Preguntar antes de decidir

Vengo a haceros pensar, a lanzaros preguntas para que rumiéis un poco. Demasiadas afirmaciones sin reflexión hay por ahí. No vengo a daros respuestas, lo siento. Muchas certezas se andan segando estos días, yo vengo a sembrar preguntas para que crezcan dudas. La que duda, camina despacio y se fija por dónde va.

Quiero hablaros de cosas muy grandes y abstractas como pueblo y nación. Quizá, más tarde, de territorialidad e identidad. Pero empecemos con uno de los temas de moda, que de tanto mentarlo le van a gastar el nombre: El derecho a decidir. ¿Qué es el derecho a decidir? Lo primero: aquí hablamos de derecho no como norma jurídica –no habría tanto debate si fuese una– sino como condición de poder tener o exigir algo que se considera éticamente correcto y, por ende, independiente de un ordenamiento jurídico concreto. Empezamos mal, lo de definir lo éticamente correcto es un marrón.

Siendo un poco tautológicos, el derecho a decidir es la condición de poder exigir decidir, porque es bueno, correcto. Vamos, la autoridad moral de poder exigir el poder decidir. Lo dicho, cuando aparecen el bien y el mal de por medio, la cosa se enfanga, porque a ver quién se considera con la autoridad para definir esas cosas.

Pero bueno, vamos a asumir que vale, que bien, que decidir es bueno, está bien. ¿Decidir qué? Decidir cosas. Pero… ¿qué cosas? Porque claro, lo de que tenemos derecho a decidir (algunas) cosas es evidente. Yo decido qué camiseta me pongo hoy, por ejemplo. Salvo que tenga que ponerme el uniforme para ir a trabajar, que entonces la decide el jefe. Bueno, decidí coger un trabajo con uniforme. Así que la decisión en el fondo es mía, ¿no? Aunque no había más trabajos y hay que comer, así que la capacidad de decisión se limita. Vaya. Se complica la cosa. Capacidad de decisión. ¿Y esto? Que tengo derecho a decidir cosas, pero las opciones entre las que elegir no las pongo yo. Vamos, que si sólo hay una, la decisión está hecha. Y claro, también hay cosas sobre las que no tengo derecho a decidir. Como por ejemplo qué camiseta te pones hoy. Salvo que tengas cinco años y yo sea tu madre. O que trabajes para mí y te diga que tienes que llevar uniforme. Un poco fluido esto del derecho a decidir cosas.

Vamos con el derecho a decidir que está de moda. El de los catalanes. Los catalanes tienen derecho a decidir cosas. Bueno, no. Cosas no. Eso es plural. Muchas cosas, mucha incertidumbre. La incertidumbre no es buena. Aquí, cosas, es más bien La Cosa. La Cosa es la independencia de Cataluña (¿esto qué es? -volveremos luego). Pero no de cualquier manera, no. La capacidad de decisión es limitada aquí también. Vuelvo a las camisetas. Hay dos en el armario: una un poco apolillada, la de toda la vida que te regalaron en el 78 y que te queda pequeña; y una envuelta, que no sabes cómo te queda ni qué pinta tiene, pero en la etiqueta pone Estado independiente en forma de república. No está mal, sonar suena muy bien. Por lo pronto es nueva y sin polillas. Pero la verdad es que el tipo ese de la tienda de PDeCAT que te la vendió no daba muy buena espina.

Bueno, entonces, lo del derecho a decidir viene a ser que está bien que los catalanes tengan el poder de decidir si Cataluña se vuelve un Estado independiente en forma de república o no. Pues molt bé, ¿no? Pero hostia. ¿Por qué sólo los catalanes? Yo también quiero tener derecho a decidir si quiero una república o no. Ah. Espera. Shhh, que esto no va de la monarquía. Esa caja de Pandora no la abráis. Entonces lo de la república no es muy relevante, aquí la esencia es lo de ser un Estado independiente. ¿De derecho? ¿Democrático? ¿Social? No lo pone en la etiqueta. Pero suponemos que sí, ¿no?

Está un poco difuso sobre qué deciden, pero la base está ahí. Quieren decidir si se van o no. ¿A dónde? -A saber. Problema de los que se van, la verdad. Pero ¿quiénes son los que se van? Tenemos un derecho pero nos falta el sujeto titular de ese derecho para poder saber, por ejemplo, sobre qué  puede ejercer ese derecho. Vamos, que ¿quién decide? ¡El pueblo catalán, hombre, que no te enteras! Ajá. El pueblo catalán. ¿Y ese quién es? Y encima dice Rufián (el de las camisetas de Harry Potter) que no sólo el pueblo catalán, que ya que nos ponemos a decidir cosas, que los andaluces, los castellanos, los gallegos y los vascos también está bien que decidan cosas. ¿Y los valencianos qué? ¿Estos no? ¿Será que como hablan parecido a los catalanes son pueblo catalán? Menudo lío con esto de los pueblos decidiendo cosas y gente decidiendo quiénes son los pueblos.

Por partes. Entonces, quedamos en que está bien que los pueblos decidan cosas. Ah, pero esto me suena. Para esto hay norma jurídica, hombre. Se llama derecho de libre determinación de los pueblos, derecho de autodeterminación para los amigos. Esto es gordo. Gordo de verdad. Gordo nivel principio fundamental del Derecho Internacional público – poca broma–. Los Pactos de Nueva York, la ONU… gente importante que decide sobre cosas, cosas importantes –¿y el derecho a decidir de éstos de dónde sale?–, dice que sí, que los pueblos tienen ese derecho. ¿Y entonces si es lo mismo por qué lo llamamos derecho a decidir? ¿Igual no es lo mismo?

por whatsapp no, que somos gente adulta y no nos llevamos tan mal, así que vamos a sentarnos a hablar las cosas.

Sea como fuere, parece que el derecho este –el de autodeterminación, que es como más concreto que eso de «decidir cosas»–  tiene legitimidad, que no hace falta ponerse a discutir sobre el Bien y el Mal. Hay señores importantes que dicen que está bien. Menudo alivio. Un problema menos.

