¿ES NECESARIA LA FORMACIÓN DE UNA IDENTIDAD EUROPEA? ¿Y ES POSIBLE?

Desde el momento en el que la idea de formar una Comunidad Europea salió a la luz, los problemas llegaron de la mano de esta. La desconfianza entre las naciones pertenecientes al continente Europeo siempre ha existido, y el hecho de que fuera llevado a cabo un pacto a gran escala como fue el de la Unión Europea no calmó los nervios del conjunto de países pertenecientes a este continente. El proyecto de la unificación de Europa aparece hace más de cincuenta años, aunque hoy en día sigue siendo un proyecto innacabado. Este propósito no se limita simplemente a compartir un espacio económico y monetario, sino también un intento de identificación como individuos pertenecientes a una cultura común; individuos dispuestos a ayudarse los unos a los otros aunque no pertenezcan al mismo país.

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Foto de Guy Le Querrec

   Para poder desarrollar este concepto de unión entre países me remitiré a la obra kantiana La paz perpetua, texto que nos propone un esbozo de lo que será en un futuro la Unión Europea. El mundialmente conocido Habermas, filósofo y sociólogo alemán, analiza en su artículo La idea kantiana de la Paz Perpetua desde la distancia histórica de 200 años el impacto que este escrito ha tenido en la época actual. Kant plantea la noción de derecho cosmopolita, entendido a partir de la hospitalidad universal, es decir, es el derecho de cualquier extranjero a no ser maltratado por formar parte de un país o de una cultura distinta. La situación en la que nos encontramos actualmente se puede entender como un proceso de transcición desde el derecho clásico internacional hacia el derecho cosmopolita tan anhelado en la Unión Europea. A pesar de ello, nunca llegará a ser un transición completa ni favorable para todas las naciones, ya que no hay que olvidar que el mundo está dividido en tres partes desde el año 1917: subdesarrollado, en vías de desarrollo y el desarrollado. La reformulación de la idea kantiana de paz será especialmente compleja actualmente, no solamente por el estado de guerra constante que existe en todo el mundo, sino también por el racismo y el miedo a lo desconocido que se encuentra hoy en día en uno de sus máximos esplendores.

La situación en la que nos encontramos actualmente se puede entender como un proceso de transcición desde el derecho clásico internacional hacia el derecho cosmopolita tan anhelado en la Unión Europea

   La idea de formar un parlamento mundial comenzó con la creación de la Sociedad de Naciones en el año 1919, tras una devastadora guerra que dio bastante que pensar a nivel mundial. Esta organización se comprometió también a asegurar una serie de derechos humanos que deberían ser cumplidos bajo toda circunstancia. Pero como siempre, encontramos un impedimento en todo esto: por mucho que se intente que estos derechos se sigan, existirá siempre algo mucho más fuerte que nosotros, la guerra, aquello que hará que nuestros mejores propósitos queden reducidos a simples utopías.

   Desde la Ilustración se comenzó a pensar en un orden universal, es decir, un derecho que sea posible aplicar a todos los países, o a un conjunto amplio de ellos, como lo que Kant planteó en La paz perpetua. El deseo último de Kant que se manifiesta en este escrito es el de encontrar una manera en la que la paz mundial triunfe por encima de cualquier conflicto. Mientras que Kant plantea este concepto, Habermas no desea abarcar algo tan extenso, sino que su prioridad será Europa, considerándola un terreno más fácil de englobar, pero que será el primer paso de varios cuyo fin será la unificación de la humanidad.

   La idea de la creación de una Comunidad Europea pretende que aquellos países que son considerados la élite de todos los miembros partícipes luchen por la integración de aquellos más débiles que estén dispuestos a formar parte de este gran grupo. Pero no es algo que resulte sencillo, y menos aún habiendo sido Europa cuna de grandes guerras. Pongo por ejemplo la más reciente que causó la ruptura de Yugoslavia: la Guerra de los Balcanes. Esta guerra que finalizó hace escasos veinte años ha hecho que nos planteemos la pregunta de si es posible de verdad sentirnos identificados con la tan deseada identidad europea mientras existen países vecinos que se encuentran aún hoy en día en lucha por su reconocimiento cultural. Esto es lo actualmente sucede en los países pertenecientes a la antigua Yugoslavia: la lucha por el reconocimiento sigue presente.

