Hola otra vez. Hoy vengo con actualidad y filosofía. A la teoría política vuelvo cuando se calmen las aguas. Y encima vengo radical. Radical de verdad, no de pasamontañas y cóctel molotov. Radical de ir a las raíces, a eso que está muy muy en el fondo que nadie le hace caso. Venga, al tajo. Se oye mucho últimamente lo de la «huida hacia adelante». Esa expresión, más o menos común en el lenguaje pseudo-político español, que usamos para referirnos de manera elegante a seguir tirando pa’lante como un borrico, a ver si con un poco de potra, esto se arregla. Y esto es, básicamente, el pensamiento Occidental resumido en una línea: El progreso arregla las cosas.

Lo de la Cosa catalana es, más que huida, una caída hacia adelante. Un precipitarse en el vacío. Muy moderno esto –moderno de la Modernidad, no de Malasaña–. Muy al vacío, de cabeza, con todo el equipo; porque, parece que sí, que la DUI va pa’alante. Y este tirar pa’alante no es sólo un colocón de testosterona. Tiene más miga el asunto. Este lanzarse hacia adelante es porque, amigas, vivimos en un mundo que se piensa desde el futuro. Es quizá uno de los rasgos más característicos de la Modernidad que seguimos arrastrando.

 

La interpretación del presente no se hace desde el mito anclado en las nieblas del pasado. La Historia ya no vale para predecir lo que vendrá, sino que lo que vendrá valdrá para entender lo que fue. El presente se piensa por los efectos que tendrá en el futuro. Será el futuro el que juzgue. El presente no es tanto consecuencia del pasado sino preludio del futuro. Como decía Hegel, la realidad es la posibilidad de lo que sigue. Un futuro dormido que tratamos de despertar. Es aquello de la historia me absolverá de Fidel. Vamos, que la comprensión total del presente sólo podrá hacerse desde el futuro, cuando el polvo del tiempo se haya asentado. Para los de la LOGSE: de todas las juergas que te pegaste en la universidad no sabes cuales son las mejores hasta que no las miras con la distancia de los años, pero por si acaso, te la agarras todos los findes.

parece que sí, que la DUI va pa’alante. Y este tirar pa’alante no es sólo un colocón de testosterona.

¿Y qué narices tiene que ver todo esto con Cataluña, Ana? Pues que tener esto en cuenta vale para entender un poco más el percal. Son los fines, los resultados, y no el origen, los que informan ese punto en el que se encuentran pasado y futuro al que llamamos presente. Que lo que le da sentido al presente es el futuro; y hasta que no llegue, no cobra sentido. Es decir, que vivimos en un sinsentido constante.

A ver si me explico. Que lo que están haciendo los fantoches estos respecto a la Cosa, tendrá sentido desde el futuro. Que no tiene sentido en el presente. La modernidad tiene esa obsesión por el progreso, por ir hacia adelante, por el futuro. Todas las soluciones se encuentran allí. Huir hacia adelante es lanzarse hacia ese vacío que es el porvenir. No tanto caer, sino precipitarse.

Como hemos perdido el pasado como referente, este nuestro tiempo es un constante improvisar. Es un andar a tientas porque no vemos hacia dónde vamos. No vemos dónde estamos hasta que no avanzamos y lo miramos desde el futuro. Las respuestas, pues, están siempre un paso más allá. Todo este precipitarse es, en definitiva, querer llegar antes al futuro para así intentar alcanzar un sentido que nunca termina de llegar. Como cuando eres txiki y empiezas a fumar porque quieres ser mayor, pero no tienes ni idea de lo que estás haciendo. Te precipitas a la adolescencia en una descontrolada improvisación porque crees que el futuro es mejor.

Proclamar la DUI es precipitar el futuro –qué épico suena esto, ¿eh?–. Es forzar la máquina hacia adelante porque el presente no tiene sentido, a ver si en el futuro lo encontramos. Pero si la fuerzas demasiado, se rompe, descarrila y ya no entiendes nada. Si no sale mal del todo, la DUI provocará una cadena de eventos –desconocida aún–, que podría llevar en un futuro no demasiado a cercano a una solución territorial y, quizás, política para España. O no.

La modernidad tiene esa obsesión por el progreso, por ir hacia adelante, por el futuro. Todas las soluciones se encuentran allí. Huir hacia adelante es lanzarse hacia ese vacío que es el porvenir.

A veces sale mal. O, mejor dicho, tarda demasiado en salir bien. Ya sabéis, todo cobrará sentido en el futuro. Cómo de lejano esté ese futuro ya es otra cosa. Las revoluciones adolecen un poco de esto. Su verdadero efecto es a largo plazo. Son una de las cosas más modernas que hay, esto de las revoluciones. El revolucionario dinamita toda conexión con el pasado, creando un vacío al que debe lanzarse en una necesaria improvisación. Ortega decía que esto era lo que las condenaba irremediablemente al fracaso. Vulneran uno de los derechos más básicos del ser humano: el derecho a la continuidad. Que en terminología sociológica moderna es joder con la seguridad ontológica del personal.

Vamos, que cuando vas muy rápido y se precipitan mucho las cosas, te estalla el tema en las narices porque a la gente no le van los cambios bruscos. Echad mano al libro de historia más cercano que tengáis y veréis que cambio social repentino = problemas. Da igual que el cambio sea a mal o a bien, si agitas mucho las cosas la situación se termina poniendo chunga. Es como conducir un coche. Si pegas un volantazo a la izquierda luego tienes que meter uno a la derecha para compensar un poco (acción-reacción) y en el proceso seguro que alguien se da un cabezazo con la ventanilla o tira media yonkilata por el asiento de atrás. Aunque tardes un poco más, es mejor girar con calma.

Volvemos a la Cosa. Lo del lunes va a ser un volantazo –o una amenaza de darlo–, veremos si patina o no. A la Generalitat no le interesa que el coche patine y se salga de la carretera. Pero sí que se precipiten cosas. Tristemente, el apoyo social que le falta a la Cosa  se puede ganar con violencia estatal. Las porras de la Nacional son una varita mágica para crear indepes y me temo que se van a precipitar un montón en el futuro si esto sigue así.

Tampoco interesa que la Cosa se desborde. Lo del «desborde» es que se salga de los cauces marcados por el Govern. Que la Generalitat pierda el volante y la cosa se vaya de madre. Que la sociedad, en definitiva, sobrepase a sus instituciones, innove y adopte rumbos no esperados. Por el momento no va a pasar. Para que algo desborde, tiene que diluviar. Y sí, el domingo cayeron chuzos de punta (literalmente, además), pero no es suficiente. Las aguas del pueblo están encauzadas. Cuando las autoridades catalanas mandan, el pueblo de momento obedece. Pueblo que, por cierto, debe de tener alzheimer o algo. Se ha olvidado de todo. Los recortes ya no existen, la gente incluso vitorea a los mossos…  Una vergüenza.

En fin, que me enredo yo sola. Yo venía a contaros que esta frenética «huida» hacia adelante es, de fondo, porque somos hijas de la modernidad y corremos a ciegas en el vacío improvisando cada paso en busca de sentido. Igual os parece un sinsentido. Igual nada tiene sentido. Qué sé yo. Qué más da.

Una cosa sí sé: Agarraos que vienen curvas. Agarraos que viene el futuro.

 

Ana Ideia

 

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