Nací en el 1930 en un pueblo conquense donde he vivido desde siempre, pertenece a una zona de transición entre La Alcarria, la Mancha y Serranía de Cuenca en lo que antes era Castilla la Nueva que comprendía Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara.

La vida laboral de la comarca se basó principalmente en la agricultura y, en menor grado, en la ganadería, sobre todo en el pastoreo de ovejas. La gente pobre ponía a disposición a los muchachos para ejercer de rochanos que eran ayudantes de los pastores para carear las ovejas, para reunirlas y dirigirlas por las sendas. Estos no iban a la escuela, lo que hizo que muchos oficios del estilo provocasen analfabetismo.

Muchacho del pueblo entre travesaños intentando ver la corrida de toros en 1954.

Muchacho del pueblo entre travesaños intentando ver la corrida de toros en 1954.

La agricultura era esencial en la economía del pueblo. En los alrededores la gente trabajaba las tierras (propias o ajenas) cultivadas con cebada, centeno, trigo, escaña (tipo de trigo), avena, harina de titos (o de Almortas) y garbanzos. A parte de las eras, donde se realizaban todas las labores agrícolas: trillar, aventar, apalear las tortas de girasol, secar las pipas…, cada familia tenía pequeños huertos para abastecimiento propio.

Aunque teníamos un río y un afluente, desde que tengo uso de razón casi siempre han ido secos, lo que provoca y provocó escasez de agua. Entonces, se sobrevivía con el agua de los pozos de las casas y de en derredor. Con los trabajos del campo y yendo de peones a otras casas con labranzas más grandes se sacaba adelante a las familias, que eran muy numerosas, normalmente de 5 o 6 miembros, aunque había quienes llegaban a 11 o 12.

La guerra estalló en el 36 y yo tenía 6 años. Me acuerdo que en esa época mi abuela decía

¡Pero bueno! Es que quieren lo que no es suyo y eso no puede ser.

En ese momento yo no entendí qué quiso decir hasta más adelante. La gente se tuvo que ir al frente con 16 o 17 años; de hecho, mi padre fue de los últimos. Sucedió ya al final de la guerra, que en vez de ‘ir largo’ le destinaron a Saelices a 6 km, a una finca a estar con las mulas para arar porque tenía fama de buen labrador y mercader así que se le puso a la cabeza. Mi madre y otra familia decidieron ir a ver a los hombres allí destinados por lo que sacamos una galera con entálamo que teníamos. Engancharon el carruaje con las mulas y allí nos llevaron a los chicos a que viéramos a los padres en la finca.

Mi padre era industrial ya que tenía tienda y taberna y se dedicaba también a la compraventa de pipas y ganado, a la venta y transporte de cubas de vino, etcétera…

Aquellos tiempos fueron bastante duros; gente desaparecida y asesinada por todas partes y teníamos constancia de que allí también sucedían.

Cuando llegamos a aquella finca preguntamos a los que llamaban Los Marqueses de Saelices que conocía mi madre si habían “sacado a alguno” y dijeron que no sabían y negaron conocerla. España entera miraba por sí misma y preferían vivir dormidos sin enterarse de nada.

Durante la guerra, se produjeron bastantes saqueos en casas “de buena posición“. Entraban y si tenían dos o tres jamones se los llevaban. Además de ropas o lo que fuera.

Hubo 8 o 10 personas que se quedaron en las cámaras de las casas grandes por si se les llamaba al frente, ya que quedaba cerca San Martín de la Vega, punto bélico donde se produjeron bombardeos. Eran tanto de un bando como de otro y al tener que convivir procuraban no pronunciarse porque desconfiaban unos de otros. Cuando se terminó la guerra, una parte de “La Cuarenta y nueve“, la 49ª Brigada Mixta, que fue un pequeño ejército en defensa de la segunda República, también se hospedaron en el pueblo.

A un hermano de mi padre le encarcelaron. Mi tío tenía un par de mulejas además de cuidar otras tantas en una casa. En ese tiempo apareció, lo que se llamaba entonces, un comité (una cooperativa), donde se trabajaba de forma conjunta y se repartían los beneficios. Entonces mi tío, aún advertido por mi padre, se metió y allí perdió todo. Porque al estar al cargo de los animales en la casa, manejaba bienes ajenos que le fueron solicitados en la cooperativa, como paja… El hombre ofreció lo que pudo excepto lo que no le pertenecía y con la excusa del estallido de la guerra, fue encarcelado.