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   El punto que acabo de analizar servirá de partida como primer problema de la Unión Europea: la ampliación de esta hacia el Este del continente. Resulta muy complejo querer llevar la idea de sistema político que rige el resto de los países a una zona de Europa que se encuentra confusa y abandonada a su suerte. Las minorías que forman parte de países como Bosnia y Herzegovina, Serbia, Macedonia, Croacia, etc., no están dispuestas a aceptar las condiciones que las grandes potencias de Europa proponen para que entren a formar parte de esta gran coalición. ¿No es normal este sentimiento de desconfianza que tiene su origen en la experiencia de abandono que sintieron durante los largos años en los que sufrieron la Guerra de los Balcanes? Un país que se vio desarropado en su peor período histórico hará que el hecho de que retomen la confianza sea una de las metas más complicadas de conseguir. El problema no quedaría aquí, sino que iría más allá en el momento en el que nos planteamos la distribución de los escasos recursos económicos con los que cuenta la ya formada Unión Europea. Las consecuencias que aparecerían si se permitiera la entrada de todo país del Este a la UE serían devastadoras, no tanto para la UE, sino para aquellas naciones que harán todo lo posible por adaptarse a las medidas que se impongan. Lo que llama la atención no es solamente aquello nombrado como “identidad europea”, sino que se consiga que este término no haga que afloren sentimientos de desconfianza hacia una unión que lo único que tiene de real es el nombre de Unión Europea.

   Los problemas de esta coalición de países no terminan con la ampliación de los mismos a Europa del Este, sino que van aún más allá. ¿Qué sucede con el desnivel que existe en el desarrollo de los países miembros? Por poner un ejemplo sencillo y actual, voy a centrarme en la situación que España ha vivido desde el año 2007 con la recesión económica que aún sigue presente; pasando a comprar el nivel de vida de los países nórdicos, como puede ser el caso de Suecia. De este modo, la creación de un espacio económico y monetario común hace que países que no llegan, ni llegarán nunca, a estar a la altura de las élites se encuentren en constante sufrimiento, hecho que hace que la semilla del desengaño comience a dar sus frutos. Por mucho que se haga el esfuerzo de formar parte de una conciencia común, en la que aunque el hecho de que no somos iguales se pretenda maquillar, hará que la legitimación de los programas políticos sea tomada de manera subjetiva.

   Existe una amplia lista de países que entregaron documentos falsos en los que estaba plasmada la su situación económica. ¿Qué lleva a una nación a mentir sobre su situación económica con el fin de formar parte de la “maravillosa” Unión Europea? La respuesta a esta pregunta no es muy compleja, de hecho, parándonos a pensar en la situación en la que se encontraba Grecia antes de pasar a formar parte de la UE y la situación en la que se encuentra ahora, ¿podríamos decir que este país cayó en su propia trampa llevando a cabo esta mentira? Lo que lleva a países como Grecia a ocultar verdades sobre su estado económico no es simplemente una mejora para los ciudadanos residentes ahí, sino un reconocimiento mundial del que nunca habían formado parte. Tras la entrada de Grecia en la UE en el año 1981 el prejuicio de los griegos como los turcos occidentales se ha ido desvaneciendo con el paso de los años. La idea de la Grecia perteneciente al Imperio Otomano es algo que hoy en día queda limitado a las facciones de los helenos, pasando a convertirse en el país más exótico de la UE.

   El tercer problema que voy a analizar es el de la política común de seguridad y defensa, siendo de especial importancia en los tiempos que corren hoy en día. Si la nueva Constitución era aquella que pretendía fomentar la integración de los ciudadanos de los distintos miembros, este propósito ha quedado enterrado bajo el miedo que ha traido consigo el terrorismo islámico. Mientras que antes la respuesta a la pregunta de ¿qué Europa queremos? era una en la que la convivencia armónica fuera la prioridad ante todo, las oleadas racistas han llegado a asentarse en lo más profundo de nuestra alma haciendo que este propósito desaparezca en nuestra memoria. La cuestión de las fronteras podría haberse tratado en la Constitución Europea, pero no fue así ya que en un principio se pretendía hacer el bien a favor de la integración. A pesar de esto, la idea ha cambiado, encontrándonos en el lado opuesto que esta defendía: las fronteras existen, y no todo el mundo cuenta con el derecho de poder traspasarlas.