Vamos con lo de los pueblos, pues. En esto los señores importantes dicen que a ver, que no todos los pueblos tienen derecho a autodeterminar su secesión. Que sólo algunos: coloniales, invadidos o duramente abusados por el poder estatal. Que si no se cumple eso, no te puedes autodeterminar a la torera, que para algo vivimos en democracias y lo de hacer las cosas unilateralmente no está bien. Es como dejar a tu pareja por whatsapp, está feo, salvo que sea un maltratador, entonces sal por patas. Quizá la mejor reflexión en términos jurídicos o, al menos, la más detallada, es la que hace el Supremo de Canadá sobre Quebec. Viene a decir que por whatsapp no, que somos gente adulta y no nos llevamos tan mal, así que vamos a sentarnos a hablar las cosas.

Entonces, los pueblos estos que pueden decidir cosas pero no autodeterminarse, ¿qué son? Aquí, damas, caballeros y personas de género no binario, viene el problema de todos los problemas: ¿Qué es un pueblo? ¿quién lo integra? ¿Es sinónimo de nación? En mi humilde opinión, es un palabro que no vale para nada, salvo para confundir, porque vale para cualquier cosa, que es casi peor. Es tan ambiguo que hace falta ponerle etiquetas para que quiera decir algo concreto. Un poco como con ese otro palabro tan grande que está también de moda: democracia.

Vamos a ello. Parece que pueblo es un grupo de personas. Un grupo grande. Grande y más o menos homogéneo o con algún rasgo que permite distinguirlo de otros grupos/pueblos. Pero esto de pueblo es diferente de multitud y muchedumbre, que también son grupos grandes y distintos. ¿Y a qué viene esto? Pues a Spinoza, Hobbes y la construcción del Estado moderno y de todos esos conceptos tan bonitos que nos gusta usar sin dedicarles mucha atención porque las cosas sin definir del todo son más útiles políticamente. No me voy a meter a resumir aquí siglos de teoría política. Además, con el panorama posmoderno que tenemos a nadie le importan ya estas cosas. Así que, así muy rápido, en tamaño tuit y con el perdón de Spinoza y Hobbes: La multitud es una pluralidad de voluntades singulares en la escena pública, sin convertirse en una unidad, en una única voluntad, decía Spinoza. A Hobbes esto de la pluralidad le parece un peligro, nada de multitudes. A Hobbes le pone el rollo unitario, fuerte, centralizado. Aquí es dónde entra el pueblo contra la multitud: nada de pluralidad de voluntades, ¡ni que esto fuese una democracia! El pueblo se caracteriza por tener una única voluntad, personificada en la figura del soberano e identificable con la forma política del Estado.

Digamos que multitud es un poco como manada  y pueblo como rebaño. No sé si estáis notando lo turbio de los principios del concepto pueblo y su importancia política. Por eso los Estados homogeneizan a su población en términos de lengua, religión, referentes culturales, históricos, etc. Así es más fácil una voluntad unívoca, si todos somos iguales, todos pensamos igual. Los Imperios, por ejemplo, no jugaban a esto. No eran una apisonadora cultural. Absorbían todo y estaban compuestos por múltiples pueblos, religiones, culturas… con algún elemento de filiación mínimo les valía, no hacía falta homogeneizar a nadie. España, por cierto, ha sido en ese sentido históricamente más imperial que estatal, por eso existen nacionalismos dentro del país; a diferencia de, por ejemplo, Francia.

Uy, que me enredo. En resumen: un pueblo es un agregado humano que comparte una lengua, religión, historia, tradiciones, etc. que lo hacen uno y distinto de otros. Es, además, un sujeto histórico, a diferencia de una multitud. Sigue siendo algo muy muy ambiguo, porque se puede hablar, parece, del pueblo leonés, del pueblo español y del pueblo europeo. Pero no son comparables, son diferentes niveles de homogeneidad, de elementos compartidos. Un poco más claro esto de pueblo pero tampoco mucho, ¿no?

Ya que nos hemos metido en este berenjenal, vamos con su prima-hermana: la nación. ¿Es lo mismo? Pues no exactamente. Para algunos prácticamente sí, es su hermana mayor, y para otros no, no están emparentados. La diferencia fundamental es el carácter político del asunto. Una nación es un sujeto político, El Sujeto político si hablamos de Estados. Un pueblo no. Para algunos, una nación es (sólo) una comunidad política, sólo hace falta la voluntad de los sujetos de constituirse como tal para tener una nación. No hace falta homogeneidad ni cosas de esas. Es la concepción de ‘nación’ detrás de la Revolución Americana. Una nación es un conjunto de personas que deciden dejar de ser súbditos para convertirse en ciudadanos, formando un sujeto político autónomo. Fin del asunto.

Digamos que multitud es un poco como manada  y pueblo como rebaño

Pero luego vinieron los románticos a reventar el liberalismo y a construir la idea de nación tal y como la conocemos. Cogen la idea de nación como sujeto político y le meten todo el tema subjetivo-sentimental identitario politizando el concepto de ‘pueblo’. Cada pueblo es una comunidad política a la que le corresponde una nación. Es un combo de ente cultural, histórico y ético-político –a veces también étnico–  que da muchos problemas. Es decir, la nación es una comunidad cerrada cuya pertenencia se define sobre una base identitaria de elementos histórico-culturales; para ser ciudadano tienes que cumplir ciertos criterios, si no los cumples no puedes pertenecer a la nación.

La hostia de peligroso esto, eh. Muchos potenciales problemas de exclusión y discriminación al construir la comunidad política así. El concepto de pueblo es más fluido, menos monolítico. Uno puede sentirse parte de distintos pueblos, en diferentes escalas y con diferentes implicaciones, utilizando diferentes criterios para definir un pueblo u otro, sin que haya un conflicto identitario. Con lo de la nación esto no vale. Por norma general, uno no puede ser parte de dos o más naciones.

