El pueblo no está decidiendo cosas

Alguien tiene miedo. Varios alguien tienen miedo. Mucho, diría yo, a juzgar por el comando Piolín desplegado en Barcelona. Tienen miedo de que el pueblo opine. Tienen miedo de que el pueblo decida cosas. Da igual qué cosas. Totalmente igual. Es un pánico a la idea, al concepto, a la mera posibilidad de que la masa elija cosas de manera autónoma. No os confundáis, no es lo que está pasando en Cataluña. El pueblo no está decidiendo cosas. Está contestando a una pregunta (o intentándolo) muy simple sobre una cosa muy muy muy concreta. Pero bueno, es un principio. Es el hermano pequeño de eso otro a lo que le tienen tanto miedo. Es el primer carraspeo que anuncia una neumonía. Y los que tienen miedo están intubando al personal a la primera de cambio antes de que se ponga feo. Mejor prevenir que curar.

La masa decidiendo cosas es una idea que da pánico. Porque si los residentes en Cataluña pueden opinar si quieren una república o no…. ¿a santo de qué no van a poder hacerlo los residentes de Andalucía o de Cantabria?

«¡Oye –me diréis–  pero que el referéndum va de la independencia, no de la república!». No. No va de la independencia. Bueno, sí, la pregunta era esa. Pero no va de eso el asunto. En el fondo fondo no va de eso. En el fondo, va de una parte de la ciudadanía del Estado español, la parte actualmente empadronada en la Comunidad Autónoma de Cataluña, manifestando su opinión sobre qué forma de organización política quiere. Esto es muy loco. Pero mucho. Muchísimo. Es un cambio en las normas del juego.

Chris Mcgrath

Y los que tienen miedo están intubando al personal a la primera de cambio antes de que se ponga feo. Mejor prevenir que curar.

Si la ciudadanía puede, espontáneamente, redefinir (o por lo menos pronunciarse sobre) el modelo de organización política que quiere, ¿quién le impide hacerlo sobre otros ámbitos de la organización social? El pueblo es el titular de la soberanía, como dice nuestra querida Constitución –y otras muchas–, pero no la ejerce mucho. Siempre de manera guiada y canalizada. Todo esto del derecho a decidir, no es sino el pueblo reclamando el ejercer esa soberanía y definir las características de su organización como comunidad política como le venga en gana y cuando le venga en gana, no cuando los pastores del rebaño decidan dejarles escoger.

Los pastores tienen miedo de que las ovejas decidan ellas solas a dónde ir a pastar y dejen sin trabajo a los pastores. De momento, son sólo unas cuantas ovejas decidiendo si se van con otro pastor o no. Pero por algún lado había que empezar a tirar las estacas que forman el corral.

Ya sabéis

 

Si estirem tots ella caurà i molts de temps no pot durar, segur que tomba, tomba, tomba, ben corcada deu ser ja. Si jo l’estiro fort per aquí i tu l’estires fort per allà, segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar.

 

Foto de portada: Susana Vera (Reuters)

Ana Ideia

La renta básica va en serio. ¿Qué tienen que ver la tecnología, el tiempo libre y el trabajo?

Dejémonos de chorradas. Por más que muchos se encarguen de silenciar el debate sobre la renta básica y en criticar a sus defensores, la renta básica no es ninguna idea feliz de un grupo de intelectuales dedicados a inventar nuevas formas de justificar la vagancia.

Es un hecho probado que la Globalización primero y la Inteligencia Artificial después han deslocalizado la mano de obra. La primera, hacia países no occidentales (por llamar de alguna manera a lo que otros llaman puerta de atrás), mientras que la segunda ha demostrado que unos pocos humanos con estudios superiores pueden crear mano de obra que deja muy atrás a sus congéneres menos cultivados,  defectuosos y que encima pretenden cobrar cuando enferman o se empeñan en comer todos los días. Es momento de empezar a considerar la renta básica como la única salida del pozo negro en que está sumido el mercado laboral.

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La renta básica la defienden desde premios Nobel en economía como James Meade o Jan Tinbergen, pasando por partidos políticos izquierdistas y colectivos internacionales, académicos y hasta multimillonarios. Muchos países se encuentran ya experimentando con la implantación de este modelo. Desde 1986 un comité europeo, Basic Income European Network (BIEN), que agrupa a miembros de distintas nacionalidades y recorridos político-sociales, se dedica a publicar información comprensible y crítica defendida por integrantes de más de 20 países y a elaborar propuestas para solucionar el problema sistémico del paro, la integración europea, pobreza, desarrollo, cambiar los patrones tradicionales de trabajo, carrera profesional y vida familiar y salvaguardar los principios de justicia social. Es como un think tank pero de los éticos, que se dedican a pensar por todos y no para defender los intereses de algunos. BIEN trascendió el ámbito europeo en 2004 y desde entonces se presenta como una red mundial especializada en la difusión y creación del debate técnico y político sobre renta básica.

La renta básica parte del concepto de considerar los derechos económicos como parte inherente del status de ciudadano. No importa tu nacionalidad o tus ingresos o tu patrimonio o tu profesión o tu sexo o tu interés por enriquecerte. La renta básica es un derecho universal que te permite organizar y decidir sobre tu vida partiendo de una seguridad material que te da el disponer de los recursos suficientes para subsistir.

No hay gobiernos capaces de crear puestos de trabajo. La solución de aumentar el gasto público para crearlos hace tiempo ya que dejó de ser viable, y en la actualidad ni los mercados de bienes emergentes y la hipertrofia de los puestos administrativos y burocráticos son capaces de asimilar la oferta de trabajadores. Por un lado confluyen un desarrollo tecnológico que va años luz por delante de la sociología, psicología, ciencia política, economía y antropología y que cada vez nos organizamos peor y sufrimos más por ello. El desarrollo tecnológico no está trayendo el desarrollo personal y social que nos prometieron. Mucho menos está ayudando a cerrar la brecha internacional, de género o de clase.

