España viene siendo un país de visión cortoplacista. Desde las desamortizaciones del s. XIX que provocaron la desindustrialización por falta de capital invertido, a los megaproyectos sin objetivos claros ni realistas del s. XXI, tanto la inversión pública como la privada se han guiado más por intereses puramente especulativos que por la conciliación entre el crecimiento económico y la ordenación sensata del territorio, de los usos del suelo y de la construcción de un modelo económico a largo plazo.


España, el reino de taifas, arrastra desde la Dictadura franquista un modelo de frcrecimiento y desarrollo económico territorial que se ha intensificado y hecho fuerte durante la Transacción. Las consecuencias más evidentes se hicieron visibles durante la crisis económica de 2008 y la explosión de la Burbuja inmobiliaria, aunque siendo estas, no el pistoletazo de salida de una reflexión colectiva sobre el a dónde vamos, o de dónde venimos, sino que se las ha considerado tanto colectivamente como mediáticamente como si la desgracia hubiera caído del cielo y fueran solo una consecuencia más de la recesión económica cíclica de todo sistema capitalista.

Los factores que implican, los recursos que están en juego y las pérdidas a las que nos enfrentamos como sociedad, son mucho más complejas e implican a más de una generación como para no analizarlas con serenidad. Desde las consecuencias relativas a la excesiva dependencia económica de un sector, como el de la construcción, hipertrofiado, y más relacionado con economías en crecimiento que con países desarrollados*, hasta la dilución irreversible de nuestros valores como pueblo y nuestros recursos naturales como habitantes. No solo somos camareras y gogós.

Un país profundamente atrasado respecto a sus vecinos europeos, con escaso desarrollo industrial y con una economía basada en el sector primario, encontró en la construcción a cascoporro la vía desarrollista, que enriqueció a unos pocos empresarios adeptos al régimen y encontró en la población rural al proletariado verde necesario para masificar los núcleos centralistas en la España de la Dictadura y las zonas costeras, potenciales segundas residencias y nidos turistas.

Barcelona y Madrid pasaron a acoger oleadas de campesinos y ganaderos que de la economía de subsistencia pasaron a nutrir las filas obreras de un capitalismo de amiguetes*. Pronto, esta clase urbanita incipiente se convertiría en la consumidora. Los sueños de todo español de bien consistían en adquirir una vivienda en propiedad y conducir un 600.

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Foto aérea de lo que era Vallecas en 1960

Pronto el campo quedó despoblado y las barriadas de Madrid y Barcelona crecieron a su costa, para intensificar un modelo de territorio centralista, en el que los recursos de gran parte del territorio quedaron infrautilizados y abandonados para constituir un país en el que la ordenación del territorio se limitaba a planes de urbanismo allí donde cupiesen casas. La conciencia ambiental, entendida como la visión a largo plazo de las consecuencias del abandono rural y la nula inversión en el sector industrial, convirtieron a España en la playa de Europa, centrando la actividad económica en la servidumbre a los turistas del Norte y en la creación de ciudades de veraneo ocupando todo el litoral desde la Costa Brava a Cabo de Gata. Así mismo, tanto capital público como privado se orientaron a invertir en proyectos de grandes beneficios monetarios y poca utilidad y valor añadido, que conllevaron una fuerte desviación de caudales mal aprovechados y congelados en forma de ladrillo y cemento.

Encontramos en la construcción a cascoporro la vía desarrollista, que enriqueció a unos pocos empresarios adeptos al régimen y encontró en la población rural al proletariado verde necesario para masificar los núcleos centralistas en la España de la Dictadura y las zonas costeras

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Proyecto de Plan General de Ordenación urbana de la ciudad de Valencia (26/12/2014), que pretendía urbanizar a costa de L´Horta. “La Huerta ha perdido en los últimos 50 años el 64% de su superficie, pero este alto porcentaje no corresponde al boom urbanístico más reciente sino que, en la etapa franquista, cuando la ciudad experimentó un crecimiento poblacional muy acusado fue cuando el 50% de este terrenos se convirtieron en asfalto y casas que proliferaron rápidamente y sin planificación. Varias son las organizaciones que ponen en duda la utilidad de este plan urbanístico ya que implica la pérdida de suelo agrícola en detrimento de la creación de viviendas en un contexto de despoblación de la ciudad (el último año Valencia ha perdido 30.000 habitantes) y de la construcción de polígonos industriales”. Foto