Las naciones las entiendo yo (y muchos otros, la idea es de Benedecit Anderson) como una comunidad política imaginada, limitada y excluyente. Y como tal, no existe más allá de la imaginación social. Una nación es, a fin de cuentas, lo que los nacionalistas dicen que es, lo que ellos definen como tal. Frente a pueblo, la identificación nacional es mucho más sentimental e irracional porque está ligada a la construcción de la propia identidad y encima tiene consecuencias políticas.

La cosa va un poco así: el pueblo adquiere conciencia de sí mismo como sujeto histórico-político, forma objetivos compartidos (lo de la voluntad única y tal) y se convierte en nación. ¡Tachán! ¡Magia! Para los de la LOGSE: una nación es un grupo de personas que se cree que forma una comunidad distinta de otras porque comparte elementos culturales/ lingüísticos/ religiosos/ históricos/ étnicos; tan distinta de otras que tiene un proyecto político propio y que para lograrlo tiene que constituirse en un ente soberano e independiente, es decir, un Estado.

¿Catalunya es un pueblo y/o una nación?

Es un pueblo, eso es difícil de discutir. Demasiado margen nos da ese concepto como para discutirlo. Lo de nación ya es más complicado. Depende de cuánta gente se lo crea, básicamente. Si hay suficiente gente que considera que no son sólo un pueblo, sino una nación porque tienen un proyecto político incompatible con el del resto de los españoles y que no se puede ser catalán y español a la vez, porque son cosas distintas e incompatibles, pues sí, son una nación. Una movida, esto de los constructos sociales.

Me vais a decir que qué es eso de creer, que no, que la nación existe de verdad al margen de lo que se crea o no. Que la historia, que la cultura, que… Mira, el pueblo catalán igual sí que se puede decir que existe al margen de creencias. Depende de cómo lo definas: los que hablan catalán, los que nacieron en Cataluña, los que viven en Cataluña… Pero la nación nace de la creencia compartida en su existencia. Si la gente no se lo cree, no existe. Para que aparezca una nación tiene que venir alguien que coja un puñado de elementos historico-lingüístico-culturales, construya un relato nacional con ellos, se lo venda a la gente y alguien se lo compre.

Recapitulando. Los pueblos pueden decidir cosas, está bien. Pueden decidir que se consideran nación. Pueden decidir que dentro de sí mismos hay otros pueblos y que esos pueblos quiere cada uno ser una nación diferente. El pueblo kurdo, por ejemplo, rema en esa dirección. Pueden decidir que no quieren ser una nación independiente, que su proyecto político es parte de otro compartido con otros pueblos porque juntos forman un pueblo más grande. Muchas opciones para decidir, no sólo dos camisetas.

Pero antes de que el pueblo decida cosas, alguien tiene que decidir quién es el pueblo. Tú si decides, tú no decides. Cuando ya hay una comunidad política autónoma que se identifica con el pueblo, está fácil. El pueblo español = los nacionales españoles. El Estado, guardián de la comunidad nacional, define esa nacionalidad y dice tú sí, tú no. Pero cuando hay problemas y el pueblo tiene que decidir sobre esas cosas, suele ser cuando el pueblo no forma una comunidad política independiente (un Estado). Dos escenarios posibles: el pueblo que quiere decidir cosas está dentro de un Estado con otros pueblos o forma parte de un pueblo más grande; el pueblo que quiere decidir cosas está esparcido por varios Estados. Puede venir otro desde arriba a decir quiénes forman el pueblo, desde el propio Estado o puede venir de dentro desde el propio pueblo.

¿Y cuál es el criterio que se usa para esto de «tú sí, tu no»?

Con pueblo depende. Depende de cómo se esté definiendo. Pero si hablamos de nación, invariablemente es la territorialidad. Que llevo evitando mentarla porque es otro marrón gordo. Como lo del pueblo como agregado humano con elementos históricos/lingüísticos/culturales comunes es un poco fluido y muy difícil de precisar y hacer un censo con él, se opta para definirlo o bien por la etnia o por la territorialidad. La comunidad imaginaria se asocia a un espacio físico y desde ese territorio se crea el relato nacional, tanto para interpretar la historia, como el presente como el futuro. Hay varias maneras para definir la pertenencia a un territorio y por ende al pueblo/nación asociado. Desde criterios tan laxos y variables como la residencia (que es el que se está usando en Cataluña), a otros invariables como el lugar de nacimiento o la territorialidad de los padres.

O sea que… ¿tanta hostia con la historia, la lengua, la cultura y demás y al final lo que más cuenta es en qué terruño tuvo a bien tu madre darte a luz? ¿O, menos trascendental incluso, dónde estás pagando el alquiler ahora?

Eso parece. Entonces… ¿la gente que vive en un territorio es un pueblo? Pues sí. O eso dice la Generalitat. Somos así. Las personas somos animalicos territoriales. Para evitar la fluidez de cultura, lengua, historia… las anclamos al trozo de tierra en el que existimos. En nuestra escala temporal, las montañas y los ríos no se mueven mucho, así que son una buena referencia. Los grupos humanos existen en el tiempo y en el espacio. Son nuestras dos principales variables para entender el mundo.

Si nación y territorio son un pack, ahora hay que decidir qué metro cuadrado es del territorio y cuál no, ¿no? Para luego poder decir tú sí, que eres de aquí y tú no, que eres de allí (nótense los referentes espaciales, que pasan tan desapercibidos a veces). Pero esto de la territorialidad de la comunidad imaginaria lo dejamos para otro día.

Vamos a pensar todos esos conceptos en contexto. El ahora. ¿Qué utilidad tienen unos criterios de definición de la comunidad política basados en la pertenencia a un territorio, a un grupo étnico, a una lengua, a una cultura… en un tiempo en el que las sociedades son cada vez más multiculturales y los flujos migratorios son cada vez más masivos? ¿Igual hay que empezar a aparcar lo de pueblo y desempolvar multitud? ¿Igual vamos a trabajar cada vez más con comunidades políticas que no están marcadas por una única voluntad? Todo sin olvidar que ante el ariete posmoderno y el derrumbe las identidades tradicionales se erigen fortines de identidades de resistencia, apuntalados con historia, tradición, religión y otros grandes pilares premodernos.

