La precariedad es trendy…Al menos eso piensa El País

Aparecía en la sección Tentaciones de El País cómo se estaba extendiendo la nueva moda de comer de la basura (sí, real). No estamos como para despreciar la tiranía del click y vamos a intentar evitar machacar a la redactora, que pasa de modas y prefiere no tener que comer de la basura por obligación, pero impacta y no he podido leerlo sin alucinar. Aparte de ser freegana también puedes optar por ahorrar y marcarte un nesting, el pasarse todo el fin de semana entre cuatro paredes, que para eso se lleva la mitad de mi sueldo el alquiler, hostia puta.

Atrincherarse entre las cuatro paredes de su morada ya no es de muermos, sino la última tendencia de moda: el ‘nesting’ (El País, 2017)

Los millenials damos pena. Si eres de Madrid, das mazo pena. Pero a inventiva no nos gana ninguna generación. No somos pobres, somos freeganos. El ocio que nos venden no está lejos de nuestras posibilidades, estamos de nesting. Ya hemos hablado por aquí de la transición que vivimos hacia el nuevo estado del medioestar, pero esto es demasiado. No consiste ya en la mitificación de la pobreza sino en lo complacientes que nos hemos vuelto con nuestra condición material y en la rápida normalización de la situación material y social de crisis en la que nos estamos desarrollando. Voy a dejarlo claro, a mi me da igual que babosees todo el fin de semana en tu sofá de alquiler o que cojas comida de la basura, que por otro lado me parece una opción muy ética y responsable dadas las estadísticas de despilfarro de alimentos. Pero no hagas bandera, joder, que me dan ganas de llorar.

Me enseñan su nevera y su despensa. Está todo repleto de alimentos. Me invitan a pan de cebolla con paté de berenjena. Comemos y charlamos. “Si un día no encuentras comida, la encuentras al día siguiente. Es muy fácil tener la despensa llena siempre. Eso sí, jóvenes no suele haber. Hay mucha gente mayor, que no les llega la pasta, cogen leche y productos básicos, y entre ellos sí que hablan y hay cierta comunidad. Pero lo viven como una necesidad, no por aprovechar el despilfarro de otros”.

Una ventaja de estos sistemas es que acaban con la polvorienta norma no escrita de la Honra. Esa necesidad hidalga nacional de aparentar que te sobra y que nos obliga a sentir vergüenza cuando somos pobres o pensar que exponemos carencias graves cuando de puertas para afuera descubren nuestra realidad cotidiana. La crisis ha cambiado un poco todo esto y ahora no nos avergüenza comprar marcas blancas o vender ropa por Internet, pero, de verdad, necesitamos salvar un poco el culo y salir con la dignidad de haber entendido lo que nos han hecho-hemos hecho en lugar de aceptar mansamente el presente en el que malvivimos.

Hacer bizcochos o trasplantar macetas le hará más feliz (El País, 2017)

Dejando a un lado que El País no es un referente periodístico, ni mucho menos, sí que apunta claramente hacia una actitud de consolación del despistado lector. No sé aún si es porque consigue más clicks acercarse al cliente mediante su sentimiento de autoafirmación o porque realmente está generando pensamiento. Esto último parece muy conspiranoico para que pueda realmente llegar a imaginar una sala llena de hombres gordos y poderosos maquinando nuevas estrategias de alienación social. Pero todas sabemos lo sutil que es el poder, sobre todo si en el propio artículo aparece citada como experta de nesting una firma de decoración de interiores. Probablemente su perversidad se limite al legítimo fin transversal de hacer dinero y la alienación sea solo cómo llamamos nosotras a la lobotomización colateral.

Quiero que nos paremos a pensar colectivamente sobre esto; ¿Estamos, al recilar pallets, por ejemplo, creando nuevos nichos de mercado para alimentar su neo-neocapitalismo? Mi respuesta es sí. El orden establecido siempre ha ido un paso por delante de nosotras; convirtió la moda punk en parte del sistema vaciándola de contenido, utilizó consignas del Mayo del 68 en eslóganes publicitarios y la filosofía hippie en ropa boho exclusiva.  El mecanismo es simple; aprovecha el movimiento contracultural y conviértelo en nicho económico profitable extrayendo el significado y dejando el significante. Joder, pero si lo han hecho hasta con la religión, vendiéndonos anillos y pendientes de crucifijos a consumidores profundamente laicos.

Puede que estemos hablando de formas de banalización de la cultura y de renovaciones rentables de la rueda que gira, pero en este caso me ha enfadado ver que va mas allá, y que han vaciado de significado a una generación entera, han convertido nuestras carencias en marcas personales. Tengo la sensación de que nos han robado el presente y que la integración en el sistema de nuestra contracultura ha ido demasiado rápido. Supongo que en el vertiginoso presente lleno de facturas que pagar y convenios de prácticas que prorrogar esto no tiene ningún interés para nadie, pero reflexionemos por un momento que va a ser de nuestra amnésica generación cuando no sepamos ni quienes somos.

Tengo la sensación de que movilización y lucha pierden sentido cuando las injusticias a las que te enfrentan ya no son más injusticias sino moda y genuidad. Que ya no existe un sistema que cambiar cuando el sistema cambia para adaptarse a ti. Que es peligroso el nivel de mansa aceptación de la realidad a la que nos hemos acostumbrado. Que no existe el sentido crítico cuando de un día para otro te pueden acabar vendiendo que nada importa, porque todo vale. Vale que seas pobre, vale que tengas que emigrar porque en tu país no funciona el mercado laboral, pero oye, que te vas a ser embajador científico de España en el extranjero. Vale que tu contrato sea basura porque te permite llevar una vida flexible, en la que dentro de seis meses lo mismo estás en Londres trabajando de camarera, y eso es trendy y es muy aventurero y además Nescafé te hace sentirte como en casa cuando te toca el premio de que te paguen el viaje de vuelta.

Estas postverdades que responden a esta, nuestra postrealidad, entiendo que siendo nosotras postnormales.

La renta básica va en serio. ¿Qué tienen que ver la tecnología, el tiempo libre y el trabajo?

Dejémonos de chorradas. Por más que muchos se encarguen de silenciar el debate sobre la renta básica y en criticar a sus defensores, la renta básica no es ninguna idea feliz de un grupo de intelectuales dedicados a inventar nuevas formas de justificar la vagancia.