Parece insolente culpar de la falta de criterio a una generación. Parece también fácil hacer leña del árbol caído, pero realmente necesitamos como sociedad asumir los errores cometidos y plantear alternativas a largo plazo para corregir nuestro camino como país. Nuestro complejo de inferioridad frente a Europa nos lleva a intentar imitar el desarrollo entendiéndolo como  ostentación, claramente visible en las megaestructuras faraónicas dispersas por todo el territorio.

El perfil histórico arrastrado del empresario español, que nunca fue más que el nuevo rol que asumió el cacique rural, junto con la complacencia de una Administración constituída por el mismo señorito apoltronao, ha provocado que la relación entre la Gobernanza y custodia del Territorio, obligación de la Administración,  y la inversión de capital tanto privado como público,  se limite a negocios de escaso interés general que implican mucho más que la pérdida de inversión en otros sectores, sino que hipotecan al medio en el que vivimos y a las nuevas generaciones.

Nuestro complejo de inferioridad frente a Europa nos lleva a intentar imitar el desarrollo entendiéndolo como  ostentación

Al desglosar nuestro milagro español hasta 2007, se advierte que casi el 10% del PIB lo representaba la construcción, el doble que en Estados Unidos-país en el que también estalló esta misma burbuja especulativa-.

Algunas regiones del Estado se especializaron intensamente en la construcción residencial al descubrir la alta rentabilidad que representaba frente a otros proyectos. Esta euforia colectiva, junto con otras muchas cualidades castizas, desembocaron en una falta total de enfoque estratégico que ha desembocado en endeudamiento nacional y en un deterioro por tanto de las posibilidades futuras de desarrollo.

Los indicadores de crecimiento tradicionales (PIB) no son buenos consejeros a la hora de analizar el estado de una economía ni la calidad de vida de sus ciudadanos ni el uso eficiente que hacen de sus recursos -en otro post se hablará de los indicadores de crecimiento alternativos-. En España se crecía ininterrumpidamente con porcentajes anuales altos, similares a los de las economías en crecimiento, mientras que en otros países vecinos los crecimientos se sostenían con valores inferiores, propio de economías desarrolladas.

En este periodo, nuestros sistemas institucionales se han puesto a prueba y han fallado, nuestros empresarios han sido puestos a prueba y han fallado, y la sociedad, a pesar de la fuerte verticalidad en la toma de decisiones, se ha dormido en los laureles y ha fallado como mecanismo de control de la jauría.

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El modelo adoptado en España para estimular el crecimiento a partir de la recesión es reconvertir el país es un paraíso para la empresa extranjera, con mano de obra barata, nula reacción sindical y beneficios fiscales para el gran capital. Esta elección supone mucho más que la precarización del mercado laboral, sino que hipoteca el futuro al contar cada vez con menos medios de crecimiento sostenido, real y nacional, que vayan en consonancia con un aumento en la calidad de vida y en el empoderamiento de la ciudadanía.


huertaSiempre hay esperanza. Vecinas y vecinos protestan contra el PGOU de Valencia, que implicaba la reclasificación de terrenos de L´Horta para autovías y cosas así que nos molan en España. Menos mal que no les dio por hacer un AVE. Este plan se le ocurrió al PP de Rita, y quedó finalmente paralizado por la oposición ciudadana y porque creo que ya no quedan concejales del PP valenciano sin imputar. Foto