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Las reticencias a la aplicación de la renta básica vienen de unos pocos señores blancos y reaccionarios que ven el mundo cambiar y se cagan en los pantalones. Se aferran a este sistema, que hace años que da señales de no funcionar, y  rezan preocupados para que no les explote en las manos demasiado pronto. Estos últimos estertores de un mundo moribundo nos están jodiendo a todos a distintos niveles y no nos engañemos, siempre se puede ir a peor. Los predicadores de muerte, siempre pendientes de accionar el freno motor.

ERIK BRYNJOLFSSON: We’re now beginning to have machines be able to augment and automate our brains and replace mental tasks. Machines can do computations and make decisions and we’re still in the early stages of this, but we believe that the implications will be at least as profound as what the Industrial Revolution did for our muscles.

Que un robot te robe el trabajo es triste cuando el avance tecnológico no ha liberado a las personas, sino que nos ha encadenado más. La renta básica va por ahí, en ser el lubricante perfecto para hacer funcionar una sociedad postindustrial globalizada. La renta básica no salva el sistema, salva a las personas y libera su tiempo para que podamos encargarnos de tareas más gratificantes que todavía no pueden hacer las máquinas. Para que exploremos nuestra naturaleza y creemos otras cosas. Imagínate tener tiempo real y energías reales para invertir en proyectos comunitarios, artísticos y emocionales. Porque desde luego el tiempo libre que da un puesto de trabajo normal es duro invertirlo en algo productivo. Al menos mi cerebro cuando acaba la jornada laboral solo quiere desenchufarse y entrar en un letargo televisivo.

El ocio es un arte. Casi todos saben trabajar. Poquísimos son los que saben quedarse sin hacer nada. Y eso es debido al hecho de que a todos nos enseñaron a trabajar, pero nadie, como ya fue dicho, nos enseñó a quedarnos sin hacer nada. Para quedar sin hacer nada son necesarios los lugares correctos. Ustedes (…) pueden crear grandes centros culturales y de consumo, pero en ellos descansamos como si estuviéramos trabajando. (De Masi).

En el presente de nuestra modélica sociedad del futuro, civilizada, políticamente correcta y desarrollada, disponemos de menos tiempo libre del que tenía un campesino en la Edad Media. Muchos economistas vaticinaban que el desarrollo tecnológico conllevaría una reducción de los tiempos de trabajo al aumentar la productividad y la eficiencia, y, sin embargo, ha resultado todo lo contrario. La evolución del tiempo libre no ha sido lineal ni se correla con la curva de desarrollo tecnológico, sino que la sociedad a veces se comporta como una caja negra alejada de toda lógica, y esta vez los reajustes entre tiempos, salarios y medios tecnológicos no responden a ninguna. ¿Cómo puede ser que cada vez menos personas trabajen más, cobren menos y dispongan de tecnología suficiente para multiplicar exponencialmente la velocidad a la que hacen su trabajo?.

La renta básica no es ninguna idea feliz de un grupo de intelectuales dedicados a inventar nuevas formas de justificar la vagancia.

Tertulianos, trajeados dedicados a cobrar de las arcas públicas y a criticarlas cuando se les calienta la boca con el tema del liberalismo, grandes empresarios y demás jauría se encargan desde sus sillones a aleccionarnos sobre lo que es bueno para la economía y lo que pacifica a los mercados. Nos advierten con sus estertores de muerte que la renta básica solo consigue arruinar a los Estados y hacer que la gente no quiera trabajar. El debate en serio sobre la renta básica es para los mayores y debe partir de la ciudadanía consciente de que se nos viene encima la economía de la Inteligencia Artificial.

El siglo XXI representa lo más sucio y contradictorio de la naturaleza humana. Tenemos en nuestra mano herramientas, posibilidades, conocimiento y marco favorable para construir sociedades mundiales más igualitarias y relaciones interpersonales más sanas, y, sin embargo, vivimos en sociedades cada vez más desiguales, con diferencias entre los estratos más beneficiados y más perjudicados que se van ensanchando año tras año, repunta la violencia machista y a pesar de tener a nuestra disposición más información cada vez somos menos capaces de elaborar un relato con ella. Súmale a eso la crisis ambiental y disfruta de la frustración de ver que efectivamente las cosas pueden cambiar y, sin embargo, van en la dirección contraria. Somos una panda de postmodernos amnésicos que no parecemos aprender ni a palos.

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Hay cifras de destrucción de empleo por la llegada de la Inteligencia Artificial que hablan por sí solas. Se estima en 7 millones los puestos de trabajo que desaparecerán y en tan solo 2 millones los que se crearán, en un periodo entre 2015 y 2020. No solo los trabajos poco especializados se encuentran amenazados; abogados, ingenieros y médicos son profesiones que van a sufrir su irrupción en el mercado, y, mientras que la entrada de la maquinaria en la sociedad fabril supuso la sustitución del trabajo físico, la IA viene a sustituir el trabajo intelectual.

El coste de la mano de obra se redujo drásticamente con la deslocalización de la producción, y vivimos una escalada de reducción de costes de personal desde décadas atrás a la actualidad, que implican un aumento en beneficio empresarial que no está correlado con el aporte tributario a las arcas comunes. La IA no está fiscalizada como debería, los beneficios de ésta no se están distribuyendo adecuadamente entre la población, sino que nos vemos amenazados por dos grandes problemas: menos gente trabaja y trabajará y menos impuestos se pagarán por este mismo motivo. La renta básica financiada con impuestos a la maquinaria y tecnología es la solución para rescatar a nuestro sistema de organización.

Liberados de la necesidad material por las herramientas informáticas, y teniendo en cuenta que el trabajo o los llamados bullshit jobs hace años que dejan de dignificar, para constituirse como la alienación suprema, sólo quedaría aprovechar toda esa posisibilidad y redistribuir los beneficios que la tecnología puede ofrecernos. Un hecho curioso acerca de la renta básica es que es una idea compartida transversal a ideologías tan opuestas como parte de la izquierda y el liberalismo feroz.

Con la instauración de una renta básica, los ciudadanos nos veríamos beneficiados del desarrollo tecnológico, nos protegeríamos contra sus efectos devastadores sobre nuestro desfasado modelo laboral y económico y aseguraríamos nuestra posición como trabajadores pudiendo rechazar ofertas de empleo esclavista. La renta básica empodera al ciudadano y al trabajador. Desaparecerían las figuras del trabajador pobre, la del negrero y la desprotección y culpabilización de amplias capas sociales pisoteadas por los poderes económicos, que son continuamente atacadas dentro de este sistema por no tener trabajo, o por ser pobres, o por las decisiones equivocadas que supuestamente toman y que les empujan a la precariedad y al estigma social. Al asegurar la subsistencia material, la renta básica permitiría formas de trabajo flexibles que vendrían a complementar los ingresos, al contrario que la situación actual en la que puedes matarte a trabajar y ser pobre como rata.

Una idea feliz de los yuppies de Ciudadanos es la de complementar las rentas del trabajo desde el Estado. Esto es: permitir a las empresas que paguen sueldos de hambre y financiar desde el Estado al trabajador para que reúna una cantidad de ingresos digna. Ciudadanos debe opinar que esta es la opción más de centro y más moderada y mucho consenso, pero en mi opinión esta salida solo desestabiliza las cuentas públicas y premia a los esclavistas, que seguirán viendo crecer sus ingresos.  Dado que los salarios cada vez son más bajos, excepto en el sector financiero y especulativo, este tipo de ingresos proporcionaría esa cantidad añadida necesaria para una vida digna, para hacer desaparecer al trabajador pobre. Dicho de otro modo, vendría a suplir con dinero estatal esa parte de renta salarial que las empresas se niegan a retribuir. Dentro del liberalismo esta es ni más ni menos que una distorsión de mercado que convierte al Estado en un comedor de pobres, que reparte limosna mientras permite a una empresa el seguir con sus prácticas depredadoras (y legales). La renta básica no está, como el complemento salarial, basado en la caridad, ni implica, como este último, el hecho de que el Estado se tenga que hacer responsable del aumento continuo del margen de beneficio empresarial. Tampoco obvia la existencia del paro sistémico que causa la automatización del trabajo. La renta básica ya está aquí.

En definitiva, no es inteligente negar el mundo que ya ha llegado, y es mucho menos inteligente obviar la intención de los creadores de opinión en desacreditar a los defensores de la renta básica como una solución a este nuevo mundo.

Si quieres aprender más sobre ocio, tiempo libre y los conceptos de work and labour para no quedarte sin argumentos delante de algún cuñado predicador de muerte, échale un ojo a esto y a esto.

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La teoría de la estupidez de Carlo Cipolla no tiene fecha

En el campo, en la ciudad, en la playa y la montaña. Están en tu trabajo, y en tu familia. Los idiotas viven en tu barrio y en el vecino. Te los encuentras caminando por la calle y en las cenas de Navidad. Los idiotas en el siglo XXI están también en Internet. Los idiotas son del Madrid y del Barça, de izquierdas y de derechas. Los idiotas compran en las mismas tiendas que tú y asisten a los mismos conciertos. Los idiotas hablan swahili y mandarín. Tienen hipotecas o son nómadas. Los idiotas trascienden las barreras de cultura, raza, género, orientación sexual, nación y edad. Los idiotas también son probablemente atemporales. Tú puedes ser un idiota y no saberlo. Y, sin embargo, la humanidad sigue sin saber cómo tratar con ellos o cómo identificarlos.

idiotaAfortunadamente, el alcance de la estupidez humana ha sido explorada con anterioridad a que nos hiciéramos esa pregunta; Carlo Cipolla, autor de Allegro ma non troppo (literalmente: alegre pero no demasiado) trató mediante el método deductivo de dimensionar la magnitud de este fenómeno, y nos regaló la obra que te guiará a través de los tenebrosos senderos de una vida repleta de idiotas, culminando con la Teoría de la Estupidez y sus 5 leyes básicas que guían el comportamiento estúpido. El objetivo de Carlo Cipolla, era desde un principio neutralizar a este poderoso grupo de personas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana.

La humanidad se encuentra (y sobre esto el acuerdo es unánime) en un estado deplorable. Ahora bien, no se trata de ninguna novedad. Si uno se atreve a mirar hacia atrás, se da cuenta de que siempre ha estado en una situación deplorable. El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos deben soportar, ya sea como individuos o como miembros de la sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo extremadamente improbable (y me atrevería a decir estúpido) como fue organizada la vida desde sus comienzos.

Este grupo de idiotas es mucho más poderoso que el IBEX 35, que la OTAN, que Putin,  Cebrián o la deuda. Los idiotas no están organizados, no tienen jefe y no se rigen por ninguna ley. El problema fundamental de estar rodeados de idiotas se resume en su primera ley:

Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de estúpidos en circulación

No podemos atribuirle una fracción numérica sobre el conjunto de la población no idiota, aunque se distribuyen en una proporción constante que nos lleva a la segunda ley:

La probabilidad de que una persona determinada sea una estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona

Todos somos hermanos a los ojos de Dios; o, como diría Carlo Cipolla, toda persona puede resultar ser estúpida independientemente de su nacionalidad, género o color de piel. La frecuencia de idiotas mantiene una proporción constante en los grupos observados, grandes o pequeños, proporción que, según la primera ley, superará siempre las previsiones más pesimistas.

Todos los seres humanos están incluidos en una de las categorías fundamentales; los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos

Expresado en términos de costes-ganancias (pérdidas y beneficios), las acciones que nos llevan a una interacción con otro ser humano pueden incluirse en uno de los cuatro cuadrantes de la gráfica siguiente, dando como resultado individuos incautos, inteligentes, malvados y estúpidos, en función del resultado de sus acciones.
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Una persona estúpida es una que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio. El individuo que realiza una acción que beneficia a otros pero se autoinflige daño en el proceso es el incauto. El individuo que actúa en beneficio propio sin importarle el daño que cause al resto es el malvado, al que podríamos llamar Felipe González-aunque aún no sepamos si se está beneficiando así mismo con sus acciones, por lo que podría tratarse de un estúpido al que no hemos descubierto-. El individuo que consigue encaminar sus acciones a un aumento del bienestar global, en el que él mismo se incluye, es el inteligente, mientras que el individuo que actúa y con ello no solo consigue perjudicarse a él, sino al resto, es el estúpido. Creo que con este esquema es bastante sencillo encasillar a una persona en algún cuadrante, si no en varios, aunque como en todo, hay grados de estupidez y de inteligencia. A mí se me ocurre por ejemplo el caso del votante de derecha liberal pobre. A ver si adivináis dónde.
El caso es que las personas racionales tienen dificultades a la hora de imaginar y comprender un comportamiento irracional. Pero, sin embargo, no son pocos los casos en los que las personas tienden a agruparse bajo el área del cuadrante de los estúpidos. La distribución de frecuencias implica que hay un alto número de decisiones en las que las pérdidas totales superan a las ganancias totales, dando como resultado neto una pérdida de bienestar. Esto es, por ejemplo, el caso de los malvados estúpidos, cerca de la estupidez pura, en los que al intentar ganar un beneficio consiguen hacer perder más al resto de lo que ellos ganan. Esto supone que es posible encontrarse con malvados perfectos (pérdidas igualan a ganancias) y con malvados estúpidos o malvados inteligentes.
En función de la capacidad de acción del individuo estúpido, el grado que alcanzan sus acciones estúpidas varía. Esto es, un estúpido en posición de poder tiene mucha más capacidad de destrucción que un estúpido con área de actuación limitada. Una pregunta que suelen hacerse los inteligentes es cómo es posible que los estúpidos alcancen posiciones de poder o autoridad; Carlo Cipolla responde a esto con la teoría de castas y clases, que permitieron durante siglos un flujo constante de personas estúpidas a puestos de poder. Esas clases o castas modernas (partidos políticos, democracia y burocracia) continúan suministrando estúpidos, sin ir más lejos, a través de las elecciones democráticas, una herramienta eficaz para asegurar el mantenimiento estable de la fracción correspondiente de estúpidos (recordemos que según la 2ª Ley, existe un porcentaje desconocido y subestimado de estúpidos entre los votantes), y las elecciones les brindan una oportunidad magnífica para perjudicar a todos los demás sin beneficiarse a sí mismos.
Debemos recordar que la peligrosidad y nocividad de los estúpidos es también culpa de los inteligentes, incautos y malvados, que son incapaces de adelantarse a sus desmadres y actuar en consecuencia. Los inteligentes pueden entender la lógica del malvado, pero se encuentran desarmados ante la devastación que causa un estúpido. Los estúpidos, además, tienden a carecer de autoconciencia, lo que supone que piensen que son malvados, incautos y, sorprendentemente, inteligentes. Esto nos lleva a la 4ª Ley
Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar o circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

 El corolario a esta teoría de la humanidad es bien conocido, y afirma que es mucho más peligroso un estúpido que un malvado. Ser malvado perfecto es actuar en favor de una transferencia de riqueza entre un individuo y otro, por lo que en análisis macro supone que una sociedad en la que todos son malvados a turnos se encontrará en equilibrio. Sin embargo, una sociedad con una gran fracción de estúpidos tiende al empobrecimiento. Todo esto no nos puede llevar a pensar que las sociedades que consideramos más avanzadas cuentan con un menor número de estúpidos, o que las sociedades en decadencia sufren de un mayor contigente estúpido (ya que infringiríamos las leyes anteriores). Carlo Cipolla responde a esto con la hipótesis de que en las sociedades en decadencia la acción de los estúpidos no se ve contenida por la permisividad del resto de grupos, lo que aumenta su potencial destructor. Además, en estas sociedades, muchos individuos tienden a comportarse como incautos estúpidos o malvados estúpidos, lo que nos lleva a engrosar las pérdidas totales y acelerar la crisis del sistema.

Lesbos, Grecia. Los migrantes económicos no existen

Llevo un tiempo guardando dentro esta visión y la promesa interna de contársela a cuantos más, mejor. Si tenéis un rato para leerme, os pido atención. Creo que es importante. Si no lo tenéis, aquí os dejo la conclusión más general:

Es preciso hacer un esfuerzo consciente para intentar ver el mundo como de verdad es. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de causar mucho sufrimiento, aunque no sea nuestra intención.

El campamento era un lugar extraño, donde jugar al cricket y al Uno se mezclaba con relatos de la guerra, de largas caminatas por montañas iraníes y del reclutamiento por tortura de los talibanes.

13719672_1229995907033884_139576530458856631_oPongámonos en contexto: Lesbos es una pequeña isla griega situada a unos escasos seis kilómetros de Turquía. Desde tiempos inmemoriales, pero, más recientemente, desde hace unos cuarenta años, ese estrecho trozo de mar lo han cruzado multitud de personas buscando en Europa una vida mejor. En octubre del año pasado esta situación alcanzó un máximo absoluto: en apenas un mes, más de 200 000 personas (aproximadamente la población de Granada) llegaron a sus costas. Otras tantas, casi una de cada cien, murió ahogada. Podría hablar de cifras oficiales, pero mis compañeros de Proactiva Open Arms no estarían de acuerdo.

lesbos¿Cómo es posible que muera tanta gente en un recorrido de tan solo 45 minutos? La respuesta se halla en las pateras, mayoritariamente de plástico, en las que se agrupan hasta 100 personas con chalecos salvavidas de imitación. El “capitán“, experiencia nula, es elegido por las mafias y con frecuencia amenazado a punta de pistola. Su misión: intentar mantener la embarcación recta hasta dar con la costa. ¿El precio por el pasaje? Más de mil euros, o lo que es lo mismo, cien veces más de lo que pagamos cualquiera de los de este lado por cruzar en condiciones mucho más seguras.

No quiero magnificar mi historia. Pasé apenas un mes en Lesbos. No vi ningún muerto y tampoco le salvé la vida a nadie. Mi tarea, al servicio de una ONG sueca, consistía en asistir con agua, comida y ropa seca a los migrantes y refugiados que llegaban a la costa norte de la isla. Recuerdo bien la primera llegada: mientras acompañaba a un señor de Eritrea al baño, aprovechó para agradecernos nuestra labor: “People in Europe very good. I know we all is good now”. No le contesté.