Es un hecho probado que la Globalización primero y la Inteligencia Artificial después han deslocalizado la mano de obra. La primera, hacia países no occidentales (por llamar de alguna manera a lo que otros llaman puerta de atrás), mientras que la segunda ha demostrado que unos pocos humanos con estudios superiores pueden crear mano de obra que deja muy atrás a sus congéneres menos cultivados,  defectuosos y que encima pretenden cobrar cuando enferman o se empeñan en comer todos los días. Es momento de empezar a considerar la renta básica como la única salida del pozo negro en que está sumido el mercado laboral.

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La renta básica la defienden desde premios Nobel en economía como James Meade o Jan Tinbergen, pasando por partidos políticos izquierdistas y colectivos internacionales, académicos y hasta multimillonarios. Muchos países se encuentran ya experimentando con la implantación de este modelo. Desde 1986 un comité europeo, Basic Income European Network (BIEN), que agrupa a miembros de distintas nacionalidades y recorridos político-sociales, se dedica a publicar información comprensible y crítica defendida por integrantes de más de 20 países y a elaborar propuestas para solucionar el problema sistémico del paro, la integración europea, pobreza, desarrollo, cambiar los patrones tradicionales de trabajo, carrera profesional y vida familiar y salvaguardar los principios de justicia social. Es como un think tank pero de los éticos, que se dedican a pensar por todos y no para defender los intereses de algunos. BIEN trascendió el ámbito europeo en 2004 y desde entonces se presenta como una red mundial especializada en la difusión y creación del debate técnico y político sobre renta básica.

La renta básica parte del concepto de considerar los derechos económicos como parte inherente del status de ciudadano. No importa tu nacionalidad o tus ingresos o tu patrimonio o tu profesión o tu sexo o tu interés por enriquecerte. La renta básica es un derecho universal que te permite organizar y decidir sobre tu vida partiendo de una seguridad material que te da el disponer de los recursos suficientes para subsistir.

No hay gobiernos capaces de crear puestos de trabajo. La solución de aumentar el gasto público para crearlos hace tiempo ya que dejó de ser viable, y en la actualidad ni los mercados de bienes emergentes y la hipertrofia de los puestos administrativos y burocráticos son capaces de asimilar la oferta de trabajadores. Por un lado confluyen un desarrollo tecnológico que va años luz por delante de la sociología, psicología, ciencia política, economía y antropología y que cada vez nos organizamos peor y sufrimos más por ello. El desarrollo tecnológico no está trayendo el desarrollo personal y social que nos prometieron. Mucho menos está ayudando a cerrar la brecha internacional, de género o de clase.

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Las reticencias a la aplicación de la renta básica vienen de unos pocos señores blancos y reaccionarios que ven el mundo cambiar y se cagan en los pantalones. Se aferran a este sistema, que hace años que da señales de no funcionar, y  rezan preocupados para que no les explote en las manos demasiado pronto. Estos últimos estertores de un mundo moribundo nos están jodiendo a todos a distintos niveles y no nos engañemos, siempre se puede ir a peor. Los predicadores de muerte, siempre pendientes de accionar el freno motor.

ERIK BRYNJOLFSSON: We’re now beginning to have machines be able to augment and automate our brains and replace mental tasks. Machines can do computations and make decisions and we’re still in the early stages of this, but we believe that the implications will be at least as profound as what the Industrial Revolution did for our muscles.

Que un robot te robe el trabajo es triste cuando el avance tecnológico no ha liberado a las personas, sino que nos ha encadenado más. La renta básica va por ahí, en ser el lubricante perfecto para hacer funcionar una sociedad postindustrial globalizada. La renta básica no salva el sistema, salva a las personas y libera su tiempo para que podamos encargarnos de tareas más gratificantes que todavía no pueden hacer las máquinas. Para que exploremos nuestra naturaleza y creemos otras cosas. Imagínate tener tiempo real y energías reales para invertir en proyectos comunitarios, artísticos y emocionales. Porque desde luego el tiempo libre que da un puesto de trabajo normal es duro invertirlo en algo productivo. Al menos mi cerebro cuando acaba la jornada laboral solo quiere desenchufarse y entrar en un letargo televisivo.

El ocio es un arte. Casi todos saben trabajar. Poquísimos son los que saben quedarse sin hacer nada. Y eso es debido al hecho de que a todos nos enseñaron a trabajar, pero nadie, como ya fue dicho, nos enseñó a quedarnos sin hacer nada. Para quedar sin hacer nada son necesarios los lugares correctos. Ustedes (…) pueden crear grandes centros culturales y de consumo, pero en ellos descansamos como si estuviéramos trabajando. (De Masi).

En el presente de nuestra modélica sociedad del futuro, civilizada, políticamente correcta y desarrollada, disponemos de menos tiempo libre del que tenía un campesino en la Edad Media. Muchos economistas vaticinaban que el desarrollo tecnológico conllevaría una reducción de los tiempos de trabajo al aumentar la productividad y la eficiencia, y, sin embargo, ha resultado todo lo contrario. La evolución del tiempo libre no ha sido lineal ni se correla con la curva de desarrollo tecnológico, sino que la sociedad a veces se comporta como una caja negra alejada de toda lógica, y esta vez los reajustes entre tiempos, salarios y medios tecnológicos no responden a ninguna. ¿Cómo puede ser que cada vez menos personas trabajen más, cobren menos y dispongan de tecnología suficiente para multiplicar exponencialmente la velocidad a la que hacen su trabajo?.

La renta básica no es ninguna idea feliz de un grupo de intelectuales dedicados a inventar nuevas formas de justificar la vagancia.

Tertulianos, trajeados dedicados a cobrar de las arcas públicas y a criticarlas cuando se les calienta la boca con el tema del liberalismo, grandes empresarios y demás jauría se encargan desde sus sillones a aleccionarnos sobre lo que es bueno para la economía y lo que pacifica a los mercados. Nos advierten con sus estertores de muerte que la renta básica solo consigue arruinar a los Estados y hacer que la gente no quiera trabajar. El debate en serio sobre la renta básica es para los mayores y debe partir de la ciudadanía consciente de que se nos viene encima la economía de la Inteligencia Artificial.

