Y se encontraba soñando, con algo que hacía tiempo que no vivía, bueno, más bien con algo que nunca vivió.

Y se encontraban las dos jugando, al mejor de los juegos. Se besaban y sonreían, o así lo sentía ella. Nunca lograría saber quién era, pero desde hace mucho tiempo sabía de que forma la amaba.

Durante todo el sueño no logró ver su cara, pero entre dos de aquellos mágicos momentos, vio con claridad, reflejado en la nada, lo mucho que la acomplejaba aquella herida en el pecho.

Se la enseñó avergonzada, como si de otra cosa se tratase. Y se la enseñó, sin saberlo, a la persona adecuada.Y ella deseo aquella herida, como otra parte más de ella, y la besó.Y las heridas de todos los lugares se curaron. Y jugando al mejor de los juegos, con ella, nunca más volvieron a surgir.

Por: Cristina Castro Martínez

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