No contesté porque sabía que en unas pocas horas estaría en Moria, centro de detención de Lesbos y hogar para más de 4000 personas. Había oído hablar de sus concertinas y de las eternas colas de personas, bajo la lluvia y entre sus propios excrementos, esperando para poder entrar. Había oído hablar mucho de Moria pero, como tantas otras cosas, no las llegaría a comprender hasta que estuve allí.

Moria es el infierno sobre la tierra. Lo peor, más que el estricto escrutinio policial, las vallas y los containers donde se hacinan quince o más, es la sensación de desesperación que pesa, como un plomo, sobre todo el que entre. Pregunté a una voluntaria que servía dentro si pensaba que Moria era una cárcel. La joven llevaba años examinando, como periodista, las cárceles de EEUU. Su respuesta fue: “Solo puedo decir que los problemas que surgen aquí son muy similares a los que surgen en las cárceles, y eso da mucho que pensar”. ¿Somos capaces de imaginar lo que se siente al estar encarcelado sin haber cometido ningún crimen más que el de buscar una vida mejor? El día después de la visita me lo pasé entero llorando.

Los días que no había llegada los pasábamos limpiando las playas de Lesbos por la mañana y animando a los chavales de un campo de menores no acompañados por la tarde. Es un buen recordatorio de que pasar mucho tiempo en la cama es un síntoma importante de depresión, porque eso era el mayor pasatiempo de todos estos adolescentes sirios, afghanos y pakistaníes. El campamento era un lugar extraño, donde jugar al cricket y al Uno se mezclaba con relatos de la guerra, de largas caminatas por montañas iraníes y del reclutamiento por tortura de los talibanes.

Dos semanas antes de irme tuvo lugar el famoso golpe de Estado fallido en Turquía. Nos preparamos toda la noche para la llegada masiva de cientos de personas, pero al primer día no vino nadie. Al segundo, tampoco. Tuvieron que pasar cinco días para que se reanudara el goteo constante de botes, uno al día, siempre al amanecer, y esta vez llenos de sirios. Los sirios, la rara avis de la migración, son los únicos que protege la Comunidad Internacional, y Turquía les había llegado a ofrecer hasta la nacionalidad. Su llegada significaba que algo iba muy mal al otro lado. “Every day we hear guns“. Este es el país al que hemos cedido toda responsabilidad.

Me fui de Lesbos con muchas preguntas y alguna certeza que me gustaría compartir antes de cerrar este relato. Son las siguientes:

Que los migrantes económicos no existen. Ese término peyorativo descalifica a aquellos que se han jugado sus vidas para huir de una infinidad de factores. Lo que es peor, confronta un principio fundamental de la igualdad: que la pobreza, en sí, engendra violencia.

lesbos_greciaQue la guerra fría nunca acabó. O lo que es lo mismo, que el mundo pacífico en el que creemos vivir es mentira. Todo esto se explica directamente a través de los intereses geopolíticos de nosotros, los países ricos, y del tan ignorado colonialismo de Oriente Medio. La guerra en Siria se nutre de capital occidental y capital oriental, principalmente ruso e iraní, que están pagando el que los sirios se maten entre ellos. Nuestra responsabilidad moral no es solo acoger; reside en todos los factores que han originado este conflicto.

Que nuestros hijos recordarán esta crisis con verdadera vergüenza por el comportamiento de esta Unión Europea, “Unida en la diversidad“.

Que la única solución pasa por la acogida. Los campamentos son una solución temporal a un problema que no muestra señales de resolverse y es nuestro deber ofrecer a toda esta gente un hogar y unos medios de vida dignos. Contra quienes dicen que lo que tiene que pasar es que “resuelvan su guerra” esgrimo lo anterior: el flujo migratorio es una consecuencia directa de nuestras acciones que promueven la desigualdad. Se puede elegir entre ropa barata o acoger a gente, o incluso dejarles que se pudran como estamos haciendo ahora, pero no podemos tenerlo todo.

La patria es aquello que se puede abarcar con la vista, lo que se puede recorrer en un día. (El Imperio, Ryszard Kapuscinski)

 

Por: Álvaro

LOS ANTECEDENTES DE LA CRISIS ECONÓMICA

  A mediados de los años noventa, surgió en Europa una corriente de pensamiento relativa a la llamada crisis de valores. Nos encontrábamos en un punto muy anterior al inicio de la crisis económica, y sin embargo la sensación de ruptura comenzaba a rondar por las cabezas de los pensadores, pero sin mucho eco en la sociedad, ya que la bonanza económica impedía cuestionarse seriamente el estilo de vida y la mentalidad reinante por aquel entonces.

  Esta crisis de valores, promulgada por los pensadores sin respuesta, hacía referencia a la sustitución de cuestiones como la amistad, la solidaridad o el honor, las cuales pasaban a un segundo plano, por la urgencia de una consideración material y práctica demasiado en consonancia con la moda de aquellos instantes, la cual no era otra que la creencia en la obtención de dinero fácil. En esos años, un estilo de vida desenfadado y con anclaje único en lo material parecía tener cabida, y no había una oposición al respecto a nivel de pensamiento, lo que era más preocupante incluso que la propia ausencia de oposición a las ideologías políticas.

  No era un asunto nuevo la creencia de pensar en el dinero y el lujo como la única virtud, y el sueño alcanzable. Lo nuevo en aquellos años noventa era la utilidad y la opción de poder conseguirlo, y además no era algo que estuviera reservado a unos pocos, aunque el sueño de ser una persona pudiente fuera un espejismo y nos viéramos conducidos a la crisis económica sin remedio.