El siglo XXI representa lo más sucio y contradictorio de la naturaleza humana. Tenemos en nuestra mano herramientas, posibilidades, conocimiento y marco favorable para construir sociedades mundiales más igualitarias y relaciones interpersonales más sanas, y, sin embargo, vivimos en sociedades cada vez más desiguales, con diferencias entre los estratos más beneficiados y más perjudicados que se van ensanchando año tras año, repunta la violencia machista y a pesar de tener a nuestra disposición más información cada vez somos menos capaces de elaborar un relato con ella. Súmale a eso la crisis ambiental y disfruta de la frustración de ver que efectivamente las cosas pueden cambiar y, sin embargo, van en la dirección contraria. Somos una panda de postmodernos amnésicos que no parecemos aprender ni a palos.

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Hay cifras de destrucción de empleo por la llegada de la Inteligencia Artificial que hablan por sí solas. Se estima en 7 millones los puestos de trabajo que desaparecerán y en tan solo 2 millones los que se crearán, en un periodo entre 2015 y 2020. No solo los trabajos poco especializados se encuentran amenazados; abogados, ingenieros y médicos son profesiones que van a sufrir su irrupción en el mercado, y, mientras que la entrada de la maquinaria en la sociedad fabril supuso la sustitución del trabajo físico, la IA viene a sustituir el trabajo intelectual.

El coste de la mano de obra se redujo drásticamente con la deslocalización de la producción, y vivimos una escalada de reducción de costes de personal desde décadas atrás a la actualidad, que implican un aumento en beneficio empresarial que no está correlado con el aporte tributario a las arcas comunes. La IA no está fiscalizada como debería, los beneficios de ésta no se están distribuyendo adecuadamente entre la población, sino que nos vemos amenazados por dos grandes problemas: menos gente trabaja y trabajará y menos impuestos se pagarán por este mismo motivo. La renta básica financiada con impuestos a la maquinaria y tecnología es la solución para rescatar a nuestro sistema de organización.

Liberados de la necesidad material por las herramientas informáticas, y teniendo en cuenta que el trabajo o los llamados bullshit jobs hace años que dejan de dignificar, para constituirse como la alienación suprema, sólo quedaría aprovechar toda esa posisibilidad y redistribuir los beneficios que la tecnología puede ofrecernos. Un hecho curioso acerca de la renta básica es que es una idea compartida transversal a ideologías tan opuestas como parte de la izquierda y el liberalismo feroz.

Con la instauración de una renta básica, los ciudadanos nos veríamos beneficiados del desarrollo tecnológico, nos protegeríamos contra sus efectos devastadores sobre nuestro desfasado modelo laboral y económico y aseguraríamos nuestra posición como trabajadores pudiendo rechazar ofertas de empleo esclavista. La renta básica empodera al ciudadano y al trabajador. Desaparecerían las figuras del trabajador pobre, la del negrero y la desprotección y culpabilización de amplias capas sociales pisoteadas por los poderes económicos, que son continuamente atacadas dentro de este sistema por no tener trabajo, o por ser pobres, o por las decisiones equivocadas que supuestamente toman y que les empujan a la precariedad y al estigma social. Al asegurar la subsistencia material, la renta básica permitiría formas de trabajo flexibles que vendrían a complementar los ingresos, al contrario que la situación actual en la que puedes matarte a trabajar y ser pobre como rata.

Una idea feliz de los yuppies de Ciudadanos es la de complementar las rentas del trabajo desde el Estado. Esto es: permitir a las empresas que paguen sueldos de hambre y financiar desde el Estado al trabajador para que reúna una cantidad de ingresos digna. Ciudadanos debe opinar que esta es la opción más de centro y más moderada y mucho consenso, pero en mi opinión esta salida solo desestabiliza las cuentas públicas y premia a los esclavistas, que seguirán viendo crecer sus ingresos.  Dado que los salarios cada vez son más bajos, excepto en el sector financiero y especulativo, este tipo de ingresos proporcionaría esa cantidad añadida necesaria para una vida digna, para hacer desaparecer al trabajador pobre. Dicho de otro modo, vendría a suplir con dinero estatal esa parte de renta salarial que las empresas se niegan a retribuir. Dentro del liberalismo esta es ni más ni menos que una distorsión de mercado que convierte al Estado en un comedor de pobres, que reparte limosna mientras permite a una empresa el seguir con sus prácticas depredadoras (y legales). La renta básica no está, como el complemento salarial, basado en la caridad, ni implica, como este último, el hecho de que el Estado se tenga que hacer responsable del aumento continuo del margen de beneficio empresarial. Tampoco obvia la existencia del paro sistémico que causa la automatización del trabajo. La renta básica ya está aquí.

En definitiva, no es inteligente negar el mundo que ya ha llegado, y es mucho menos inteligente obviar la intención de los creadores de opinión en desacreditar a los defensores de la renta básica como una solución a este nuevo mundo.

Si quieres aprender más sobre ocio, tiempo libre y los conceptos de work and labour para no quedarte sin argumentos delante de algún cuñado predicador de muerte, échale un ojo a esto y a esto.

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La teoría de la estupidez de Carlo Cipolla no tiene fecha

En el campo, en la ciudad, en la playa y la montaña. Están en tu trabajo, y en tu familia. Los idiotas viven en tu barrio y en el vecino. Te los encuentras caminando por la calle y en las cenas de Navidad. Los idiotas en el siglo XXI están también en Internet. Los idiotas son del Madrid y del Barça, de izquierdas y de derechas. Los idiotas compran en las mismas tiendas que tú y asisten a los mismos conciertos. Los idiotas hablan swahili y mandarín. Tienen hipotecas o son nómadas. Los idiotas trascienden las barreras de cultura, raza, género, orientación sexual, nación y edad. Los idiotas también son probablemente atemporales. Tú puedes ser un idiota y no saberlo. Y, sin embargo, la humanidad sigue sin saber cómo tratar con ellos o cómo identificarlos.

idiotaAfortunadamente, el alcance de la estupidez humana ha sido explorada con anterioridad a que nos hiciéramos esa pregunta; Carlo Cipolla, autor de Allegro ma non troppo (literalmente: alegre pero no demasiado) trató mediante el método deductivo de dimensionar la magnitud de este fenómeno, y nos regaló la obra que te guiará a través de los tenebrosos senderos de una vida repleta de idiotas, culminando con la Teoría de la Estupidez y sus 5 leyes básicas que guían el comportamiento estúpido. El objetivo de Carlo Cipolla, era desde un principio neutralizar a este poderoso grupo de personas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana.

