Alguien tiene miedo. Varios alguien tienen miedo. Mucho, diría yo, a juzgar por el comando Piolín desplegado en Barcelona. Tienen miedo de que el pueblo opine. Tienen miedo de que el pueblo decida cosas. Da igual qué cosas. Totalmente igual. Es un pánico a la idea, al concepto, a la mera posibilidad de que la masa elija cosas de manera autónoma. No os confundáis, no es lo que está pasando en Cataluña. El pueblo no está decidiendo cosas. Está contestando a una pregunta (o intentándolo) muy simple sobre una cosa muy muy muy concreta. Pero bueno, es un principio. Es el hermano pequeño de eso otro a lo que le tienen tanto miedo. Es el primer carraspeo que anuncia una neumonía. Y los que tienen miedo están intubando al personal a la primera de cambio antes de que se ponga feo. Mejor prevenir que curar.

La masa decidiendo cosas es una idea que da pánico. Porque si los residentes en Cataluña pueden opinar si quieren una república o no…. ¿a santo de qué no van a poder hacerlo los residentes de Andalucía o de Cantabria?

«¡Oye –me diréis–  pero que el referéndum va de la independencia, no de la república!». No. No va de la independencia. Bueno, sí, la pregunta era esa. Pero no va de eso el asunto. En el fondo fondo no va de eso. En el fondo, va de una parte de la ciudadanía del Estado español, la parte actualmente empadronada en la Comunidad Autónoma de Cataluña, manifestando su opinión sobre qué forma de organización política quiere. Esto es muy loco. Pero mucho. Muchísimo. Es un cambio en las normas del juego.

Chris Mcgrath

Y los que tienen miedo están intubando al personal a la primera de cambio antes de que se ponga feo. Mejor prevenir que curar.

Si la ciudadanía puede, espontáneamente, redefinir (o por lo menos pronunciarse sobre) el modelo de organización política que quiere, ¿quién le impide hacerlo sobre otros ámbitos de la organización social? El pueblo es el titular de la soberanía, como dice nuestra querida Constitución –y otras muchas–, pero no la ejerce mucho. Siempre de manera guiada y canalizada. Todo esto del derecho a decidir, no es sino el pueblo reclamando el ejercer esa soberanía y definir las características de su organización como comunidad política como le venga en gana y cuando le venga en gana, no cuando los pastores del rebaño decidan dejarles escoger.

Los pastores tienen miedo de que las ovejas decidan ellas solas a dónde ir a pastar y dejen sin trabajo a los pastores. De momento, son sólo unas cuantas ovejas decidiendo si se van con otro pastor o no. Pero por algún lado había que empezar a tirar las estacas que forman el corral.

Ya sabéis

 

Si estirem tots ella caurà i molts de temps no pot durar, segur que tomba, tomba, tomba, ben corcada deu ser ja. Si jo l’estiro fort per aquí i tu l’estires fort per allà, segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar.

 

Foto de portada: Susana Vera (Reuters)

Ana Ideia

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *