CRISIS DE IDENTIDAD

Hoy es ese día. Una de esas fechas que tienen lugar solo en ocasiones puntuales a lo largo del año, y lo mejor es que no tengo ni idea de por qué se celebran, pero siempre llegan. Hoy estoy vacío.

Desde que me levante del nido y caí del árbol por la mañana temprano, como si de un pequeño fruto se tratase, ya tenía alrededor multitud de insectos tratando de incordiarme sin ni si quiera haberme dado la oportunidad de madurar ni 10 minutos. La cocina era una algarabía de gritos, hablando de lo que hay por hacer y de que lo ya hecho estuvo mal.

Trataba de ayunar mis palabras con profundas respiraciones, pero tanto ruido no se paliaba ni con la mayor precisión. Era imposible estar sereno, lo cual me hizo intuir que algo fallaba, ya que la mayoría de las veces estoy tan dormido a esas horas o me da tanto igual, que mi capacidad de abstraerme podría ser equivalente a mi profe de mates de segundo de la ESO.

No sé qué, pero algo desencajaba dentro de mí, aunque la sensación era más bien de ausencia. La conversación no era fluida, para que voy a hablar si no me interesa lo más mínimo, si estoy haciendo el esfuerzo de dialogar es por compromiso o por llevarte a la cama. Me aburren.

La decisión de hacerme un porro es inminente, gracias Tierra por compartir tu magia y otorgarme una hora de tranquilidad, pero lo bueno no dura para siempre, ni mi china tampoco, así que me toca ir a mi habitación a seguir la fiesta.

Empiezo a reflexionar acerca del gran cúmulo de mierda y mal estar que se genera en todo nuestro planeta, pero ni aún así mi capacidad empática es capaz de trasladarme de situación a la vida de Jamal, que filtra el agua del río lleno de heces que caga el jefe que explota a su madre, para poder beberla. Parece ser que mi cabeza es demasiado fuerte como para obviar mi irreal realidad, ya que llevo todo el día preguntándome que me pasa.

Creo que el hecho de que me ocurra esto tiene una explicación positiva, o por lo menos he de pensarlo así, ya que si no podría ser peor. Finalmente decido fluctuar sobre el papel, escribiendo unas pocas rimas de cómo veo el mundo; perspectiva que resulta bastante deprimente, pero mi mente se abastece al abstraerme de la gente.

Puede que solo necesitara poner varias cosas en su sitio, dedicarme algo de tiempo a mí mismo, tumbarme el tiempo que fuera necesario en la cama de mi habitación y mirar al techo; respirar.

Tanto tiempo fuera de mí me había hecho comprender que lo único que me sucedía, lo único que me faltaba, estaba. Sólo tenía que pararme en seco y disfrutar de las vistas.

Pedro Lapalma.