La humanidad se encuentra (y sobre esto el acuerdo es unánime) en un estado deplorable. Ahora bien, no se trata de ninguna novedad. Si uno se atreve a mirar hacia atrás, se da cuenta de que siempre ha estado en una situación deplorable. El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos deben soportar, ya sea como individuos o como miembros de la sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo extremadamente improbable (y me atrevería a decir estúpido) como fue organizada la vida desde sus comienzos.

Este grupo de idiotas es mucho más poderoso que el IBEX 35, que la OTAN, que Putin,  Cebrián o la deuda. Los idiotas no están organizados, no tienen jefe y no se rigen por ninguna ley. El problema fundamental de estar rodeados de idiotas se resume en su primera ley:

Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de estúpidos en circulación

No podemos atribuirle una fracción numérica sobre el conjunto de la población no idiota, aunque se distribuyen en una proporción constante que nos lleva a la segunda ley:

La probabilidad de que una persona determinada sea una estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona

Todos somos hermanos a los ojos de Dios; o, como diría Carlo Cipolla, toda persona puede resultar ser estúpida independientemente de su nacionalidad, género o color de piel. La frecuencia de idiotas mantiene una proporción constante en los grupos observados, grandes o pequeños, proporción que, según la primera ley, superará siempre las previsiones más pesimistas.

Todos los seres humanos están incluidos en una de las categorías fundamentales; los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos

Expresado en términos de costes-ganancias (pérdidas y beneficios), las acciones que nos llevan a una interacción con otro ser humano pueden incluirse en uno de los cuatro cuadrantes de la gráfica siguiente, dando como resultado individuos incautos, inteligentes, malvados y estúpidos, en función del resultado de sus acciones.
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Una persona estúpida es una que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio. El individuo que realiza una acción que beneficia a otros pero se autoinflige daño en el proceso es el incauto. El individuo que actúa en beneficio propio sin importarle el daño que cause al resto es el malvado, al que podríamos llamar Felipe González-aunque aún no sepamos si se está beneficiando así mismo con sus acciones, por lo que podría tratarse de un estúpido al que no hemos descubierto-. El individuo que consigue encaminar sus acciones a un aumento del bienestar global, en el que él mismo se incluye, es el inteligente, mientras que el individuo que actúa y con ello no solo consigue perjudicarse a él, sino al resto, es el estúpido. Creo que con este esquema es bastante sencillo encasillar a una persona en algún cuadrante, si no en varios, aunque como en todo, hay grados de estupidez y de inteligencia. A mí se me ocurre por ejemplo el caso del votante de derecha liberal pobre. A ver si adivináis dónde.
El caso es que las personas racionales tienen dificultades a la hora de imaginar y comprender un comportamiento irracional. Pero, sin embargo, no son pocos los casos en los que las personas tienden a agruparse bajo el área del cuadrante de los estúpidos. La distribución de frecuencias implica que hay un alto número de decisiones en las que las pérdidas totales superan a las ganancias totales, dando como resultado neto una pérdida de bienestar. Esto es, por ejemplo, el caso de los malvados estúpidos, cerca de la estupidez pura, en los que al intentar ganar un beneficio consiguen hacer perder más al resto de lo que ellos ganan. Esto supone que es posible encontrarse con malvados perfectos (pérdidas igualan a ganancias) y con malvados estúpidos o malvados inteligentes.
En función de la capacidad de acción del individuo estúpido, el grado que alcanzan sus acciones estúpidas varía. Esto es, un estúpido en posición de poder tiene mucha más capacidad de destrucción que un estúpido con área de actuación limitada. Una pregunta que suelen hacerse los inteligentes es cómo es posible que los estúpidos alcancen posiciones de poder o autoridad; Carlo Cipolla responde a esto con la teoría de castas y clases, que permitieron durante siglos un flujo constante de personas estúpidas a puestos de poder. Esas clases o castas modernas (partidos políticos, democracia y burocracia) continúan suministrando estúpidos, sin ir más lejos, a través de las elecciones democráticas, una herramienta eficaz para asegurar el mantenimiento estable de la fracción correspondiente de estúpidos (recordemos que según la 2ª Ley, existe un porcentaje desconocido y subestimado de estúpidos entre los votantes), y las elecciones les brindan una oportunidad magnífica para perjudicar a todos los demás sin beneficiarse a sí mismos.
Debemos recordar que la peligrosidad y nocividad de los estúpidos es también culpa de los inteligentes, incautos y malvados, que son incapaces de adelantarse a sus desmadres y actuar en consecuencia. Los inteligentes pueden entender la lógica del malvado, pero se encuentran desarmados ante la devastación que causa un estúpido. Los estúpidos, además, tienden a carecer de autoconciencia, lo que supone que piensen que son malvados, incautos y, sorprendentemente, inteligentes. Esto nos lleva a la 4ª Ley
Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar o circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

 El corolario a esta teoría de la humanidad es bien conocido, y afirma que es mucho más peligroso un estúpido que un malvado. Ser malvado perfecto es actuar en favor de una transferencia de riqueza entre un individuo y otro, por lo que en análisis macro supone que una sociedad en la que todos son malvados a turnos se encontrará en equilibrio. Sin embargo, una sociedad con una gran fracción de estúpidos tiende al empobrecimiento. Todo esto no nos puede llevar a pensar que las sociedades que consideramos más avanzadas cuentan con un menor número de estúpidos, o que las sociedades en decadencia sufren de un mayor contigente estúpido (ya que infringiríamos las leyes anteriores). Carlo Cipolla responde a esto con la hipótesis de que en las sociedades en decadencia la acción de los estúpidos no se ve contenida por la permisividad del resto de grupos, lo que aumenta su potencial destructor. Además, en estas sociedades, muchos individuos tienden a comportarse como incautos estúpidos o malvados estúpidos, lo que nos lleva a engrosar las pérdidas totales y acelerar la crisis del sistema.

Lesbos, Grecia. Los migrantes económicos no existen

Llevo un tiempo guardando dentro esta visión y la promesa interna de contársela a cuantos más, mejor. Si tenéis un rato para leerme, os pido atención. Creo que es importante. Si no lo tenéis, aquí os dejo la conclusión más general:

Es preciso hacer un esfuerzo consciente para intentar ver el mundo como de verdad es. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de causar mucho sufrimiento, aunque no sea nuestra intención.

El campamento era un lugar extraño, donde jugar al cricket y al Uno se mezclaba con relatos de la guerra, de largas caminatas por montañas iraníes y del reclutamiento por tortura de los talibanes.