  Nunca se podrá probar una relación de causa y efecto entre la crisis de valores susodicha y la crisis económica, pero lo cierto es que cada vez más nos damos cuenta de que las personas surgidas de esa generación, por supuesto evitando generalizaciones, han crecido con la mente puesta en la sustitución de esos valores tradicionales, en las miras de lo material como primer valor, y desterrando el resto de las aptitudes como propias de una órbita ajena al mundo de los listillos, lo que tampoco es nuevo debido a una tradición picaresca demasiado arraigada en nuestro país, pero los pícaros de antes no salían del mundo de la pobreza.

  Valores como la amistad, la lealtad o la solidaridad, desde esa fecha han pasado al ámbito de la literatura ficticia, como algo difuso que se sabe que está ahí, pero sin utilidad tristemente en el mundo moderno. El materialismo es una costumbre tan arraigada entre nosotros, que es necesario un cambio de mentalidad en generaciones futuras, pero esto no va a pasar lógicamente por la influencia de un determinado gobierno, sino más bien por una vuelta a los valores tradicionales.

Por: Miguel Hernández Paniagua

UNA CONCEPCIÓN DE LA IDENTIDAD EUROPEA A TRAVÉS DE JÜRGEN HABERMAS

¿ES NECESARIA LA FORMACIÓN DE UNA IDENTIDAD EUROPEA? ¿Y ES POSIBLE?

Desde el momento en el que la idea de formar una Comunidad Europea salió a la luz, los problemas llegaron de la mano de esta. La desconfianza entre las naciones pertenecientes al continente Europeo siempre ha existido, y el hecho de que fuera llevado a cabo un pacto a gran escala como fue el de la Unión Europea no calmó los nervios del conjunto de países pertenecientes a este continente. El proyecto de la unificación de Europa aparece hace más de cincuenta años, aunque hoy en día sigue siendo un proyecto innacabado. Este propósito no se limita simplemente a compartir un espacio económico y monetario, sino también un intento de identificación como individuos pertenecientes a una cultura común; individuos dispuestos a ayudarse los unos a los otros aunque no pertenezcan al mismo país.

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Foto de Guy Le Querrec

   Para poder desarrollar este concepto de unión entre países me remitiré a la obra kantiana La paz perpetua, texto que nos propone un esbozo de lo que será en un futuro la Unión Europea. El mundialmente conocido Habermas, filósofo y sociólogo alemán, analiza en su artículo La idea kantiana de la Paz Perpetua desde la distancia histórica de 200 años el impacto que este escrito ha tenido en la época actual. Kant plantea la noción de derecho cosmopolita, entendido a partir de la hospitalidad universal, es decir, es el derecho de cualquier extranjero a no ser maltratado por formar parte de un país o de una cultura distinta. La situación en la que nos encontramos actualmente se puede entender como un proceso de transcición desde el derecho clásico internacional hacia el derecho cosmopolita tan anhelado en la Unión Europea. A pesar de ello, nunca llegará a ser un transición completa ni favorable para todas las naciones, ya que no hay que olvidar que el mundo está dividido en tres partes desde el año 1917: subdesarrollado, en vías de desarrollo y el desarrollado. La reformulación de la idea kantiana de paz será especialmente compleja actualmente, no solamente por el estado de guerra constante que existe en todo el mundo, sino también por el racismo y el miedo a lo desconocido que se encuentra hoy en día en uno de sus máximos esplendores.

La situación en la que nos encontramos actualmente se puede entender como un proceso de transcición desde el derecho clásico internacional hacia el derecho cosmopolita tan anhelado en la Unión Europea

   La idea de formar un parlamento mundial comenzó con la creación de la Sociedad de Naciones en el año 1919, tras una devastadora guerra que dio bastante que pensar a nivel mundial. Esta organización se comprometió también a asegurar una serie de derechos humanos que deberían ser cumplidos bajo toda circunstancia. Pero como siempre, encontramos un impedimento en todo esto: por mucho que se intente que estos derechos se sigan, existirá siempre algo mucho más fuerte que nosotros, la guerra, aquello que hará que nuestros mejores propósitos queden reducidos a simples utopías.

   Desde la Ilustración se comenzó a pensar en un orden universal, es decir, un derecho que sea posible aplicar a todos los países, o a un conjunto amplio de ellos, como lo que Kant planteó en La paz perpetua. El deseo último de Kant que se manifiesta en este escrito es el de encontrar una manera en la que la paz mundial triunfe por encima de cualquier conflicto. Mientras que Kant plantea este concepto, Habermas no desea abarcar algo tan extenso, sino que su prioridad será Europa, considerándola un terreno más fácil de englobar, pero que será el primer paso de varios cuyo fin será la unificación de la humanidad.

   La idea de la creación de una Comunidad Europea pretende que aquellos países que son considerados la élite de todos los miembros partícipes luchen por la integración de aquellos más débiles que estén dispuestos a formar parte de este gran grupo. Pero no es algo que resulte sencillo, y menos aún habiendo sido Europa cuna de grandes guerras. Pongo por ejemplo la más reciente que causó la ruptura de Yugoslavia: la Guerra de los Balcanes. Esta guerra que finalizó hace escasos veinte años ha hecho que nos planteemos la pregunta de si es posible de verdad sentirnos identificados con la tan deseada identidad europea mientras existen países vecinos que se encuentran aún hoy en día en lucha por su reconocimiento cultural. Esto es lo actualmente sucede en los países pertenecientes a la antigua Yugoslavia: la lucha por el reconocimiento sigue presente.

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   El punto que acabo de analizar servirá de partida como primer problema de la Unión Europea: la ampliación de esta hacia el Este del continente. Resulta muy complejo querer llevar la idea de sistema político que rige el resto de los países a una zona de Europa que se encuentra confusa y abandonada a su suerte. Las minorías que forman parte de países como Bosnia y Herzegovina, Serbia, Macedonia, Croacia, etc., no están dispuestas a aceptar las condiciones que las grandes potencias de Europa proponen para que entren a formar parte de esta gran coalición. ¿No es normal este sentimiento de desconfianza que tiene su origen en la experiencia de abandono que sintieron durante los largos años en los que sufrieron la Guerra de los Balcanes? Un país que se vio desarropado en su peor período histórico hará que el hecho de que retomen la confianza sea una de las metas más complicadas de conseguir. El problema no quedaría aquí, sino que iría más allá en el momento en el que nos planteamos la distribución de los escasos recursos económicos con los que cuenta la ya formada Unión Europea. Las consecuencias que aparecerían si se permitiera la entrada de todo país del Este a la UE serían devastadoras, no tanto para la UE, sino para aquellas naciones que harán todo lo posible por adaptarse a las medidas que se impongan. Lo que llama la atención no es solamente aquello nombrado como “identidad europea”, sino que se consiga que este término no haga que afloren sentimientos de desconfianza hacia una unión que lo único que tiene de real es el nombre de Unión Europea.

