El hombre como sujeto y objeto de la ciencia. El hombre como sujeto de la obra, la mujer como objeto de ella, el hombre como sujeto del éxito, la mujer la sombra esa que hay detrás de todo gran hombre, la que le friega los platos y le hace la cama. Mientras que el hombre ha podido definirse a sí mismo, la mujer se ve definida en relación a su padre, a su marido o al referente masculino más cercano.

gentileschi (2)Cuando alguna mujer se consigue colar en la Historia, debido a algún mérito que no tenga que ver con su útero, pasa a ser retratada de una manera que nunca encontraríamos en la biografía de un hombre. Se habla de su familia, de cómo compaginó las tareas domésticas y de cuidados con sus logros profesionales o académicos, de lo enamorada que estaba de tal o cuál, o de los hombres ilustres con los que se codeó. De Voltaire no se diría que fue un padre amante de su prole. De Einstein no se dice que su gran obra es muy posiblemente coautoría de su maestra, de Karl Marx no se dijo que compartiera reflexiones con su mujer.

Mientras, Aspasia de Mileto es recordada como la mujer de Pericles, Artemisia Gentileschi como la hija de Orazio, Teodora como la puta que se casó con el emperador de Constantinopla, Marie Sklodowska como Marie Curie, la que compartió el Nobel con el marido. Mientras, nadie se acuerda de Olimpia de Gouges. Mientras, recordamos a Amandine Dupin como George Sand.

gentileschi (4)Este dimorfismo sexual en las bibliotecas del mundo parece no tener fin. Incluso ahora, en esta sociedad donde las mujeres cabemos en la esfera pública, las deportistas son preguntadas por el maquillaje que utilizan para estar tan divinas y de cómo hacen para cuidar a sus hijxs y ganar competiciones a la vez. Las actrices van a los estrenos para que el mundo sepa de qué diseñadxr es su vestido y dar vueltas en círculo para que alguien pueda inmortalizar todos los pliegues. Esa es la efímera trascendencia a la que las condenamos. Las mujeres vivían y trascendían a través de sus hijxs, vivir para siempre era procrear, mientras los hombres alcanzaban esta inmortalidad a través de sus actos, a través de sus créditos, sus obras, sus firmas. Expropiarle este espacio a los hombres debe de hacerles sentir muy vulnerables. A lo mejor por eso es tarea imposible que un libro de texto pase el Test de Bechdel.

De Voltaire no se diría que fue un padre amante de su prole. De Einstein no se dice que su gran obra es muy posiblemente coautoría de su maestra, de Karl Marx no se dijo que compartiera reflexiones con su mujer.

En el s. XVII, durante la caída del Antiguo Régimen, se sucedieron las deconstrucciones de súbditos para configurar al ciudadano moderno, junto con el concepto actual de derecho. En este escenario, comenzaron a revolverse también las mujeres y a invadir la esfera pública, entendida como el espacio común donde los actos son valorados y considerados bajo la óptica del éxito. Históricamente, el espacio natural de la mujer era la esfera doméstica, parte de la privada, que también pertenecía al hombre, como lugar íntimo e individual o del ocio. Parece que esta conquista de la esfera pública no ha traido los frutos que esperábamos, puesto que en lugar de equiparar o desligar del género los roles, los hemos intensificado. La mujer ha sido adaptada a la esfera pública solo formalmente, y las que allí entran saben que serán cuestionadas, que se las seguirá de cerca, que sufrirá el síndrome de la impostora, que si fracasa todo el mundo lo asociará a su género.

El otro día me hablaban de que las empresas constituídas exclusivamente por mujeres se estrellaban. A lo mejor es un problema, que cuando una empresa constituida por hombres fracase, no se establezca la causa principal en que todos tengan pene. A tutti gentileschi.

Por lo tanto, una mujer en la esfera pública es valorada y apreciada como objeto de admiración estética o como útero, y sigue causando expectación en la sociedad cómo pueden compaginar esa doble vida con sus deberes vaginales. Las super mamás, las super woman. En lugar de acabar con la esclavitud la exaltamos.

Experimentar con las preguntas destinadas a uno de los géneros al cuestionar al opuesto es a tutti gentileschi. Identifcar el maltrato diario al que se someten las mujeres que invaden la esfera pública, y el ridículo que experimentan los entrevistadores, a mis ojos, al interesarse por aspectos insulsos y fuera de lugar, es pan nuestro de cada día.

Sea educadx, no defina por género

Por: RAF Tomaten

 

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