FRANCE. Brittany region. Cotes-d'Armor department. On the launch between the island "Ile de Brehat" and the spit "Pointe de l'Arcouest". Thursday 14th August, 1975. Contact email: New York : photography@magnumphotos.com Paris : magnum@magnumphotos.fr London : magnum@magnumphotos.co.uk Tokyo : tokyo@magnumphotos.co.jp Contact phones: New York : +1 212 929 6000 Paris: + 33 1 53 42 50 00 London: + 44 20 7490 1771 Tokyo: + 81 3 3219 0771 Image URL: http://www.magnumphotos.com/Archive/C.aspx?VP3=ViewBox_VPage&IID=2S5RYDIZ0HLV&CT=Image&IT=ZoomImage01_VForm

FRANCE. Brittany region. Cotes-d’Armor department. On the launch between the island “Ile de Brehat” and the spit “Pointe de l’Arcouest” (1975). Foto de Guy Le Querrec

   Estos problemas se ven manifestados en las diferentes opiniones que las naciones miembro poseen, haciendo que el consenso sea una simple utopía. Para desarrollar este tema voy a continuar con las pinceladas sobre los países de los Balcanes con los que comencé manifestando este problema de identidad. La conciencia nacional es un término moderno, estudiado gracias a historiadores y etnólogos, término que tuvo su máximo auge en la Europa de los noventa. Con esto lo que pretendo hacer es una analogía entre el deseo de una identidad Europea y el deseo de identidad que los pueblos de los Balcanes poseen. El dilema que encuentro es que para encontrar una identidad común es necesario renunciar a la que ya poseemos como pueblo al que pertenecemos. Ya lo dijo Ortega y Gasset en su magnífico artículo Democracia morbosa:

Quien se irrite al ver tratados desigualmente a los iguales, pero no se inmuta al ver tratados igualmente a los desiguales, no es demócrata, es plebeyo.

Lo que interpreto al leer esta cita es la necesidad que se tiene hoy en día de intentar agrupar a personas, o a pueblos en este caso, de tratarlos como si fueran uno solo sin respetar su cultura ni su identidad. La creación de la Unión Europea se ha vendido siempre como lo más positivo que se puede llevar a cabo hoy en día, olvidando que en el fondo supone un sacrificio para todo aquel país que quiera formar parte de ella. Habermas, en su artículo ¿Es necesaria la formación de una identidad europea? ¿Y es posible?, deja muy clara su opinión en cuanto a si es posible llevar esto a cabo:

   Es verdad que hoy en día hay que dar una respuesta negativa a la pregunta de si existe algo así como una identidad europea. Pero también es cierto que la pregunta está mal planteada en estos términos. Lo que importa son las condiciones que deben cumplirse para que los ciudadanos puedan ampliar la solidaridad ciudadana más allá de sus respectivas fronteras nacionales, con el objetivo de lograr una inclusión recíproca.

   Ha sido el propio Habermas quien ha llegado a la conclusión que he pretendido defender desde el primer momento. La respuesta a la pregunta de si existe una identidad europea es negativa. Habría que encontrar las condiciones necesarias por las cuales se pueda llegar a tan ansiado sentimiento de identidad compartida. El problema que yo encuentro en todo esto es que en realidad no se está planteando de manera correcta el método por el cual conseguirlo. Mientras sea el miedo el sentimiento predominante, nada de lo que la UE pretenda alcanzar será posible.

   Con el fin de defender esto último me voy a basar en algo que está ocurriendo hoy en día, algo que es noticia cada semana: la crisis de los refugiados y el problema fronterizo dentro de Europa. El miedo de que alguno de estos refugiados traiga consigo ideas islámicas extremistas forma parte de uno de los grandes miedos propios de la Unión Europea. Con esto quiero decir que si ya resultaba difícil crear una unión de países entre los que las fronteras no tuvieran lugar, tras estos últimos sucesos parece que esta idea nunca verá la luz, o al menos no a lo largo de los próximos años. El comportamiento de los países miembros de la Unión Europea a raíz de la crisis de los refugiados es lo más vergonzoso que ha ocurrido desde la creción de este “proyecto armónico”. Esta crisis ha hecho que la mayoría de los países saquen sus uñas racistas con el fin de defenderse de aquellos que salen de un país que ya ha muerto por culpa de la guerra. Todo lo vendido por la UE, la armonía entre sus miembros, la integración, comprensión, etc., ha caído por su propio peso y no parece que sea posible que vuelva a renacer de sus cenizas.

Foto de Guy Le Querrec (1969)

Foto de Guy Le Querrec (1969)

La perspectiva desde la que se ha tratado a los refugiados ha ido evolucionando como comúnmente se dice “de mal en peor”. En mitad de una Europa con ansia de poder y dinero nos hemos encontrado con la Europa oculta, aquella formada por los más débiles que no saben lo que significa una mano tendida. Si las fronteras antes no tenían muros, ahora no paran de construirse. Incluso aquellos países que recibieron toneladas de racismo, y que lo siguen recibiendo, se han comportado de la misma manera. Me refiero a países como Hungría, víctima del racismo durante varios años, siendo ellos ahora de los primeros en construir muros y sembrar dificultades con tal de que ningún refugiado ponga un pie en su territorio. Sería más fácil si nos quedáramos en este punto solamente, pero no podemos. Qué decir del comportamiento de una veintena de alemanes cuando varios sirios llegaron a la ciudad de Bautzen. El albergue en el que estos refugiados se iban a instalar ardió, y no de manera accidental ¿Qué reacción se espera del resto de los miembros de la Unión Europea cuando uno de los países que se encuentra en la punta de la jerarquía del sistema reacciona así?