   Los problemas de esta coalición de países no terminan con la ampliación de los mismos a Europa del Este, sino que van aún más allá. ¿Qué sucede con el desnivel que existe en el desarrollo de los países miembros? Por poner un ejemplo sencillo y actual, voy a centrarme en la situación que España ha vivido desde el año 2007 con la recesión económica que aún sigue presente; pasando a comprar el nivel de vida de los países nórdicos, como puede ser el caso de Suecia. De este modo, la creación de un espacio económico y monetario común hace que países que no llegan, ni llegarán nunca, a estar a la altura de las élites se encuentren en constante sufrimiento, hecho que hace que la semilla del desengaño comience a dar sus frutos. Por mucho que se haga el esfuerzo de formar parte de una conciencia común, en la que aunque el hecho de que no somos iguales se pretenda maquillar, hará que la legitimación de los programas políticos sea tomada de manera subjetiva.

   Existe una amplia lista de países que entregaron documentos falsos en los que estaba plasmada la su situación económica. ¿Qué lleva a una nación a mentir sobre su situación económica con el fin de formar parte de la “maravillosa” Unión Europea? La respuesta a esta pregunta no es muy compleja, de hecho, parándonos a pensar en la situación en la que se encontraba Grecia antes de pasar a formar parte de la UE y la situación en la que se encuentra ahora, ¿podríamos decir que este país cayó en su propia trampa llevando a cabo esta mentira? Lo que lleva a países como Grecia a ocultar verdades sobre su estado económico no es simplemente una mejora para los ciudadanos residentes ahí, sino un reconocimiento mundial del que nunca habían formado parte. Tras la entrada de Grecia en la UE en el año 1981 el prejuicio de los griegos como los turcos occidentales se ha ido desvaneciendo con el paso de los años. La idea de la Grecia perteneciente al Imperio Otomano es algo que hoy en día queda limitado a las facciones de los helenos, pasando a convertirse en el país más exótico de la UE.

   El tercer problema que voy a analizar es el de la política común de seguridad y defensa, siendo de especial importancia en los tiempos que corren hoy en día. Si la nueva Constitución era aquella que pretendía fomentar la integración de los ciudadanos de los distintos miembros, este propósito ha quedado enterrado bajo el miedo que ha traido consigo el terrorismo islámico. Mientras que antes la respuesta a la pregunta de ¿qué Europa queremos? era una en la que la convivencia armónica fuera la prioridad ante todo, las oleadas racistas han llegado a asentarse en lo más profundo de nuestra alma haciendo que este propósito desaparezca en nuestra memoria. La cuestión de las fronteras podría haberse tratado en la Constitución Europea, pero no fue así ya que en un principio se pretendía hacer el bien a favor de la integración. A pesar de esto, la idea ha cambiado, encontrándonos en el lado opuesto que esta defendía: las fronteras existen, y no todo el mundo cuenta con el derecho de poder traspasarlas.

FRANCE. Brittany region. Cotes-d'Armor department. On the launch between the island "Ile de Brehat" and the spit "Pointe de l'Arcouest". Thursday 14th August, 1975. Contact email: New York : photography@magnumphotos.com Paris : magnum@magnumphotos.fr London : magnum@magnumphotos.co.uk Tokyo : tokyo@magnumphotos.co.jp Contact phones: New York : +1 212 929 6000 Paris: + 33 1 53 42 50 00 London: + 44 20 7490 1771 Tokyo: + 81 3 3219 0771 Image URL: http://www.magnumphotos.com/Archive/C.aspx?VP3=ViewBox_VPage&IID=2S5RYDIZ0HLV&CT=Image&IT=ZoomImage01_VForm

FRANCE. Brittany region. Cotes-d’Armor department. On the launch between the island “Ile de Brehat” and the spit “Pointe de l’Arcouest” (1975). Foto de Guy Le Querrec

   Estos problemas se ven manifestados en las diferentes opiniones que las naciones miembro poseen, haciendo que el consenso sea una simple utopía. Para desarrollar este tema voy a continuar con las pinceladas sobre los países de los Balcanes con los que comencé manifestando este problema de identidad. La conciencia nacional es un término moderno, estudiado gracias a historiadores y etnólogos, término que tuvo su máximo auge en la Europa de los noventa. Con esto lo que pretendo hacer es una analogía entre el deseo de una identidad Europea y el deseo de identidad que los pueblos de los Balcanes poseen. El dilema que encuentro es que para encontrar una identidad común es necesario renunciar a la que ya poseemos como pueblo al que pertenecemos. Ya lo dijo Ortega y Gasset en su magnífico artículo Democracia morbosa:

Quien se irrite al ver tratados desigualmente a los iguales, pero no se inmuta al ver tratados igualmente a los desiguales, no es demócrata, es plebeyo.

Lo que interpreto al leer esta cita es la necesidad que se tiene hoy en día de intentar agrupar a personas, o a pueblos en este caso, de tratarlos como si fueran uno solo sin respetar su cultura ni su identidad. La creación de la Unión Europea se ha vendido siempre como lo más positivo que se puede llevar a cabo hoy en día, olvidando que en el fondo supone un sacrificio para todo aquel país que quiera formar parte de ella. Habermas, en su artículo ¿Es necesaria la formación de una identidad europea? ¿Y es posible?, deja muy clara su opinión en cuanto a si es posible llevar esto a cabo:

   Es verdad que hoy en día hay que dar una respuesta negativa a la pregunta de si existe algo así como una identidad europea. Pero también es cierto que la pregunta está mal planteada en estos términos. Lo que importa son las condiciones que deben cumplirse para que los ciudadanos puedan ampliar la solidaridad ciudadana más allá de sus respectivas fronteras nacionales, con el objetivo de lograr una inclusión recíproca.