13719672_1229995907033884_139576530458856631_oPongámonos en contexto: Lesbos es una pequeña isla griega situada a unos escasos seis kilómetros de Turquía. Desde tiempos inmemoriales, pero, más recientemente, desde hace unos cuarenta años, ese estrecho trozo de mar lo han cruzado multitud de personas buscando en Europa una vida mejor. En octubre del año pasado esta situación alcanzó un máximo absoluto: en apenas un mes, más de 200 000 personas (aproximadamente la población de Granada) llegaron a sus costas. Otras tantas, casi una de cada cien, murió ahogada. Podría hablar de cifras oficiales, pero mis compañeros de Proactiva Open Arms no estarían de acuerdo.

lesbos¿Cómo es posible que muera tanta gente en un recorrido de tan solo 45 minutos? La respuesta se halla en las pateras, mayoritariamente de plástico, en las que se agrupan hasta 100 personas con chalecos salvavidas de imitación. El “capitán“, experiencia nula, es elegido por las mafias y con frecuencia amenazado a punta de pistola. Su misión: intentar mantener la embarcación recta hasta dar con la costa. ¿El precio por el pasaje? Más de mil euros, o lo que es lo mismo, cien veces más de lo que pagamos cualquiera de los de este lado por cruzar en condiciones mucho más seguras.

No quiero magnificar mi historia. Pasé apenas un mes en Lesbos. No vi ningún muerto y tampoco le salvé la vida a nadie. Mi tarea, al servicio de una ONG sueca, consistía en asistir con agua, comida y ropa seca a los migrantes y refugiados que llegaban a la costa norte de la isla. Recuerdo bien la primera llegada: mientras acompañaba a un señor de Eritrea al baño, aprovechó para agradecernos nuestra labor: “People in Europe very good. I know we all is good now”. No le contesté.

No contesté porque sabía que en unas pocas horas estaría en Moria, centro de detención de Lesbos y hogar para más de 4000 personas. Había oído hablar de sus concertinas y de las eternas colas de personas, bajo la lluvia y entre sus propios excrementos, esperando para poder entrar. Había oído hablar mucho de Moria pero, como tantas otras cosas, no las llegaría a comprender hasta que estuve allí.

Moria es el infierno sobre la tierra. Lo peor, más que el estricto escrutinio policial, las vallas y los containers donde se hacinan quince o más, es la sensación de desesperación que pesa, como un plomo, sobre todo el que entre. Pregunté a una voluntaria que servía dentro si pensaba que Moria era una cárcel. La joven llevaba años examinando, como periodista, las cárceles de EEUU. Su respuesta fue: “Solo puedo decir que los problemas que surgen aquí son muy similares a los que surgen en las cárceles, y eso da mucho que pensar”. ¿Somos capaces de imaginar lo que se siente al estar encarcelado sin haber cometido ningún crimen más que el de buscar una vida mejor? El día después de la visita me lo pasé entero llorando.

Los días que no había llegada los pasábamos limpiando las playas de Lesbos por la mañana y animando a los chavales de un campo de menores no acompañados por la tarde. Es un buen recordatorio de que pasar mucho tiempo en la cama es un síntoma importante de depresión, porque eso era el mayor pasatiempo de todos estos adolescentes sirios, afghanos y pakistaníes. El campamento era un lugar extraño, donde jugar al cricket y al Uno se mezclaba con relatos de la guerra, de largas caminatas por montañas iraníes y del reclutamiento por tortura de los talibanes.

Dos semanas antes de irme tuvo lugar el famoso golpe de Estado fallido en Turquía. Nos preparamos toda la noche para la llegada masiva de cientos de personas, pero al primer día no vino nadie. Al segundo, tampoco. Tuvieron que pasar cinco días para que se reanudara el goteo constante de botes, uno al día, siempre al amanecer, y esta vez llenos de sirios. Los sirios, la rara avis de la migración, son los únicos que protege la Comunidad Internacional, y Turquía les había llegado a ofrecer hasta la nacionalidad. Su llegada significaba que algo iba muy mal al otro lado. “Every day we hear guns“. Este es el país al que hemos cedido toda responsabilidad.

Me fui de Lesbos con muchas preguntas y alguna certeza que me gustaría compartir antes de cerrar este relato. Son las siguientes:

Que los migrantes económicos no existen. Ese término peyorativo descalifica a aquellos que se han jugado sus vidas para huir de una infinidad de factores. Lo que es peor, confronta un principio fundamental de la igualdad: que la pobreza, en sí, engendra violencia.

lesbos_greciaQue la guerra fría nunca acabó. O lo que es lo mismo, que el mundo pacífico en el que creemos vivir es mentira. Todo esto se explica directamente a través de los intereses geopolíticos de nosotros, los países ricos, y del tan ignorado colonialismo de Oriente Medio. La guerra en Siria se nutre de capital occidental y capital oriental, principalmente ruso e iraní, que están pagando el que los sirios se maten entre ellos. Nuestra responsabilidad moral no es solo acoger; reside en todos los factores que han originado este conflicto.

Que nuestros hijos recordarán esta crisis con verdadera vergüenza por el comportamiento de esta Unión Europea, “Unida en la diversidad“.

Que la única solución pasa por la acogida. Los campamentos son una solución temporal a un problema que no muestra señales de resolverse y es nuestro deber ofrecer a toda esta gente un hogar y unos medios de vida dignos. Contra quienes dicen que lo que tiene que pasar es que “resuelvan su guerra” esgrimo lo anterior: el flujo migratorio es una consecuencia directa de nuestras acciones que promueven la desigualdad. Se puede elegir entre ropa barata o acoger a gente, o incluso dejarles que se pudran como estamos haciendo ahora, pero no podemos tenerlo todo.

La patria es aquello que se puede abarcar con la vista, lo que se puede recorrer en un día. (El Imperio, Ryszard Kapuscinski)

 

Por: Álvaro

De la concentración de poder en la industria

Hace poco salía a la luz la siniestra noticia acerca de que 3 corporaciones están a un tris de controlar las herramientas de producción agraria a nivel mundial. La globalización tenía sus inconvenientes.

Ahora que la crisis del PSOE quema rotativas y la trama Gürtel hace su reaparición en los medios de desinformación, es buen momento para desentrañar la masa de albóndigas en que se está convirtiendo nuestro futuro cercano como civilización. Y es que este poco transparente y mafioso holding dedicado a la producción de fitosanitarios, semillas, abonos, herbicidas, agroquímicos y pesticidas, lleva varias décadas en proceso de unificación empresarial. Así, granito a granito, se están haciendo con el mercado global de producción alimentaria. Como las hormiguitas que acumulan comida en el largo verano del libre mercado, nos la están colando trás trás por detrás.

