Eran cerca de las cinco y media de la tarde cuando llegamos a la plaza de Cibeles. La manifestación estaba convocada para media hora después, pero en la plaza había apenas doscientas personas, y ni siquiera el trafico estaba cortado. Al grito de “no nos representan”, la PAH y algunos otros colectivos sociales, animaban la pequeña concentración. “¿Esto es el 15-M? ¿En esto hemos quedado después de 5 años en los que cada uno de los lemas que allí se crearon han ido teniendo mas y mas sentido?”Ningún político me representa, Colapso del sistema y No hay pan para este festival del embutido” eran casi las frases que esperábamos escuchar ese día.-

A la hora en la que estaba convocada la manifestación aún eramos un grupo pequeño al lado del Ayuntamiento que casi no llamaba la atención. Al acabar el ensayo de la Solfónica, empezamos a caminar por la Plaza de Cibeles hacia Gran Vía. Según un policía, el tráfico no estaba cortado en el recorrido de la manifestación porque no estaba autorizada, así que el grupo que estábamos nos colamos entre los coches y el tráfico tuvo que pararse. Con la ocupación de la carretera empezó la batucada. Ahora aquello empezaba a tener vida. Ahora empezaba a sonar a 15M, a tomar de nuevo las calles. La policía redirigía el trafico, y Gran Vía volvía a ser nuestra. Y de golpe, alzando la vista, Gran Vía estaba llena de gente gritando y bailando al son de la batucada. Aún no se de dónde salieron, cómo pasó esa pequeña concentración a convertirse en una avalancha de gente que inundaba el centro de Madrid. Esto si, esto si era el 15 M y se podía escuchar, ver y sentir como aún seguía en pie. El ruido de la manifestación, sus eslóganes, su batucada, hacían retumbar los andamios de los edificios de Gran Vía, hasta llegar a inundar la plaza de Sol.

 

15mmanos

*Imagen tomada del diario Huffington Post.

Volvimos a tomar y llenar la plaza, volvimos a crear ese espacio de reflexión que no se nos permite desde la institución. Volvimos a hablar sobre aquellos temas que explotaron hace 5 años, y sobre todos estos que han ido explotando durante este tiempo. En pequeños círculos, la gente hablaba entre sí sobre política, sobre refugiados, sobre elecciones, ideologías, expectativas y sueños de nuestro futuro. La gente hablaba y se escuchaba en Sol. Durante esa tarde, casi pareció pararse el tiempo. Los enormes anuncios de publicidad, que cambiaban de imagen cada tres segundos, dejaban de tener sentido en esa plaza convertida cada día en un lugar frenético de paso. Las personas estaban paradas, tranquilas, a veces con una cerveza en la mano, disfrutando de su plaza.

Poco a poco, la masa se fue deshaciendo, y se empezaba a poder andar entre la gente. Entonces se abrió la asamblea enfrente de “la ballena”, la salida de Renfe de Sol -esa que no podíamos dejar de recordar llena de carteles hace cinco años: “Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir”.

Y hablamos, ahora entre todas, sobre política, refugiados, ideologías, expectativas y sueños de futuro. Hablamos de horizontalidad, de anticapitalismo, de ecologismo, de feminismo, de lucha global. Hablamos del TTIP, del acuerdo de la vergüenza con Turquía. Nos escuchamos hablar sobre la situación en Brasil, sobre el encarcelamiento de Bódalo. Hablamos de derechos, igualdad y libertad. Nos pedimos ayuda, y nos ayudamos. Todas las personas que estábamos allí eramos escuchadas, todas teníamos un espacio para expresarnos, para compartir ideas y para recibir ideas de las otras. Nadie valía mas que nadie en esa plaza, nadie alzaba la voz por encima de las otras, nadie representaba a nadie. Cada una eramos dueñas de la representación que hacíamos de nosotras mismas. Seguimos hablando y escuchando, y Sol se ralentizó aún mas.

Hasta que Ana Pastor hizo su magistral aparición en la plaza.