Es difícil explicar cómo ante la proliferación de normas, planes, leyes, directivas, resoluciones y demás normativa, farragosa y abundante, aún así se han sucedido casos de corrupción urbanística y se ha omitido la legislación, tanto sectorial como general, en tantos proyectos. Tal vez el planteamiento de nuestra cultura normativa tenga como objetivo la cantidad en lugar de la calidad, o eficiencia y sensatez legislativa y operatividad. Muchos proyectos han salido adelante y han llegado, a pesar de su ilegalidad, a fase de explotación, todo ello con la permisibilidad de las Administraciones competentes, y solo cuando ciudadanos individuales, colectivos o incluso las Instituciones europeas han levantado la voz, han señalado las irregularidades, han denunciado, han tenido que abrir un proceso de investigación y judicial, estos proyectos ilegales han salido a la luz. La ocultación, la opacidad, la verticalidad en el poder, han conducido a esta falta de control y a la difícil tarea de frenar proyectos, cuando las más de las veces una vez finalizado el proceso judicial la obra ya estaba concluida (Hotel Algarrobico) o explotada (carretera M-501 en Madrid).

La falta de rendición de cuentas y responsabilidad civil de los gestores de los recursos públicos conduce a una impunidad que no solo sufren las cuentas públicas, sino que es el territorio y los ciudadanos los que asumen las consecuencias de este modelo.

Este país necesita replantearse en qué quiere convertir el medio rural, si en un desierto infrapoblado e inutilizado, pasto del fuego y la degradación, o en un nicho económico sostenible que permita generar riqueza con consenso y sentido común, permitiendo una mayor horizontalidad en la toma de decisiones, no solo a nivel formal, sino que el consenso parta desde la ciudadanía a los representantes y promotores, y viceversa.

Ceder el control de los recursos estratégicos a poderes privados, y sin contar con la defensa y responsabilidad de una Administración débil y carente de ética, nos convierte en los sujetos de reacción frente al expolio y la degradación de los recursos no renovables con los que contamos, como el suelo fértil, el paisaje o el agua potable.

El medio urbano debe conseguir responder a otro tipo de cuestiones, y sus modelos de ordenación deben centrarse en la racionalización y uso eficiente de recursos en cuanto a la distribución. Dentro de las ciudades deben promoverse espacios de creación y fomentar la autosuficiencia, con el fin de que la ciudadanía sea más libre y más crítica con el uso y el desuso que se hace de sus ciudades y de los recursos. La urbanización antisocial de los proyectos de ampliación urbana y ensaches, y el abandono institucional de barrios marginales convierten a las ciudades en lugares hostiles donde no se puede desarrollar la vida.


*A ver, cuando hablo de países desarrollados, en vías de desarrollo y subdesarrollados, estoy adoptando los términos equivocados pero de común entendimiento. No entiendo por desarrollo lo que estamos haciendo en España hoy en día, por ejemplo. No entiendo por país en vías de desarrollo a China, ya que utilizando el PIB per cápita y el PIB verde, tanto la población es más pobre que las ratas y los recursos se están utilizando de manera poco eficiente y sostenible, lo que no conduce a un desarrollo real y sostenido. Nuestros conceptos occidentales de lo que es el desarrollo generalmente implican crecimientos de la economía lentos pero sostenidos,grandes inversiones en I+D y cierta calidad de vida y cultura democrática. Cuando hablamos de los otros países como en vías o subdesarrollados, lo hacemos tomando como referencia el modelo adoptado hace años por nuestros propias naciones, que, como ya se ha visto, tienen unos resultados poco civilizados.

**Cuando hablo de capitalismo de amiguetes me refiero a que me hace mucha gracia los que defienden el libre mercado mientras las grandes del IBEX viven de licitaciones públicas, es decir, chupan más de la teta del Estado que el que cobra el paro. Rescatar un banco no es liberalismo, tener amigos en la administración a los que darles propinillas porque te regalen concursos públicos no es liberalismo, ser tertuliano en la antigua Telemadrid tampoco es liberalismo, y haber hecho carrera en un partido que ingresa pasta de las arcas públicas, tampoco. Asi que menos hacer bandera del liberalismo, que lo que es es un socialismo para ricos.

Por: RAF Tomaten

Foto de portada: PGOU de la Junta de Andalucía de la Aglomeración urbana de Granada (Sevilla, 28 Marzo 2000)

 

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