Les estamos matando, joder. Lesbos.

Les estamos matando, joder.

Es una frase que me viene a la cabeza andando por el paseo marítimo de Mitilene, en Lesbos. Enfrente, a unos pocos kilómetros se ve perfectamente la costa de Turquía. Solo se ve pasar a los barcos de la frontera Europea. En la playa, un poco más adelante, hay chalecos salva vidas, y las lanchas rotas que han conseguido llegar hasta aquí. Solamente el año pasado, murieron ahogadas mas de cinco mil personas en este estrecho. Pero aquí no se piensa en cifras, aquí se empieza a pensar en caras y en personas reales.

Solo el año pasado murieron ahogadas más de cinco mil personas buscando asilo en Europa, nuestra gran maravilla, el territorio sagrado del progreso. Aquí están los supervivientes, y son las caras que me cruzo de camino a Kara Tepe, uno de los “campos de refugiados” en la isla. El otro gran campo es Moria, y realmente el nombre lo dice todo. Si se esta interesado, se puede buscar información o fotografías del “campo” en Internet. Pongo campo entre comillas porque los europeos somos a veces muy graciosos. Un campo de refugiados nos trae a la cabeza una imagen algo triste de un montón de gente en tiendas de campaña pasando frío. Una imagen digna de ACNUR o cualquier otra organización solidaria. -Pondría solidaria con comillas también, pero vamos a dejarlo así.- Una imagen de esas que ves en las paradas de bus y dices “Ay, tengo que ayudar a esta pobre gente”.  Moria no es solo eso. Moria es una cárcel. Con todas las letras.

Un campo de refugiados, como lugar de asilo provisional, no tiene por que tener tres alambradas de seis metros de altura, con alambre de espinos en cada una de ellas. Ni tiene por que tener militares vigilando cada parte de esas alambradas. En el campo de refugiados de esa imagen vendida, los militares no amenazan a los voluntarios con que tienen que ser menos amables de lo que son con las personas refugiadas. En ese campo no hay ataques de gas contra los refugiados que intentan romper de alguna forma la dinámica carcelaria del campo. En ese campo no se hacen manifestaciones contra el régimen militar con un cadáver en una caja echa con pales. Tampoco aparece una cárcel donde los refugiados “conflictivos” pueden estar encerrados -nadie sabe lo que pasa dentro, es prácticamente imposible entrar, y los refugiados encerrados no tienen forma alguna de comunicarse con el exterior- durante meses, antes de una deportación segura. Tampoco se suicida nadie por no soportar la tensión a la que se les somete.

El campo de refugiados que nos viene a la mente es un perfecto marketing para la caridad europea. Para enternecernos, colaborar con alguna ONG y quitarnos ese pedacito de culpa que puede venirnos durante el viaje en autobús. Los refugiados no necesitan dinero, necesitan refugio. Necesitan un territorio, no nuestros diez euros mensuales para mantener un campo en el que se selecciona quien entra y quien no.

Moria es una cárcel, quiero repetir. No es ese campo.

Es el territorio donde realizar la quiniela de quien es suficientemente apto para nuestro paraíso europeo. De todas las personas que viven allí, muchas desde hace un año, menos de la mitad conseguirán el asilo en Europa. Bastantes menos, despues de la maravillosa convención de Dublín – a partir de este mes, los países europeos tendremos el derecho a deportar a Grecia a los -intentos de- refugiados que hayan entrado directamente a otros países de la UE.-  Si no era suficiente con el acuerdo con Turquia, toma ostiazo.

En Moria hace unos días que están sacando a las mujeres y niños, y llevándolos a otros campos. Justo una semana antes de empezar a aumentar el numero de deportaciones. Saben lo que va a pasar, los refugiados lo saben, y los militares también. Moria no es un campo.

Están arrestando refugiados en la calle y llevándoles directamente a la cárcel en Moria. A la cárcel, dentro de la cárcel, dentro de la cárcel.

Las deportaciones se están haciendo a Turquía, considerada por la Unión Europea como un lugar seguro. Una de las caras que he conocido, me ha contado como la policía turca le ha dado palizas, le han torturado y le han aislado, junto con otro grupo de refugiados que intentaban cruzar la frontera, en una islita en medio del mar, prometiéndoles que iban a volver a por ellos y nunca apareciendo. Me lo ha contado y me ha ensenado las cicatrices.

Los abogados que trabajan en Turquía con las deportaciones nos están asegurando que las personas deportadas están siendo enviadas a sus países de origen. Nadie sabe nada de ellos después de que son deportados. Les quitan cualquier tipo de contacto con el exterior, y nadie puede contactar con ellos. Sabemos desde aquí que van directamente a centros de detención, en los que están al menos tres meses como pena por el delito de huir de sus países de forma ilegal -si alguien conoce una forma legal de hacerlo, nadie por aquí la conoce- Después son mandados a otros campos de refugiados, separados por nacionalidades y deportados a sus países de origen.

Eso, para los europeos, es un lugar seguro.

Por eso los refugiados están huyendo de los campos, se están escondiendo en las playas, en los bosques y en la ciudad. Porque les están mandado a un lugar seguro.

No me jodas.

Les estamos matando, joder. Les estamos matando.