Os dejo con la pregunta del millón: ¿En base a qué podemos construir comunidades políticas funcionales en este tiempo?

 

 

PD: Próximamente: territorialidad e identidad.

 

 

Ana Ideia

 

Ay amiga, te han violado y no lo has entendido

Yo no me olvido de eso, pero nunca lo había contado porque me daba vergüenza ‘lo tonta que fui’, ‘lo irresponsable que fui’, ‘lo boba que parecía’ ahí, como una gallina deshuesada en ese sofá”, escribió Teresita Goyeneche (VICE Colombia)

Más de una se sentirá identificada con esta historia; chica borracha medio inconsciente, de fiesta con amigos, termina en la cama de uno de ellos sin saber cómo ha llegado hasta allí. Sola o acompañada, se despierta desnuda con recuerdos borrosos de la noche anterior. A partir de aquí, las historias suelen terminar con una vergüenza inmensa que impide a la víctima ni tan siquiera contárselo a sus amigxs, mucho menos pedirle explicaciones al violador. La víctima se cree el culpable y aquí termina todo.

violado

Parafraseando a aquellos jueces que preguntan si apretó bien las piernas o cómo iba vestida, la víctima hace memoria buscando en sus alcoholizados recuerdos algún detalle que la implique en la escena del crimen. Tal vez tonteó con su amigo sin querer llegar a más, tal vez hizo creer al violador que quería mantener relaciones sexuales. Tal vez iba tan borracha que se merecía lo que le pasó. Porque claro ¿cuántas veces te han dicho que ser mujer es peligroso y colocarte en una posición vulnerable, como acabar borracha puede acabar en lo que acabó?. Dentro de tí solo encuentras argumentos para exculpar a la persona que te violó, a la que conocías, y razones para fustigarte y de las que aprender la próxima vez. Ay amiga, te han violado y no lo has entendido.

No era un desconocido que te asaltó a punta de cuchillo volviendo a tu casa de noche, como te habían dicho que iba a ocurrir. Era un amigo que probablemente no necesitó hacer uso de la fuerza para violarte, a cara descubierta, que no tuvo problemas para mirarte a los ojos al día siguiente.

Estos casos son tan comunes que buscar una explicación debe hacer referencia a una ley universal. La ley del patriarcado, ese sistema que ampara, promueve y sostiene que el cuerpo de la mujer puede ser objeto de uso y disfrute sin consentimiento previo. Que alienta a los hombres a pensar que el silencio administrativo de la víctima puede considerarse un consentimiento. En estos casos en los que el uso de la violencia física no es necesario para violar, identificar la violación se vuelve casi un imposible. La víctima se culpa por su irresponsabilidad mientras el agresor se va de rositas con la conciencia limpia como una patena. Es triste ver como se defiende esta postura, de maneras más o menos encubiertas, en los medios de comunicación, en las familias o en los grupos de amigxs.

Hace poco en mi trabajo, comentábamos este tipo de situaciones otras dos chicas y yo. Acostumbrada a moverme en círculos, digamos, progres, la hostia de realidad que me supusieron sus opiniones me tuvo que dejar con cara de haber acabado de salir de una cueva. Opinaban que es imposible ir tan borracha como para no enterarte de lo que están haciendo con tu cuerpo, que hay que pensarse mejor lo que se bebe y lo que no, que la chica de la violación en grupo de los San Fermines en realidad sí que quería aunque luego se fuera la cosa de las manos. ¡Ah! La última y la mejor; que también hay hombres violados. Curiosamente para ese argumento ad populum se le ocurrió a una de ellas comentar otro caso de San Fermines de este año en el que un chico se levantó y otro se la estaba chupando. En ese punto se me ocurrió señalar que estaba siendo violado por otro hombre, por lo que tal vez estuviera relacionado con el hecho de que a los hombres no se les educa para no violar, sino todo lo contrario, se les inculca una superioridad de deseos e intereses que primen sobre los deseos e intereses de los demás.

En un contexto como el que acabo de describir, con ese argumentario de lugares comunes tan masticado  ¿Nos sorprende que los casos de violaciones de este tipo no se lleguen a denunciar? ¿Nos asombra que la vergüenza, que la falta de educación en el concepto de violación, la falta de herramientas, el tabú o el miedo impidan a las mujeres denunciar estos casos?. ¿No es inútil que eduquemos a las niñas en el miedo a que las violen en vez de educar a los niños para que no violen? ¿Tenemos que vivir con miedo para que otros puedan pegarse la vida padre?

En mi caso no denuncié. Peor aún, no llegué a comprenderlo del todo hasta pasado casi un año desde lo sucedido. No es que me pasara cada segundo de mi vida pensando en lo que había pasado, pero le daba muchas vueltas, intentaba recrear lo ocurrido, intentaba exculpar a la persona que me lo había hecho y procuraba aprender de mis errores para que no volviera a suceder. Por supuesto, con ese comportamiento solo perpetuaba el rol que me había tocado por nacer mujer, solo seguía cumpliendo con mi papel de culpable. Yo fui mi propio verdugo. No necesité miradas reprobatorias ni personas de mi entorno incriminándome. Me lo hice todo yo solita.

Estaba de Erasmus y como os podréis imaginar iba con un pedo de colores cada vez que salía de casa. Me juntaba con un grupo en el cada una era de su padre y de su madre y de todos los rincones de Europa. Solíamos pegárnosla fuerte en casa de unos y acabábamos siempre bastante mal. Una noche, y según el testimonio de una de mis amigas, uno de ellos me cogió a lo saco de patatas y me llevó hacia las habitaciones. Nadie le dio importancia. Nadie gritó, nadie se asustómenos aún yo, que estaba al borde de la inconsciencia-.

violacion_amigaEn esa habitación tengo recuerdos fugaces-creo que fui con los ojos cerrados desde antes de que me cogiera en volandas hasta por la mañana-. He de dar encima las gracias porque no fue tan traumático ya que no recordaba nada. Cuando me desperté, estaba desnuda y tenía semen en la vagina. Otra cosa por la que debo encima de dar las gracias es por hormonarme, ya que mi amigo no se preocupó en dejarme embarazada-menos aún en pegarme alguna ETS-. Fui corriendo a la habitación de otro amigo-este era el único español de la casa- a despertarle y preguntarle qué coño había pasado. Aparte de descojonarse y contarme lo que acabo de escribir, me dijo que otro amigo que también estaba en la fiesta, y con el que me estaba liando, se había mosqueado y se había pirado nada más me vio irme con el violador otro sentimiento de culpa que echarse a la espalda-.

