Ese momento en el que te encuentras escuchando listas de reproducción de Cat Power, de madrugada, buscando una serie para engancharte, a punto de terminar la carrera, y descubres que ¡Oh! No tienes ni puta idea de qué vas a hacer. Descubres ese vértigo al asomarte al abismo y ninguna técnica de organizar tus ideas que hayas encontrado en Pinterest te sirve realmente de algo. Bien, pues como la gran mayoría de la gente te has pasado cuatro, cinco, seis, siete, diez años sin pensar qué has de esperar para después. No hay camino de baldosas amarillas, No hay Google maps.

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Todo te hace pensar que estás en ese cruce de caminos y que según cúal tomes el resto de tu existencia va a depender de esa decisión. Lo que te han enseñado a lo largo de tu corta vida es probablemente que tienes que reflexionar. Si, reflexionar, el comerte la cabeza de los adultos maduros y racionales.

Si te sirve de algo, yo pasé por ese momento hace algo más de un año y reflexionar no sirve de mucho. Al menos no de la manera en la que se reflexiona mayoritariamente. Cuanto más le daba vueltas al futuro más borroso se veía todo, menos me convencía ninguna opción y más cerca me veía de acabar tirando por la vía fácil. La vía fácil para todo pollito recién salido de la Universidad con suficientes medios es elegir un máster que no te provoque arcadas y tirar para alante; es decir, retrasar al menos un año más esa situación de encontrarse frente al abismo. Total, teniendo en cuenta cómo estás, cualquier cosa es mejor que verte tirada en el sofá o soñando con ser camarera como en ese anuncio de JobToday.

Conozco de todo; desde gente que viendo el panorama nacional ha cogido las maletas y está sirviendo lattes y pizzas en alguna ciudad centroeuropea, hasta ninis, pasando por jóvenes que milagrosa o enchufadamente han conseguido trabajo de lo suyo. Creo que nada de lo que hayas pensado hasta ahora funciona, si te has encontrado o te encuentras sin saber qué hacer. Porque, también conozco, a personas que años después de haber atravesado ese momento y haber tomado una decisión, de repente se encuentran de nuevo en la encrucijada, ahora más viejos, ahora con menos opciones, ahora con más problemas. Por eso te digo, disfruta de ese momento, no porque no volverá-que volverá– sino porque lo mejor que te puedo decir es que no creo-científicamente hablando– que estés tomando una decisión vital. Que toda esa agonía que creas que estás experimentando no es sino miedo por pensar que no vas a tomar la decisión correcta. Y es que, amiga, y por coelhoano que parezca, no tienes ni las herramientas ni la perspectiva ni la posibilidad de saber si lo que estás haciendo es lo correcto.

Creedme cuando os digo que yo tomé la vía fácil y no estoy ahora cosechando lo sembrado ni nada parecido. Que me arrepiento de no haberme tomado tiempo para pensar y descubrir de verdad, y no reflexionar. El fin no está a la vuelta de la esquina, y no te estás quedando atrás cuando pausas, que era otro de mis miedos. No sé dónde me encontraría ahora si no me hubiera decidido por lo que me decidí, pero tú tampoco.

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