Había olvidado hablar de que, a unos metros de la asamblea, habían montado un escenario – con sus focos, sus cámaras, sus luces y toda la feria que trae la mediatización-. A tres metros sobre el suelo, como las grandes estrellas, como las grandes personalidades, como nuestros grandes políticos, Ana Pastor hablaba para la Sexta sobre el 15M. La horizontalidad que se habia creado, cuidado y disfrutado durante toda la tarde en la plaza se hizo pedazos cuando Ana Pastor empezó a hablar por todas las personas que había en la plaza, sin siquiera haber puesto un pie en ella. Desde su asiento sobre todas las demás, desde su circo mediático, sus cortes para publicidad, detrás de sus vayas de seguridad, la presentadora hablaba al país entero de horizontalidad, de cambios en el sistema, del sonido de una revolución.

Y, como si realmente fuese una especie de ironía hacia el 15M, los que estábamos allí no podíamos escuchar lo que se estaba hablando sobre nosotros. La Sexta tuvo la decencia de poner dos altavoces desde los que, si estabas a menos de un metro y afinabas el oído, podías intuir lo que estaban diciendo. Al menos permitían ver la retransmisión del programa en dos pantallas que estaban enfrente de los participantes del programa -pensadas, por supuesto, para que se viesen ellos mismos-

Gran parte de los que estábamos en la asamblea, fuimos hacia el escenario. Y el coro que se formó alrededor volvía a gritar “No nos representan”, pero esta vez no era a los políticos de turno.

La gente de la plaza estaba que iba a estallar, todos los que estaban allí gritaban con toda su fuerza que se fuesen de la plaza. Y Ana Pastor seguía sonriendo con expresión de televisión a su cámara, como si no escuchase nada, defendiendo de escenario hacia adelante la importancia del cambio que plantea el 15M. Y dieron paso a escenas del 15M con música bonita, de estas que ves desde el sofá y te remueven algo por dentro los segundos que duran. Mientras la gente al otro lado de las vallas se enfurecía mas aun y no dejaba de gritar que se fuesen de allí.

Tardamos poco tiempo en darnos cuenta de que en el programa prácticamente nos tenían en mute, con suerte como ruido de fondo que ambientaba el espíritu revolucionario del programa, y de que el volumen de nuestros gritos se modificaba a su conveniencia. Se aumentaba el volumen de los gritos de fondo al hablar la redactora de “El Mundo”, representante de la derecha en el programa, dando así la impresión de modificarse los mensajes de “fuera” y “no nos representa”-dirigidos a La Sexta- como si estuviesen dirigidos a esta mujer-. En la plaza todo eran gritos, y en la televisión, todo era un tranquilo discurso atmosferizado con manifestantes. La escucha, el apoyo mutuo y el respeto que se respiraban en la plaza se rompieron en cuestión de minutos, y Sol pasó a ser parte de su juego de medios, pasamos a ser telón de fondo de su espectáculo. Desde su comodidad y su indiferencia hacia todas las personas que les rodeaban furiosas, los participantes del programa iban debatiendo sobre nosotras, sin que pudiésemos saber siquiera qué estaban diciendo. La impotencia de sentir como de golpe nos robaron la voz hizo que algunas personas empezasen a hacer pancartas con frases como “La Sexta no nos representa”, “Ana Pastor, cómprate un plató” y “Nuestra plaza no es un plató de televisión”.

Y entonces decidieron apagar las televisiones desde las que podíamos ver la retransmisión. Nadie sabía así hacia donde apuntaban las cámaras, y las pancartas podían ser evitadas mucho mas fácilmente por las cámaras. ¡Dios mío, vivimos en Matrix! – Escuché gritar a un hombre a mi lado. Y la presentadora seguía, tranquilamente, hablando con su cámara.

El programa seguía como si no ocurriese nada alrededor, y las personas que estábamos allí fuimos perdiendo fuerzas. Al cabo de una hora, las entrevistas con los personajes que aparecieron -Lucia Mendez, Iñigo Errejón, Juan Luis Sánchez- terminaron, y dieron por terminado el programa. Sonrisa final, cortaron cámaras y se quitaron los auriculares. Y justo antes de irse, Ana Pastor al fin miró un segundo a las personas que estaban pidiendo respeto por una plaza que ese día pedía ser del pueblo, por una plaza que había sido -si no lo era ya cada día- invadida por el mercado, el interés y el capital. Respeto por unas ideas habían sido, como cada día, violadas por los poderes.

Y, tranquila, se bajó del escenario.

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