En ese momento y tiempo después nunca se me ocurrió denunciar. Yo era la culpable de que aquello hubiera ocurrido. Igualmente con el que me estaba liando no me creía cuando le conté lo que había pasado y pensó que era una excusa. La relación que mantuve desde ese día con el violador se puede resumir en: todo siguió entre nosotros como hasta ese momento. A veces intento echar mano de las dificultades comunicativas entre él y yo respecto al idioma para evitar no culparme a mí misma por no haberlo hablado con él, haberle explicado cómo me había hecho sentir, pero realmente sé que no lo hice por vergüenza. Porque, en el fondo, sentía que había sido mi culpa.

Camila, 37 años -Yo no sé por qué seguí siendo su amiga después de lo que pasó. Tal vez no quería creer que había pasado, o quería perdonarlo. Creo que era tal vez la inmadurez de la edad. No sé.

Juliana, 25 años-Al día siguiente desperté sin pantalones y sin ropa interior. Luego recordé que había tenido un “sueño” en el que me quitaban los pantalones; yo lloraba e intentaba pelear pero no podía hacer nada por la borrachera.

Andrea, 23 años-De hecho algunos amigos me dijeron que tenían una imagen distinta de mí y me pegaron la bronca por haberme emborrachado. A ellos sí los mandé a la mierda porque me parecía muy contradictorio: yo a ellos los había visto millones de veces así, o peor, y los había cuidado. Esa era la primera vez que yo terminaba así, y tengo la sensación de que todas sus críticas fueron porque yo era una mujer.

Yo también salí de la carrera y no tenía ni puta idea de qué hacer

Ese momento en el que te encuentras escuchando listas de reproducción de Cat Power, de madrugada, buscando una serie para engancharte, a punto de terminar la carrera, y descubres que ¡Oh! No tienes ni puta idea de qué vas a hacer. Descubres ese vértigo al asomarte al abismo y ninguna técnica de organizar tus ideas que hayas encontrado en Pinterest te sirve realmente de algo. Bien, pues como la gran mayoría de la gente te has pasado cuatro, cinco, seis, siete, diez años sin pensar qué has de esperar para después. No hay camino de baldosas amarillas, No hay Google maps.

idea

Todo te hace pensar que estás en ese cruce de caminos y que según cúal tomes el resto de tu existencia va a depender de esa decisión. Lo que te han enseñado a lo largo de tu corta vida es probablemente que tienes que reflexionar. Si, reflexionar, el comerte la cabeza de los adultos maduros y racionales.

Si te sirve de algo, yo pasé por ese momento hace algo más de un año y reflexionar no sirve de mucho. Al menos no de la manera en la que se reflexiona mayoritariamente. Cuanto más le daba vueltas al futuro más borroso se veía todo, menos me convencía ninguna opción y más cerca me veía de acabar tirando por la vía fácil. La vía fácil para todo pollito recién salido de la Universidad con suficientes medios es elegir un máster que no te provoque arcadas y tirar para alante; es decir, retrasar al menos un año más esa situación de encontrarse frente al abismo. Total, teniendo en cuenta cómo estás, cualquier cosa es mejor que verte tirada en el sofá o soñando con ser camarera como en ese anuncio de JobToday.

Conozco de todo; desde gente que viendo el panorama nacional ha cogido las maletas y está sirviendo lattes y pizzas en alguna ciudad centroeuropea, hasta ninis, pasando por jóvenes que milagrosa o enchufadamente han conseguido trabajo de lo suyo. Creo que nada de lo que hayas pensado hasta ahora funciona, si te has encontrado o te encuentras sin saber qué hacer. Porque, también conozco, a personas que años después de haber atravesado ese momento y haber tomado una decisión, de repente se encuentran de nuevo en la encrucijada, ahora más viejos, ahora con menos opciones, ahora con más problemas. Por eso te digo, disfruta de ese momento, no porque no volverá-que volverá– sino porque lo mejor que te puedo decir es que no creo-científicamente hablando– que estés tomando una decisión vital. Que toda esa agonía que creas que estás experimentando no es sino miedo por pensar que no vas a tomar la decisión correcta. Y es que, amiga, y por coelhoano que parezca, no tienes ni las herramientas ni la perspectiva ni la posibilidad de saber si lo que estás haciendo es lo correcto.

Creedme cuando os digo que yo tomé la vía fácil y no estoy ahora cosechando lo sembrado ni nada parecido. Que me arrepiento de no haberme tomado tiempo para pensar y descubrir de verdad, y no reflexionar. El fin no está a la vuelta de la esquina, y no te estás quedando atrás cuando pausas, que era otro de mis miedos. No sé dónde me encontraría ahora si no me hubiera decidido por lo que me decidí, pero tú tampoco.

Nosotras y el Estado del Medioestar

El número de multimillonarios en España ha aumentado un 44% desde 2011. España se convierte en 2016 en el país más desigual de la OCDE. Los 20 españoles más ricos tienen tanto como el 30% más pobres y según un estudio de Oxfam, el patrimonio de las grandes fortunas subió un 15%, mientras que el del 99% restante cayó un 15%. Una economía al servicio del 1%. Nadie discute ya que esto no es una crisis, es, como diría un portavoz del PP, un reajuste. Un trasvase de riqueza de los desarrapaos a los forraos.