Años de linchamiento público (que no mediático) de Monsanto, no han servido para debilitarlos, y así, como buena plaga, se han hecho más fuertes. El control de un recurso estratégico, como es la comida – y es que, joder, ¡¿qué hay más estratégico que la comida!?-, por parte de una empresa privada, pone los pelillos de punta. Porque a nadie le gusta no tener escapatoria. Y os debo decir, amigas mías, que de momento no hay escapatoria a gran escala. Esto es como el país que contaba en su arsenal con una bomba H en los años fríos, pero PEOR. Los culpables (aunque listillos) de este jaque mate al género humano son la alemana Bayer, las estadounidenses Dow, Dupont y por supuesto Monsanto (no se pierde una), la china ChemChina y, sorprendentemente, una suiza Syngenta que, traicionando los principios básicos suizos de no mojarse, se encuentra colegueando con las grandes potencias (privadas) que han venido a sustituir a sus potencias estatales-¿públicas?-. La concentración de poder a niveles globales nos convierte a todas en seres vulnerables  a las prácticas nada éticas pero sí rentables de subida de precios y guerra económica.

La información es el nuevo oro. Los fertilizantes el nuevo petróleo. Las megacorporaciones la nueva metrópoli.

Esta curiosa analogía entre estado-nación novecentista y megacorporación del siglo XXI no hace más que preocuparme. Y es que sin que nos demos cuenta el poder ha pasado de manos estatales a privadas en una vorágine muy loca de libremercado y neo-neocolonialismo.

ADVENTURE CLUB

No tienes competencia, no tienes rival y no tienes límites. El sueño húmedo de todo emprendedor.

Controlar la energía, la nutrición, el agua potable y la tierra fértil es la nueva guerra mundial de potencias, a la que como ciudadanos nos enfrentamos sin herramientas potentes y grandes desventajas. Los gobiernos son débiles e  incapaces de resistir un asalto de esta magnitud. Los Estados Unidos no dan miedo. China da un poco de miedo, es verdad, pero una empresa privada internacional con confusa jerarquía en la toma de decisiones y cabezas visibles de poder dan MUCHO más miedo. Quien tenga en este siglo el control de dichos recursos, tendrá el poder absoluto. Con miedo de parecer castrochavista diré que las soluciones más eficaces a este problema serían la nacionalización de los recursos estratégicos para evitar el monopolio de los mismos por manos privadas (ya sabemos, esas manos invisibles). Si negamos con la cabeza cuando algo desprende tufillo socialista, mirar el resultado del oligopolio eléctrico en el caso español aquí (también podéis mirar vuestras facturas de los últimos diez años).

Poco se ha dicho de la tendencia de ciertos bienes al monopolio natural, como por ejemplo, el suministro de agua potable, que conlleva que su privatización se convierta no en un negocio sino en una gallina de los huevos de oro. No tienes competencia, no tienes rival y no tienes límites. El sueño húmedo de todo emprendedor.

Lo curioso es, que pocas voces liberales se alzan en contra de este tipo de monopolios, que distorsionan el mercado y arruinan sociedades. Vaya, parece que la mano invisible se está convirtiendo en la mano llena. La máquina propagandística cuando esto sucede calienta motores y las palabras Venezuela y comunismo no tardan en aparecer. Un discurso objetivo y racional nos conduciría a debatir y combatir la existencia de estos monopolios, y los primeros que deberían abrir la boca serían esos que se la llenan con el libre mercado y sus beneficios. La belleza de la teoría económica liberal sobre el papel se convierte en caciquismo demasiado rápidamente y no aguanta una crítica.

 monopolioPiensa en que no necesitas sacar los tanques a la calle y bombardear ciudades si puedes cortar el grifo de recursos básicos. Que no necesitas diplomacia si tienes las semillas (o mejor, el fertilizante). Que no es útil una declaración de guerra si tienes el control de la tierra. Que los ejércitos, los gobiernos, las embajadas, los tribunales, la realpolitik, los partidos y los sindicatos, la patronal, son indiferentes si tú tienes el verdadero poder.

La deudocracia es el pasado. El monopolio is the new black.

Por: RAF Tomaten

 

 

Nosotras y el Estado del Medioestar

El número de multimillonarios en España ha aumentado un 44% desde 2011. España se convierte en 2016 en el país más desigual de la OCDE. Los 20 españoles más ricos tienen tanto como el 30% más pobres y según un estudio de Oxfam, el patrimonio de las grandes fortunas subió un 15%, mientras que el del 99% restante cayó un 15%. Una economía al servicio del 1%. Nadie discute ya que esto no es una crisis, es, como diría un portavoz del PP, un reajuste. Un trasvase de riqueza de los desarrapaos a los forraos.

Entonces, si es tan obvio que nos han estafado como a guiris ¿Por qué no estalla nada? ¿Tendrá la sociología respuestas?. Tenemos una teoría. Existe una dinámica sutil, una percepción creada, una convicción, entre los que tienen poco, que nos distingue de los que no tienen nada, y que engaña a nuestros cerebros, ah, con la esperanza. Con la falsa creencia de las aspiraciones, la dulce muerte de la razón.

medioestar

Al fin y al cabo, todas queremos vivir más o menos en paz, si no tienes dinero para conseguir bienes, se pone de moda el minimalismo grunge y el reciclaje es cool. Un piso ruinoso lleno de palés tiene encanto. Comprar de segunda mano también. El sistema convierte en consumo válido y atractivo nuestras limitaciones. Él también se reajusta. Incluso si no quieres recogerlos de la calle (que la mendicidad todavía no queda bien), IKEA te vende a módicos precios bienes fabricados en cadena que parecen auténticos y creativos.

Ser pobre como rata está de moda. Y digo yo ¿Por qué no dejamos de hacer bandera de nuestra condena? Pues porque queremos vivir en paz. Queremos sentir que nuestro acotado margen de maniobra es en realidad muy moderno y envidiable. Que la precariedad en un trabajo es en verdad movilidad. Que eso es algo a lo que hay que aspirar. ¿Por qué? Porque es útil. ¿Es útil para tu vida? Tal vez no . Pero, si es muy juvenil cambiar de trabajo constantemente, cobrando una mierda, sin convenios, sin vacaciones, sin sueldos decentes ¿pensarías lo mismo?. Tus padres aspiraban a pagarse la hipoteca ¿Quieres tú eso? No. Quieres ser libre y no estar atado ¿Quieres eso? A lo mejor, y solo a lo mejor, estamos maquillando nuestra triste realidad como una decisión tomada. Y a lo mejor, alguien lo ha decidido por nosotras.

