Hace poco salía a la luz la siniestra noticia acerca de que 3 corporaciones están a un tris de controlar las herramientas de producción agraria a nivel mundial. La globalización tenía sus inconvenientes.

Ahora que la crisis del PSOE quema rotativas y la trama Gürtel hace su reaparición en los medios de desinformación, es buen momento para desentrañar la masa de albóndigas en que se está convirtiendo nuestro futuro cercano como civilización. Y es que este poco transparente y mafioso holding dedicado a la producción de fitosanitarios, semillas, abonos, herbicidas, agroquímicos y pesticidas, lleva varias décadas en proceso de unificación empresarial. Así, granito a granito, se están haciendo con el mercado global de producción alimentaria. Como las hormiguitas que acumulan comida en el largo verano del libre mercado, nos la están colando trás trás por detrás.

Años de linchamiento público (que no mediático) de Monsanto, no han servido para debilitarlos, y así, como buena plaga, se han hecho más fuertes. El control de un recurso estratégico, como es la comida – y es que, joder, ¡¿qué hay más estratégico que la comida!?-, por parte de una empresa privada, pone los pelillos de punta. Porque a nadie le gusta no tener escapatoria. Y os debo decir, amigas mías, que de momento no hay escapatoria a gran escala. Esto es como el país que contaba en su arsenal con una bomba H en los años fríos, pero PEOR. Los culpables (aunque listillos) de este jaque mate al género humano son la alemana Bayer, las estadounidenses Dow, Dupont y por supuesto Monsanto (no se pierde una), la china ChemChina y, sorprendentemente, una suiza Syngenta que, traicionando los principios básicos suizos de no mojarse, se encuentra colegueando con las grandes potencias (privadas) que han venido a sustituir a sus potencias estatales-¿públicas?-. La concentración de poder a niveles globales nos convierte a todas en seres vulnerables  a las prácticas nada éticas pero sí rentables de subida de precios y guerra económica.

La información es el nuevo oro. Los fertilizantes el nuevo petróleo. Las megacorporaciones la nueva metrópoli.

Esta curiosa analogía entre estado-nación novecentista y megacorporación del siglo XXI no hace más que preocuparme. Y es que sin que nos demos cuenta el poder ha pasado de manos estatales a privadas en una vorágine muy loca de libremercado y neo-neocolonialismo.

ADVENTURE CLUB

No tienes competencia, no tienes rival y no tienes límites. El sueño húmedo de todo emprendedor.

Controlar la energía, la nutrición, el agua potable y la tierra fértil es la nueva guerra mundial de potencias, a la que como ciudadanos nos enfrentamos sin herramientas potentes y grandes desventajas. Los gobiernos son débiles e  incapaces de resistir un asalto de esta magnitud. Los Estados Unidos no dan miedo. China da un poco de miedo, es verdad, pero una empresa privada internacional con confusa jerarquía en la toma de decisiones y cabezas visibles de poder dan MUCHO más miedo. Quien tenga en este siglo el control de dichos recursos, tendrá el poder absoluto. Con miedo de parecer castrochavista diré que las soluciones más eficaces a este problema serían la nacionalización de los recursos estratégicos para evitar el monopolio de los mismos por manos privadas (ya sabemos, esas manos invisibles). Si negamos con la cabeza cuando algo desprende tufillo socialista, mirar el resultado del oligopolio eléctrico en el caso español aquí (también podéis mirar vuestras facturas de los últimos diez años).

Poco se ha dicho de la tendencia de ciertos bienes al monopolio natural, como por ejemplo, el suministro de agua potable, que conlleva que su privatización se convierta no en un negocio sino en una gallina de los huevos de oro. No tienes competencia, no tienes rival y no tienes límites. El sueño húmedo de todo emprendedor.

Lo curioso es, que pocas voces liberales se alzan en contra de este tipo de monopolios, que distorsionan el mercado y arruinan sociedades. Vaya, parece que la mano invisible se está convirtiendo en la mano llena. La máquina propagandística cuando esto sucede calienta motores y las palabras Venezuela y comunismo no tardan en aparecer. Un discurso objetivo y racional nos conduciría a debatir y combatir la existencia de estos monopolios, y los primeros que deberían abrir la boca serían esos que se la llenan con el libre mercado y sus beneficios. La belleza de la teoría económica liberal sobre el papel se convierte en caciquismo demasiado rápidamente y no aguanta una crítica.

 monopolioPiensa en que no necesitas sacar los tanques a la calle y bombardear ciudades si puedes cortar el grifo de recursos básicos. Que no necesitas diplomacia si tienes las semillas (o mejor, el fertilizante). Que no es útil una declaración de guerra si tienes el control de la tierra. Que los ejércitos, los gobiernos, las embajadas, los tribunales, la realpolitik, los partidos y los sindicatos, la patronal, son indiferentes si tú tienes el verdadero poder.

La deudocracia es el pasado. El monopolio is the new black.

Por: RAF Tomaten

 

 

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