Entonces, si es tan obvio que nos han estafado como a guiris ¿Por qué no estalla nada? ¿Tendrá la sociología respuestas?. Tenemos una teoría. Existe una dinámica sutil, una percepción creada, una convicción, entre los que tienen poco, que nos distingue de los que no tienen nada, y que engaña a nuestros cerebros, ah, con la esperanza. Con la falsa creencia de las aspiraciones, la dulce muerte de la razón.

medioestar

Al fin y al cabo, todas queremos vivir más o menos en paz, si no tienes dinero para conseguir bienes, se pone de moda el minimalismo grunge y el reciclaje es cool. Un piso ruinoso lleno de palés tiene encanto. Comprar de segunda mano también. El sistema convierte en consumo válido y atractivo nuestras limitaciones. Él también se reajusta. Incluso si no quieres recogerlos de la calle (que la mendicidad todavía no queda bien), IKEA te vende a módicos precios bienes fabricados en cadena que parecen auténticos y creativos.

Ser pobre como rata está de moda. Y digo yo ¿Por qué no dejamos de hacer bandera de nuestra condena? Pues porque queremos vivir en paz. Queremos sentir que nuestro acotado margen de maniobra es en realidad muy moderno y envidiable. Que la precariedad en un trabajo es en verdad movilidad. Que eso es algo a lo que hay que aspirar. ¿Por qué? Porque es útil. ¿Es útil para tu vida? Tal vez no . Pero, si es muy juvenil cambiar de trabajo constantemente, cobrando una mierda, sin convenios, sin vacaciones, sin sueldos decentes ¿pensarías lo mismo?. Tus padres aspiraban a pagarse la hipoteca ¿Quieres tú eso? No. Quieres ser libre y no estar atado ¿Quieres eso? A lo mejor, y solo a lo mejor, estamos maquillando nuestra triste realidad como una decisión tomada. Y a lo mejor, alguien lo ha decidido por nosotras.

Nuestros sueldos de miseria necesitan un mercado con bienes miserables. Si reajustamos nuestras aspiraciones ¿Para qué tenemos que reajustar el Sistema?

El Estado del Medioestar, el Estado del Miedoestar

UNA ABUELA DE LA MANCHA

Nací en el 1930 en un pueblo conquense donde he vivido desde siempre, pertenece a una zona de transición entre La Alcarria, la Mancha y Serranía de Cuenca en lo que antes era Castilla la Nueva que comprendía Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara.

La vida laboral de la comarca se basó principalmente en la agricultura y, en menor grado, en la ganadería, sobre todo en el pastoreo de ovejas. La gente pobre ponía a disposición a los muchachos para ejercer de rochanos que eran ayudantes de los pastores para carear las ovejas, para reunirlas y dirigirlas por las sendas. Estos no iban a la escuela, lo que hizo que muchos oficios del estilo provocasen analfabetismo.

Muchacho del pueblo entre travesaños intentando ver la corrida de toros en 1954.

Muchacho del pueblo entre travesaños intentando ver la corrida de toros en 1954.

La agricultura era esencial en la economía del pueblo. En los alrededores la gente trabajaba las tierras (propias o ajenas) cultivadas con cebada, centeno, trigo, escaña (tipo de trigo), avena, harina de titos (o de Almortas) y garbanzos. A parte de las eras, donde se realizaban todas las labores agrícolas: trillar, aventar, apalear las tortas de girasol, secar las pipas…, cada familia tenía pequeños huertos para abastecimiento propio.

Aunque teníamos un río y un afluente, desde que tengo uso de razón casi siempre han ido secos, lo que provoca y provocó escasez de agua. Entonces, se sobrevivía con el agua de los pozos de las casas y de en derredor. Con los trabajos del campo y yendo de peones a otras casas con labranzas más grandes se sacaba adelante a las familias, que eran muy numerosas, normalmente de 5 o 6 miembros, aunque había quienes llegaban a 11 o 12.

La guerra estalló en el 36 y yo tenía 6 años. Me acuerdo que en esa época mi abuela decía

¡Pero bueno! Es que quieren lo que no es suyo y eso no puede ser.

En ese momento yo no entendí qué quiso decir hasta más adelante. La gente se tuvo que ir al frente con 16 o 17 años; de hecho, mi padre fue de los últimos. Sucedió ya al final de la guerra, que en vez de ‘ir largo’ le destinaron a Saelices a 6 km, a una finca a estar con las mulas para arar porque tenía fama de buen labrador y mercader así que se le puso a la cabeza. Mi madre y otra familia decidieron ir a ver a los hombres allí destinados por lo que sacamos una galera con entálamo que teníamos. Engancharon el carruaje con las mulas y allí nos llevaron a los chicos a que viéramos a los padres en la finca.

Mi padre era industrial ya que tenía tienda y taberna y se dedicaba también a la compraventa de pipas y ganado, a la venta y transporte de cubas de vino, etcétera…

Aquellos tiempos fueron bastante duros; gente desaparecida y asesinada por todas partes y teníamos constancia de que allí también sucedían.

Cuando llegamos a aquella finca preguntamos a los que llamaban Los Marqueses de Saelices que conocía mi madre si habían “sacado a alguno” y dijeron que no sabían y negaron conocerla. España entera miraba por sí misma y preferían vivir dormidos sin enterarse de nada.

Durante la guerra, se produjeron bastantes saqueos en casas “de buena posición“. Entraban y si tenían dos o tres jamones se los llevaban. Además de ropas o lo que fuera.

Hubo 8 o 10 personas que se quedaron en las cámaras de las casas grandes por si se les llamaba al frente, ya que quedaba cerca San Martín de la Vega, punto bélico donde se produjeron bombardeos. Eran tanto de un bando como de otro y al tener que convivir procuraban no pronunciarse porque desconfiaban unos de otros. Cuando se terminó la guerra, una parte de “La Cuarenta y nueve“, la 49ª Brigada Mixta, que fue un pequeño ejército en defensa de la segunda República, también se hospedaron en el pueblo.

A un hermano de mi padre le encarcelaron. Mi tío tenía un par de mulejas además de cuidar otras tantas en una casa. En ese tiempo apareció, lo que se llamaba entonces, un comité (una cooperativa), donde se trabajaba de forma conjunta y se repartían los beneficios. Entonces mi tío, aún advertido por mi padre, se metió y allí perdió todo. Porque al estar al cargo de los animales en la casa, manejaba bienes ajenos que le fueron solicitados en la cooperativa, como paja… El hombre ofreció lo que pudo excepto lo que no le pertenecía y con la excusa del estallido de la guerra, fue encarcelado.

