintura y unas láminas impresionantes.

Aprovechamos para visitar diferentes espacios del Matadero que, aunque no tenían mucho que ver con el festival, fuimos a echarles un huele y… ¡menudo acierto! Una exposición sobre tipografía de la mano de varios artistas. Vimos tipografías plasmadas en botellas de vodka, revistas, carteles publicitarios…

También nos adentramos en la obra (SELFIE) de Darya Von Berner donde sentimos la luz artificial que recordaban a los flashes de las fotografías, carteles publicitarios luminosos, focos de escaparates, tv o pantallas de ordenador. Píxeles que marean y atontan. Píxeles que incentivan el narcisismo.

Al atardecer, terminó la charla de “¿Y tú por qué eres negro?” con un debate abierto mientras cada vez se llenaba más el patio del Matadero. Cuando empezó la maravillosa Astrid Jones y su guitarrista el aforo estaba bastante lleno y con un buen rollo impresionante que habían dejado las charlas de la tarde y el comienzo del concierto.

Con las luces blancas del escenario, los carteles de los retratos y el Jazz en acústico no se podría estar mejor en una noche “de verano” en el no tan caluroso Madrid.

 

Paris.