En mitad de una Europa con ansia de poder y dinero nos hemos encontrado con la Europa oculta, aquella formada por los más débiles que no saben lo que significa una mano tendida

   Llegados a este punto voy a proceder a hacer un análisis comparativo entre la teoría filosófica y el relativismo cultural de Richard Rorty en comparación con la teoría de Habermas. Mientras que Habermas intenta mostrar el camino que la cultura debería seguir, es decir, el camino del diálogo, para Rorty existe un escepticismo teórico que él llamará escepticismo explícito. En Contingencia, ironía y solidaridad Rorty llevará a cabo una distinción entre lo público y lo privado (también lo hace desde el punto de vista del lenguaje, pero no voy a entrar en ello). Para Rorty será la ironía la que produzca en nosotros pretensiones metafísicas de una cultura tradicional. Por ello mismo, debe predominar la ironía como aquella conciencia de la mutabilidad y de la aceptación. De este modo encontramos una valoración del individuo como capaz de asumir su propio estado, es decir, siendo capaz de autocrearse. En el ámbito de la Unión Europea debemos poner por delante la defensa de nuestra propia identidad y la de nuestro pueblo antes que el deseo de reconocimiento como miembro de este conjunto de países. Por otra parte, la contingencia será la idea de una sociedad que puede contribuir a su progreso –¿será pues la contingencia la idea esencial de la perfecta Unión Europea?-.

   No podemos ser capaces de hablar de un yo que sea principio último, ya que nos faltaría el otro, aquel que nos permite reconocernos. Nos resulta difícil decir qué es el presente, y cuándo entramos en una nueva época, en una época de cambios, cómo podría realizarse la construcción de una gran comunidad. Existe un elemento de variación y una adaptación al presente. A su vez, también hay creencias limitadas y ligadas a estructuras del marco social. Las instituciones cambian, cambiando también nuestros valores morales. Dentro de la Unión Europea, ¿qué es lo que hace que los países cumplan las normas que esta propone? El cumplimiento de las normas viene dado por la lealtad o respeto, por el deseo de pertenencia a un grupo en el que todos sus miembros se respetan mutuamente. Cuando nos sentimos obligados a cumplir esto es por la cultura que se ha creado en nosotros. Debemos entregarnos a las relaciones en las que de hecho nos encontramos, aceptando la envergadura que ellas poseen. Este escenario admite el reconocimiento de verse a sí mismo y de entenderse utilizando la cultura en el proceso.

Cuando la cultura pasa a ser compartida el reconocimiento de esta misma se convierte en un proceso no poco difícil y que necesita un tiempo de asimilación. En conclusión, la pregunta de si una identidad europea es posible resulta de mal gusto. Plantear esto sería como empezar a construir la casa por el tejado: ¿si aún encontramos dificultad a la hora de identificarnos con el pueblo al que pertenecemos, cómo vamos a poder hacerlo a nivel europeo? La identidad europea es una semilla que por mucho que se riege no está preparada para dar sus frutos.

2 thoughts on “UNA CONCEPCIÓN DE LA IDENTIDAD EUROPEA A TRAVÉS DE JÜRGEN HABERMAS

  1. Que relevancia tiene plantearse una identidad Europea si nos enfrentamos día a día a una realidad con carencia de pescaderos con un gran bigote.
    Por no hablar del desprecio sistemático al cliente, ya han pasado los tiempos en los que se regalaba un cangrejo de rio vivo para aleccionar y entretener a los más jóvenes.
    Estamos viviendo una crisis de valores y nos dedicamos a perseguir fantasmas.

    1. Hola, querido Juan. Justamente es una crítica al hecho de plantearse la existencia de una identidad europea. De todas maneras, no deberíamos pasar por alto la importancia que tiene el encontrar una identidad compartida. Como pone en el texto, sin el reconocimiento del otro no podemos formar la idea del yo. Si para ti esto significa perseguir fantasmas yo encuentro como solución el convertirnos en los cazafantasmas del siglo XXI: defendamos las identidades existentes y luchemos contra los monstruos que desean destruirlas y formar una sola, coño!!!

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