Nuestros sueldos de miseria necesitan un mercado con bienes miserables. Si reajustamos nuestras aspiraciones ¿Para qué tenemos que reajustar el Sistema?

El Estado del Medioestar, el Estado del Miedoestar

MODELOS DE ORDENACIÓN Y DESARROLLO TERRITORIAL (I)

España viene siendo un país de visión cortoplacista. Desde las desamortizaciones del s. XIX que provocaron la desindustrialización por falta de capital invertido, a los megaproyectos sin objetivos claros ni realistas del s. XXI, tanto la inversión pública como la privada se han guiado más por intereses puramente especulativos que por la conciliación entre el crecimiento económico y la ordenación sensata del territorio, de los usos del suelo y de la construcción de un modelo económico a largo plazo.


España, el reino de taifas, arrastra desde la Dictadura franquista un modelo de frcrecimiento y desarrollo económico territorial que se ha intensificado y hecho fuerte durante la Transacción. Las consecuencias más evidentes se hicieron visibles durante la crisis económica de 2008 y la explosión de la Burbuja inmobiliaria, aunque siendo estas, no el pistoletazo de salida de una reflexión colectiva sobre el a dónde vamos, o de dónde venimos, sino que se las ha considerado tanto colectivamente como mediáticamente como si la desgracia hubiera caído del cielo y fueran solo una consecuencia más de la recesión económica cíclica de todo sistema capitalista.

Los factores que implican, los recursos que están en juego y las pérdidas a las que nos enfrentamos como sociedad, son mucho más complejas e implican a más de una generación como para no analizarlas con serenidad. Desde las consecuencias relativas a la excesiva dependencia económica de un sector, como el de la construcción, hipertrofiado, y más relacionado con economías en crecimiento que con países desarrollados*, hasta la dilución irreversible de nuestros valores como pueblo y nuestros recursos naturales como habitantes. No solo somos camareras y gogós.

Un país profundamente atrasado respecto a sus vecinos europeos, con escaso desarrollo industrial y con una economía basada en el sector primario, encontró en la construcción a cascoporro la vía desarrollista, que enriqueció a unos pocos empresarios adeptos al régimen y encontró en la población rural al proletariado verde necesario para masificar los núcleos centralistas en la España de la Dictadura y las zonas costeras, potenciales segundas residencias y nidos turistas.

Barcelona y Madrid pasaron a acoger oleadas de campesinos y ganaderos que de la economía de subsistencia pasaron a nutrir las filas obreras de un capitalismo de amiguetes*. Pronto, esta clase urbanita incipiente se convertiría en la consumidora. Los sueños de todo español de bien consistían en adquirir una vivienda en propiedad y conducir un 600.

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Foto aérea de lo que era Vallecas en 1960

Pronto el campo quedó despoblado y las barriadas de Madrid y Barcelona crecieron a su costa, para intensificar un modelo de territorio centralista, en el que los recursos de gran parte del territorio quedaron infrautilizados y abandonados para constituir un país en el que la ordenación del territorio se limitaba a planes de urbanismo allí donde cupiesen casas. La conciencia ambiental, entendida como la visión a largo plazo de las consecuencias del abandono rural y la nula inversión en el sector industrial, convirtieron a España en la playa de Europa, centrando la actividad económica en la servidumbre a los turistas del Norte y en la creación de ciudades de veraneo ocupando todo el litoral desde la Costa Brava a Cabo de Gata. Así mismo, tanto capital público como privado se orientaron a invertir en proyectos de grandes beneficios monetarios y poca utilidad y valor añadido, que conllevaron una fuerte desviación de caudales mal aprovechados y congelados en forma de ladrillo y cemento.

Encontramos en la construcción a cascoporro la vía desarrollista, que enriqueció a unos pocos empresarios adeptos al régimen y encontró en la población rural al proletariado verde necesario para masificar los núcleos centralistas en la España de la Dictadura y las zonas costeras

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Proyecto de Plan General de Ordenación urbana de la ciudad de Valencia (26/12/2014), que pretendía urbanizar a costa de L´Horta. “La Huerta ha perdido en los últimos 50 años el 64% de su superficie, pero este alto porcentaje no corresponde al boom urbanístico más reciente sino que, en la etapa franquista, cuando la ciudad experimentó un crecimiento poblacional muy acusado fue cuando el 50% de este terrenos se convirtieron en asfalto y casas que proliferaron rápidamente y sin planificación. Varias son las organizaciones que ponen en duda la utilidad de este plan urbanístico ya que implica la pérdida de suelo agrícola en detrimento de la creación de viviendas en un contexto de despoblación de la ciudad (el último año Valencia ha perdido 30.000 habitantes) y de la construcción de polígonos industriales”. Foto


Parece insolente culpar de la falta de criterio a una generación. Parece también fácil hacer leña del árbol caído, pero realmente necesitamos como sociedad asumir los errores cometidos y plantear alternativas a largo plazo para corregir nuestro camino como país. Nuestro complejo de inferioridad frente a Europa nos lleva a intentar imitar el desarrollo entendiéndolo como  ostentación, claramente visible en las megaestructuras faraónicas dispersas por todo el territorio.

El perfil histórico arrastrado del empresario español, que nunca fue más que el nuevo rol que asumió el cacique rural, junto con la complacencia de una Administración constituída por el mismo señorito apoltronao, ha provocado que la relación entre la Gobernanza y custodia del Territorio, obligación de la Administración,  y la inversión de capital tanto privado como público,  se limite a negocios de escaso interés general que implican mucho más que la pérdida de inversión en otros sectores, sino que hipotecan al medio en el que vivimos y a las nuevas generaciones.

Nuestro complejo de inferioridad frente a Europa nos lleva a intentar imitar el desarrollo entendiéndolo como  ostentación

Al desglosar nuestro milagro español hasta 2007, se advierte que casi el 10% del PIB lo representaba la construcción, el doble que en Estados Unidos-país en el que también estalló esta misma burbuja especulativa-.

