TRUMBO Y REFLEXÓN SOBRE LA PROPAGANDA

El pasado miércoles, aprovechando el día del espectador y que la entrada está más barata, fui a ver la película Trumbo, basada en la vida del guionista americano Dalton Trumbo. Uno de mis miedos era no poder parar de ver a Heisenberg (Breaking Bad)  ya que el papel protagonista lo interpretaba Bryan Cranston, pero eso no sucedió y desde el comienzo de la película veías otro personaje diferente al de la serie de televisión.

Un pequeño resumen para situarnos históricamente, había comenzado la Guerra Fría y el mundo estaba dividido en dos superpotencias. Por lo que la declaración de Estados unidos fue o estás conmigo o estás contra mí, o eras comunista o apoyabas a estados unidos y así se creó en 1947 el Comité de Actividades Antiamericanas. Este comité apoyaría al senador Joseph MacCarthy a comenzar una persecución a sospechosos de simpatizar con ideologías comunistas, también conocida como “Caza de Brujas”. El comité citó a declarar ante el Congreso a 19 presuntos comunistas y a derechistas dispuestos a delatar. De esos 19 acusados, diez se negaron a declarar acogiéndose a la Primera y Quinta Enmienda y denunciando, además, las sesiones como una violación de sus derechos civiles.  Dalton Trumbo, miembro del Partido Comunista de Estados Unidos, junto con sus colegas, fueron condenados a prisión por desacato al Congreso. Durante trece años, este reputado guionista trabajó bajo pseudónimo debido a la fuerte presión que ejercía la opinión pública sobre su carrera, pese a esto consiguió ganar dos Oscars bajo diferentes nombres, uno de ellos por “Vacaciones en Roma” y el otro por “Bravo”.

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Donald Trumbo escribiendo guiones en su bañera

Estados Unidos tenía la necesidad de vigilar la industria cinematográfica debido al gran potencial e influencia que tiene sobre la sociedad. Este potencial viene desde la década de los 30, con la Gran Depresión, los ciudadanos estadounidenses pasaban por una dura crisis económica y para muchos de ellos el cine se convirtió en un refugio en el que evadirse de los  problemas de la vida cotidiana. Esto coincidió con el auge del cine sonoro, lo que suponía que  los espectadores podían escuchar por primera vez las voces de sus actores favoritos. Así lo refleja Woody Allen en “La rosa púrpura del Cairo” los estadounidenses de los años 30 volcaban su atención en el cine, en el glamour de Hollywood y en la vida de las estrellas y de este modo dejaban a un lado sus preocupaciones y sus problemas. Nace aquí la época dorada de Hollywood, el cine entra en las vidas de los ciudadanos y los actores se convierten en todo un referente.

Cuando arranca la Segunda Guerra Mundial se crea la Oficina de Información para la Guerra, el objetivo de esta oficina es convencer de la necesidad de esta guerra, los distintos medios de comunicación apoyarán la entrada en combate del país e incitarán a la colaboración con la compra de bonos de guerra. En aquel momento el gobierno de Estados Unidos ya conocía el gran potencial que es el cine y la gran influencia que ejerce sobre los americanos por lo que la productora Metro Goldwyn Mayer utilizcaptain-america-1-1150531ará sus películas y sus estrellas para promocionar el apoyo a la guerra. Las películas de aquella época ensalzaban el papel de los militares que se jugaban la vida en el otro lado del océano frente a los enemigos. Por lo que el cine se convierte en un valioso material propagandístico aunque no en el único. La promoción de la guerra también buscaba alcanzar a los más pequeños, a través de cómic y juguetes que buscaban  para despertar su espíritu patriota y dejar claro quiénes eran los enemigos.

La 2ª Guerra Mundial terminó con el lanzamiento de dos bombas atómicas por parte de EEUU sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945, estas bombas causaron  unas 246 000 muertes y graves secuelas que a día de hoy siguen afectando a esos territorios. Pese a provocar toda esta masacre Estados Unidos nunca se ha arrepentido de nada y tras los lanzamientos las palabras del presidente estadounidense Harry S. Truman fueron:

“Las usamos para acortar la agonía de la guerra, para salvar las vidas de miles y miles de jóvenes estadounidenses”.

El pasado 26 de Mayo el presidente estadounidense Barak Obama visitaba Hiroshima y desde que anunció la visita, su gobierno aclaró que no pediría perdón ni revisaría la decisión del entonces presidente Harry S. Truman de lanzarla. El poder de la propaganda es tan grande en Estados Unidos que el país nunca ha tenido un sentimiento de culpabilidad tras estos sucesos, incluso a finales de la década de los 40 uno de los juguetes estrella entre los niños era un laboratorio atómico con el fin de normalizar y limpiar la imagen del uranio.

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La Guerra fría, además de ser una lucha armada fue también una guerra propagandística entre las dos superpotencias mundiales. En abril de 1949, la URSS organizó en París el Congreso Internacional por la Paz, un evento tuvo una gran repercusión mediática y contó con el apoyo de numerosos intelectuales y artistas como Charlie Chaplin o Picasso, quien cedió un dibujo de una paloma de la paz que se convirtió en uno de los símbolos del siglo XX. Con este congreso la URSS consiguió mostrar a Estados Unidos como el bando de los malos, frente a ellos que solo querían la paz mundial. Tras esta táctica la respuesta americana fue tomar el término paz y hacerlo suyo. La palabra paz estaba presente en todos los discursos y apariciones internacionales,  se organizó una gran exposición internacional itinerante sobre las bondades de la energía atómica llamada Átomos para la paz, así como conferencias tituladas En defensa de la paz y de la libertad. La CIA organizó en Berlín el Congreso para la Libertad de la Cultura en 1950, esto que suena algo hipócrita teniendo en cuenta lo que sucedía en Hollywood donde se estaba desarrollando la “caza de brujas”  y se había cesado de su trabajo como guionistas a los “diez de Hollywood”.

Y es que “el hábito no hace al monje” y es muy facil “ver la paja en el ojo ajeno”(ya sabéis que en Arrieritos Somos nos van mucho los refranes).