   Ha sido el propio Habermas quien ha llegado a la conclusión que he pretendido defender desde el primer momento. La respuesta a la pregunta de si existe una identidad europea es negativa. Habría que encontrar las condiciones necesarias por las cuales se pueda llegar a tan ansiado sentimiento de identidad compartida. El problema que yo encuentro en todo esto es que en realidad no se está planteando de manera correcta el método por el cual conseguirlo. Mientras sea el miedo el sentimiento predominante, nada de lo que la UE pretenda alcanzar será posible.

   Con el fin de defender esto último me voy a basar en algo que está ocurriendo hoy en día, algo que es noticia cada semana: la crisis de los refugiados y el problema fronterizo dentro de Europa. El miedo de que alguno de estos refugiados traiga consigo ideas islámicas extremistas forma parte de uno de los grandes miedos propios de la Unión Europea. Con esto quiero decir que si ya resultaba difícil crear una unión de países entre los que las fronteras no tuvieran lugar, tras estos últimos sucesos parece que esta idea nunca verá la luz, o al menos no a lo largo de los próximos años. El comportamiento de los países miembros de la Unión Europea a raíz de la crisis de los refugiados es lo más vergonzoso que ha ocurrido desde la creción de este “proyecto armónico”. Esta crisis ha hecho que la mayoría de los países saquen sus uñas racistas con el fin de defenderse de aquellos que salen de un país que ya ha muerto por culpa de la guerra. Todo lo vendido por la UE, la armonía entre sus miembros, la integración, comprensión, etc., ha caído por su propio peso y no parece que sea posible que vuelva a renacer de sus cenizas.

Foto de Guy Le Querrec (1969)

Foto de Guy Le Querrec (1969)

La perspectiva desde la que se ha tratado a los refugiados ha ido evolucionando como comúnmente se dice “de mal en peor”. En mitad de una Europa con ansia de poder y dinero nos hemos encontrado con la Europa oculta, aquella formada por los más débiles que no saben lo que significa una mano tendida. Si las fronteras antes no tenían muros, ahora no paran de construirse. Incluso aquellos países que recibieron toneladas de racismo, y que lo siguen recibiendo, se han comportado de la misma manera. Me refiero a países como Hungría, víctima del racismo durante varios años, siendo ellos ahora de los primeros en construir muros y sembrar dificultades con tal de que ningún refugiado ponga un pie en su territorio. Sería más fácil si nos quedáramos en este punto solamente, pero no podemos. Qué decir del comportamiento de una veintena de alemanes cuando varios sirios llegaron a la ciudad de Bautzen. El albergue en el que estos refugiados se iban a instalar ardió, y no de manera accidental ¿Qué reacción se espera del resto de los miembros de la Unión Europea cuando uno de los países que se encuentra en la punta de la jerarquía del sistema reacciona así?

En mitad de una Europa con ansia de poder y dinero nos hemos encontrado con la Europa oculta, aquella formada por los más débiles que no saben lo que significa una mano tendida

   Llegados a este punto voy a proceder a hacer un análisis comparativo entre la teoría filosófica y el relativismo cultural de Richard Rorty en comparación con la teoría de Habermas. Mientras que Habermas intenta mostrar el camino que la cultura debería seguir, es decir, el camino del diálogo, para Rorty existe un escepticismo teórico que él llamará escepticismo explícito. En Contingencia, ironía y solidaridad Rorty llevará a cabo una distinción entre lo público y lo privado (también lo hace desde el punto de vista del lenguaje, pero no voy a entrar en ello). Para Rorty será la ironía la que produzca en nosotros pretensiones metafísicas de una cultura tradicional. Por ello mismo, debe predominar la ironía como aquella conciencia de la mutabilidad y de la aceptación. De este modo encontramos una valoración del individuo como capaz de asumir su propio estado, es decir, siendo capaz de autocrearse. En el ámbito de la Unión Europea debemos poner por delante la defensa de nuestra propia identidad y la de nuestro pueblo antes que el deseo de reconocimiento como miembro de este conjunto de países. Por otra parte, la contingencia será la idea de una sociedad que puede contribuir a su progreso –¿será pues la contingencia la idea esencial de la perfecta Unión Europea?-.

   No podemos ser capaces de hablar de un yo que sea principio último, ya que nos faltaría el otro, aquel que nos permite reconocernos. Nos resulta difícil decir qué es el presente, y cuándo entramos en una nueva época, en una época de cambios, cómo podría realizarse la construcción de una gran comunidad. Existe un elemento de variación y una adaptación al presente. A su vez, también hay creencias limitadas y ligadas a estructuras del marco social. Las instituciones cambian, cambiando también nuestros valores morales. Dentro de la Unión Europea, ¿qué es lo que hace que los países cumplan las normas que esta propone? El cumplimiento de las normas viene dado por la lealtad o respeto, por el deseo de pertenencia a un grupo en el que todos sus miembros se respetan mutuamente. Cuando nos sentimos obligados a cumplir esto es por la cultura que se ha creado en nosotros. Debemos entregarnos a las relaciones en las que de hecho nos encontramos, aceptando la envergadura que ellas poseen. Este escenario admite el reconocimiento de verse a sí mismo y de entenderse utilizando la cultura en el proceso.

Cuando la cultura pasa a ser compartida el reconocimiento de esta misma se convierte en un proceso no poco difícil y que necesita un tiempo de asimilación. En conclusión, la pregunta de si una identidad europea es posible resulta de mal gusto. Plantear esto sería como empezar a construir la casa por el tejado: ¿si aún encontramos dificultad a la hora de identificarnos con el pueblo al que pertenecemos, cómo vamos a poder hacerlo a nivel europeo? La identidad europea es una semilla que por mucho que se riege no está preparada para dar sus frutos.