La guerra en el pueblo la vivimos de una forma más o menos tranquila, al empezar la guerra se llevaron únicamente, y digo únicamente comparando con la cantidad de muertes indecentes que sucedieron en toda España, a dos a fusilar: a un padre y a un hijo, que no quiso dejar solo a su padre.

Todos mis hermanos y yo fuimos a la escuela, en eso tuvimos suerte. Y cuando salíamos de clase, mi madre nos enviaba a dar clases particulares con una maestra de izquierdas, que por supuesto no obtuvo plaza por su condición política. Pero mis padres vieron bien ir a aprender más con ella. De esto te hablo de cuando yo tenía 11 años.

Después, terminó la guerra y vinieron los Requetés (o boinas Colorás) castellanos que eran un batallón de nacionales Carlistas a “poner orden y a dar las instrucciones al Ayuntamiento para apaciguar la cosa”.

Muy cerquita de aquí, tras la guerra al monasterio de Uclés se le dio un uso de cárcel para presos políticos (en él es donde estuvo mi tío encarcelado). Recuerdo que allí mataron a mucha gente bajo el ojo por ojo. Más tarde los curas recuperaron el monasterio encargándose de restaurarlo bajo el brazo del obispado de Cuenca. Aun cuento con cierto temor esta historia.

En fin, la vida en el pueblo era un tanto monótona, aunque tuvimos bastantes visitantes. En la plaza del pueblo, por ejemplo, había una posada donde venían a hospedarse los arrieros y de vez en cuando nos traían pellizas, melones, cerdos, garbanzos… cualquier cosa.

Durante la Posguerra hubo mucha hambre en España con el racionamiento, pero en el pueblo siempre se había pasado muchas penurias. Mis padres tuvieron una época en las que vendían las sardinas de Villajoyosa por el dinero justo para comer, vivimos al día. También teníamos harina para cocer el pan y harina de almortas para hacer gachas manchegas, a veces incluso viudas. También había algunas mujeres que para ganar algo de dinero, les pagaban otras madres para que dieran de mamar a los hijos si la que había tenido el hijo carecían de lactancia. Tiempo después, sobre los 60, alimentábamos a los hijos con Pelargón, que era leche en polvo.

Cuando acabé el colegio, como teníamos una tienda pues me encargaba de ella y de la casa. De mis hermanos, unos iban a labrar, otros iban con mi padre a comprar el pescado con un camión a la plaza del mercado de Madrid (plaza de la Cebada) donde comprábamos de todo para el negocio, sobre todo pescado: 7 cajas de sardinas, merluza, boquerones, besugo o japuta. Desde el pueblo, cuando venían de Madrid se iba repartiendo un poco de lo adquirido en Madrid por los pueblos de la comarca, desde aquí hasta Sacedón para las demás tiendas. Lo que fue una visión de mercado muy acertada para la época.

Al Mercado de la Cebada entraba todo el pescado al por mayor y los de las tiendas de Madrid y alrededores, como nosotros, comprábamos al detall. A su vez de lo que comprábamos vendíamos lo sobrante para los demás pueblos de forma similar a los arrieros.

El Mercado de la Cebada de Madrid en 1929

El Mercado de la Cebada de Madrid en 1929. Aquí se ve como entraban las galeras para comprar al “detall” (la foto no concuerda con los años en los que nos movemos pero te haces una idea de la situación).

Los demás hermanos ayudaban a mi padre a envasar pienso, a labrar o a viajar a Valencia a por naranjas, que después se vendían con la bicicleta y un canasto atrás por todo el pueblo.

También tuvimos taberna, yo empecé a despachar desde los 12, que sería cuando acabase el colegio (que se empezaba a los 6 años, pero mi madre tenía mucha confianza con la maestra y me pudieron admitir a los cinco años). Despachaba siempre a un señor un cuartillo de vino que, aunque era menos de medio litro, terminaba siendo el medio. Y el hombre me contaba algún chascarrillo que otro, del cual aún me acuerdo:

“Algunos van a la iglesia y entran como si entrara un borrico a la cuadra. Yo cuando voy a la iglesia digo A casa de Dios vengo a entrar hijo de Dios vengo a adorar. Y cuando me marcho digo Adiós palomita hermosa de Jesucristo sin esposa. Aunque me voy no me voy, aunque me despida no me despido. A la hora de mi muerte vente conmigo”.

En un momento determinado mi padre decidió dejar la taberna para quedarse sólo con la tienda, ya que las dos cosas eran demasiado negocio que atender.

La tienda estaba situada en los bajos de una casa que no era de nuestra propiedad y los dueños decidieron vender la casa entera por lo que nos ofrecían 25.000 pesetas para salirnos de ella. Mi padre dijo que no quería dejar el negocio y quiso comprarla él. Los dueños le pidieron por ella en mano 175.000 pesetas, que en 1960 era muchísimo dinero. Entonces mi padre vendió todo: pienso, tierras y de todo. Ya que mucha gente quería esta casa porque, al estar junto a la iglesia y ser tan antigua, estaba muy demandada por gente que tenía mayor poder adquisitivo que nosotros.

La tienda era de ultramarinos, vendíamos de todo: judías, garbanzo, chocolate, aceite vinos, detergentes, lapiceros, libretas, cordones de zapatos, albarcas (tipo de calzado para ir al campo), fruta, bebidas como la gaseosa (Revoltosa), pescado…

Las fiestas más importantes fueron, como en la actualidad, para el día de Santiago y Santa Ana donde siempre ha habido toros. El 18 de Julio era otra fiesta señalada, el aniversario del alzamiento nacional. Que se celebraba básicamente no yendo a trabajar. Las gentes sacaban las banderas en las ventanas, una bandera de España y una bandera blanca que no me acuerdo del motivo (seguramente sería la bandera de los Boinas Rojas anteriormente nombrados).

Banderines que se pusieron en la plaza de toros el día que toreó Luis Miguel Dominguín (padre de Miguel Bosé).