Algunas regiones del Estado se especializaron intensamente en la construcción residencial al descubrir la alta rentabilidad que representaba frente a otros proyectos. Esta euforia colectiva, junto con otras muchas cualidades castizas, desembocaron en una falta total de enfoque estratégico que ha desembocado en endeudamiento nacional y en un deterioro por tanto de las posibilidades futuras de desarrollo.

Los indicadores de crecimiento tradicionales (PIB) no son buenos consejeros a la hora de analizar el estado de una economía ni la calidad de vida de sus ciudadanos ni el uso eficiente que hacen de sus recursos -en otro post se hablará de los indicadores de crecimiento alternativos-. En España se crecía ininterrumpidamente con porcentajes anuales altos, similares a los de las economías en crecimiento, mientras que en otros países vecinos los crecimientos se sostenían con valores inferiores, propio de economías desarrolladas.

En este periodo, nuestros sistemas institucionales se han puesto a prueba y han fallado, nuestros empresarios han sido puestos a prueba y han fallado, y la sociedad, a pesar de la fuerte verticalidad en la toma de decisiones, se ha dormido en los laureles y ha fallado como mecanismo de control de la jauría.

Foto

El modelo adoptado en España para estimular el crecimiento a partir de la recesión es reconvertir el país es un paraíso para la empresa extranjera, con mano de obra barata, nula reacción sindical y beneficios fiscales para el gran capital. Esta elección supone mucho más que la precarización del mercado laboral, sino que hipoteca el futuro al contar cada vez con menos medios de crecimiento sostenido, real y nacional, que vayan en consonancia con un aumento en la calidad de vida y en el empoderamiento de la ciudadanía.


huertaSiempre hay esperanza. Vecinas y vecinos protestan contra el PGOU de Valencia, que implicaba la reclasificación de terrenos de L´Horta para autovías y cosas así que nos molan en España. Menos mal que no les dio por hacer un AVE. Este plan se le ocurrió al PP de Rita, y quedó finalmente paralizado por la oposición ciudadana y porque creo que ya no quedan concejales del PP valenciano sin imputar. Foto

Es difícil explicar cómo ante la proliferación de normas, planes, leyes, directivas, resoluciones y demás normativa, farragosa y abundante, aún así se han sucedido casos de corrupción urbanística y se ha omitido la legislación, tanto sectorial como general, en tantos proyectos. Tal vez el planteamiento de nuestra cultura normativa tenga como objetivo la cantidad en lugar de la calidad, o eficiencia y sensatez legislativa y operatividad. Muchos proyectos han salido adelante y han llegado, a pesar de su ilegalidad, a fase de explotación, todo ello con la permisibilidad de las Administraciones competentes, y solo cuando ciudadanos individuales, colectivos o incluso las Instituciones europeas han levantado la voz, han señalado las irregularidades, han denunciado, han tenido que abrir un proceso de investigación y judicial, estos proyectos ilegales han salido a la luz. La ocultación, la opacidad, la verticalidad en el poder, han conducido a esta falta de control y a la difícil tarea de frenar proyectos, cuando las más de las veces una vez finalizado el proceso judicial la obra ya estaba concluida (Hotel Algarrobico) o explotada (carretera M-501 en Madrid).

La falta de rendición de cuentas y responsabilidad civil de los gestores de los recursos públicos conduce a una impunidad que no solo sufren las cuentas públicas, sino que es el territorio y los ciudadanos los que asumen las consecuencias de este modelo.

Este país necesita replantearse en qué quiere convertir el medio rural, si en un desierto infrapoblado e inutilizado, pasto del fuego y la degradación, o en un nicho económico sostenible que permita generar riqueza con consenso y sentido común, permitiendo una mayor horizontalidad en la toma de decisiones, no solo a nivel formal, sino que el consenso parta desde la ciudadanía a los representantes y promotores, y viceversa.

Ceder el control de los recursos estratégicos a poderes privados, y sin contar con la defensa y responsabilidad de una Administración débil y carente de ética, nos convierte en los sujetos de reacción frente al expolio y la degradación de los recursos no renovables con los que contamos, como el suelo fértil, el paisaje o el agua potable.

El medio urbano debe conseguir responder a otro tipo de cuestiones, y sus modelos de ordenación deben centrarse en la racionalización y uso eficiente de recursos en cuanto a la distribución. Dentro de las ciudades deben promoverse espacios de creación y fomentar la autosuficiencia, con el fin de que la ciudadanía sea más libre y más crítica con el uso y el desuso que se hace de sus ciudades y de los recursos. La urbanización antisocial de los proyectos de ampliación urbana y ensaches, y el abandono institucional de barrios marginales convierten a las ciudades en lugares hostiles donde no se puede desarrollar la vida.


*A ver, cuando hablo de países desarrollados, en vías de desarrollo y subdesarrollados, estoy adoptando los términos equivocados pero de común entendimiento. No entiendo por desarrollo lo que estamos haciendo en España hoy en día, por ejemplo. No entiendo por país en vías de desarrollo a China, ya que utilizando el PIB per cápita y el PIB verde, tanto la población es más pobre que las ratas y los recursos se están utilizando de manera poco eficiente y sostenible, lo que no conduce a un desarrollo real y sostenido. Nuestros conceptos occidentales de lo que es el desarrollo generalmente implican crecimientos de la economía lentos pero sostenidos,grandes inversiones en I+D y cierta calidad de vida y cultura democrática. Cuando hablamos de los otros países como en vías o subdesarrollados, lo hacemos tomando como referencia el modelo adoptado hace años por nuestros propias naciones, que, como ya se ha visto, tienen unos resultados poco civilizados.

**Cuando hablo de capitalismo de amiguetes me refiero a que me hace mucha gracia los que defienden el libre mercado mientras las grandes del IBEX viven de licitaciones públicas, es decir, chupan más de la teta del Estado que el que cobra el paro. Rescatar un banco no es liberalismo, tener amigos en la administración a los que darles propinillas porque te regalen concursos públicos no es liberalismo, ser tertuliano en la antigua Telemadrid tampoco es liberalismo, y haber hecho carrera en un partido que ingresa pasta de las arcas públicas, tampoco. Asi que menos hacer bandera del liberalismo, que lo que es es un socialismo para ricos.

Por: RAF Tomaten

Foto de portada: PGOU de la Junta de Andalucía de la Aglomeración urbana de Granada (Sevilla, 28 Marzo 2000)