Banderines que se pusieron en la plaza de toros el día que toreó Luis Miguel Dominguín (padre de Miguel Bosé). La foto fue tomada en 1954, un año después de la firma del acuerdo bilateral con EEUU que permitiría a España salir de su aislamiento internacional.

Cuando trajeron el agua al pueblo lo conmemoramos poniendo una fuente en la plaza e hicimos una fiesta por todo lo alto; de hecho, como mi padre tenía la taberna el ayuntamiento le propuso poner un barril de bebida en la plaza del que podía beber todo el pueblo gratuitamente y se hizo una corrida extraordinaria de toros a la que concurrieron Luis Miguel Dominguín y Antonio Bienvenida, dos grandísimos toreros.

En el año 1956 me casé y pusimos una casita al lado de mis padres. Al final cuando compramos esta casa nos vinimos todos con mis padres y mi marido.

Tuve dos hijas, que me ayudaban desde bien pequeñas. Me ayudaban con todo lo que podían en la casa y como yo tenía tanto trabajo me fregaban los cacharros antes de ir a la escuela, exceptuando las cucharas que eran de alpaca y eran más difíciles de fregar.

Para traer agua íbamos a una fuente, la fuente del Cazaizo. El agua en las casas, los desagües, la pavimentación de las calles llegó en los años finales de los 60.

Tiempo después enviamos a mi hija mayor a estudiar a Cuenca a las monjas a hacer el bachiller y la otra hija menor quedó en el pueblo haciendo la EGB hasta que tuvo que marcharse también cuando ingresó en el instituto.

Entonces decidimos comprar un coche para ir a verlas, pero yo no quería un coche de segunda mano. Como teníamos que hacer obra en la casa y edificar un granero para la labranza dijimos: “Antes de hacer la obra, vamos a comprar el coche que a ver si vamos a quedarnos sin dinero con la obra y no podemos comprarlo después”. “Así que lo compramos antes y lo tenemos aviao”. Corría el año 1968 cuando compramos el Seat 600

Fuimos de los primeros en tener los inventos de la época como radio, televisión y teléfono.

Los que teníamos teléfono llamábamos primero a la centralita para que nos pusiera con quien quisiésemos. De hecho, fuimos los quintos del pueblo en tener teléfono, por detrás de la fábrica de harinas y antes que el ayuntamiento. Lo sé porque lo he vivido y por mi número actual.

Mi marido se dedicó siempre al campo y yo en la tienda. Aunque alguna vez tuve que ayudarle, pero yo no estaba acostumbrada al campo porque siempre estuve en la tienda y mis hermanos en el campo. Pero desde aquel momento fui muchas más veces a ayudarle con las olivas.

Mientras cogíamos aceitunas nos acordábamos de nuestras chicas que estaban ya estudiando en cuenca en un piso que le alquilábamos por 7.000 pesetas. Donde en un principio estaba una hija y una amiga, más tarde fueron llegando otras compañeras y así ahorrar en gastos. Y los domingos íbamos a verlas con el 600.

Siempre hemos vivido en tranquilidad y “bien”. Pero con mucho esfuerzo, mucho trabajo y mucho ahorro. Ya que estuvimos siempre acostumbrados a trabajar mucho viviendo con lo mínimo.

Cartel cinematográfico de la obra de la Fierecilla Domada que vieron mis abuelos en los cines de Bravo Murillo.

Cartel cinematográfico de la obra de la Fierecilla Domada que vieron mis abuelos en los cines de Bravo Murillo.

Nunca fui de vacaciones ni cuando me casé, eso no se estilaba entonces. Solamente fui a Madrid unos días cuando era pequeña donde tuve algún que otro problema con el metro hace 70 años (con 15 años), que te contaré en otro momento. También fui a los 6 meses de casada digamos que: “en luna de miel”. Recuerdo ir a ver una película en un cine de bravo murillo: la Fierecilla Domada, donde salía Carmen Sevilla, me parece.

Paris.

Algunas fotos fueron tomadas de la exposición de Francesc Català-Roca.

Festival AFROCONCIENCIA 2016

Hoy hace una semana que nos enteramos que se estaba celebrando el festival de Afroconciencia así que, con un calor que te torras, nos acercamos al Matadero de Madrid.

Se celebraron diversas charlas de concienciación e intercambio cultural organizadas por afrodescendientes.

Destacó la charla de debate Afrofeminismo con Nair Macedo (Kwanzaa), Antoniette Torres Soler (Afroféminas), Asha Ismail (Save a girl, save a generation) y Jane Oma (Upside África).

Se montaron distintos puestos de productos africanos donde podías adquirir gastronomía del lugar, así que, entre arroz con pollo o ternera y plátano frito podías entrar en conversaciones sobre identidad negra, literatura o música. Así que algo catamos en los puestos del patio bajo la sombra que hacían las lonas. Había bisutería artesanal, literatura afro, pintura y unas láminas impresionantes.

Aprovechamos para visitar diferentes espacios del Matadero que, aunque no tenían mucho que ver con el festival, fuimos a echarles un huele y… ¡menudo acierto! Una exposición sobre tipografía de la mano de varios artistas. Vimos tipografías plasmadas en botellas de vodka, revistas, carteles publicitarios…

También nos adentramos en la obra (SELFIE) de Darya Von Berner donde sentimos la luz artificial que recordaban a los flashes de las fotografías, carteles publicitarios luminosos, focos de escaparates, tv o pantallas de ordenador. Píxeles que marean y atontan. Píxeles que incentivan el narcisismo.

Al atardecer, terminó la charla de “¿Y tú por qué eres negro?” con un debate abierto mientras cada vez se llenaba más el patio del Matadero. Cuando empezó la maravillosa Astrid Jones y su guitarrista el aforo estaba bastante lleno y con un buen rollo impresionante que habían dejado las charlas de la tarde y el comienzo del concierto.

Con las luces blancas del escenario, los carteles de los retratos y el Jazz en acústico no se podría estar mejor en una noche “de verano” en el no tan caluroso Madrid.

 

Paris.