La guerra en el pueblo la vivimos de una forma más o menos tranquila, al empezar la guerra se llevaron únicamente, y digo únicamente comparando con la cantidad de muertes indecentes que sucedieron en toda España, a dos a fusilar: a un padre y a un hijo, que no quiso dejar solo a su padre.

Todos mis hermanos y yo fuimos a la escuela, en eso tuvimos suerte. Y cuando salíamos de clase, mi madre nos enviaba a dar clases particulares con una maestra de izquierdas, que por supuesto no obtuvo plaza por su condición política. Pero mis padres vieron bien ir a aprender más con ella. De esto te hablo de cuando yo tenía 11 años.

Después, terminó la guerra y vinieron los Requetés (o boinas Colorás) castellanos que eran un batallón de nacionales Carlistas a “poner orden y a dar las instrucciones al Ayuntamiento para apaciguar la cosa”.

Muy cerquita de aquí, tras la guerra al monasterio de Uclés se le dio un uso de cárcel para presos políticos (en él es donde estuvo mi tío encarcelado). Recuerdo que allí mataron a mucha gente bajo el ojo por ojo. Más tarde los curas recuperaron el monasterio encargándose de restaurarlo bajo el brazo del obispado de Cuenca. Aun cuento con cierto temor esta historia.

En fin, la vida en el pueblo era un tanto monótona, aunque tuvimos bastantes visitantes. En la plaza del pueblo, por ejemplo, había una posada donde venían a hospedarse los arrieros y de vez en cuando nos traían pellizas, melones, cerdos, garbanzos… cualquier cosa.

Durante la Posguerra hubo mucha hambre en España con el racionamiento, pero en el pueblo siempre se había pasado muchas penurias. Mis padres tuvieron una época en las que vendían las sardinas de Villajoyosa por el dinero justo para comer, vivimos al día. También teníamos harina para cocer el pan y harina de almortas para hacer gachas manchegas, a veces incluso viudas. También había algunas mujeres que para ganar algo de dinero, les pagaban otras madres para que dieran de mamar a los hijos si la que había tenido el hijo carecían de lactancia. Tiempo después, sobre los 60, alimentábamos a los hijos con Pelargón, que era leche en polvo.

Cuando acabé el colegio, como teníamos una tienda pues me encargaba de ella y de la casa. De mis hermanos, unos iban a labrar, otros iban con mi padre a comprar el pescado con un camión a la plaza del mercado de Madrid (plaza de la Cebada) donde comprábamos de todo para el negocio, sobre todo pescado: 7 cajas de sardinas, merluza, boquerones, besugo o japuta. Desde el pueblo, cuando venían de Madrid se iba repartiendo un poco de lo adquirido en Madrid por los pueblos de la comarca, desde aquí hasta Sacedón para las demás tiendas. Lo que fue una visión de mercado muy acertada para la época.

Al Mercado de la Cebada entraba todo el pescado al por mayor y los de las tiendas de Madrid y alrededores, como nosotros, comprábamos al detall. A su vez de lo que comprábamos vendíamos lo sobrante para los demás pueblos de forma similar a los arrieros.

El Mercado de la Cebada de Madrid en 1929

El Mercado de la Cebada de Madrid en 1929. Aquí se ve como entraban las galeras para comprar al “detall” (la foto no concuerda con los años en los que nos movemos pero te haces una idea de la situación).

Los demás hermanos ayudaban a mi padre a envasar pienso, a labrar o a viajar a Valencia a por naranjas, que después se vendían con la bicicleta y un canasto atrás por todo el pueblo.

También tuvimos taberna, yo empecé a despachar desde los 12, que sería cuando acabase el colegio (que se empezaba a los 6 años, pero mi madre tenía mucha confianza con la maestra y me pudieron admitir a los cinco años). Despachaba siempre a un señor un cuartillo de vino que, aunque era menos de medio litro, terminaba siendo el medio. Y el hombre me contaba algún chascarrillo que otro, del cual aún me acuerdo:

“Algunos van a la iglesia y entran como si entrara un borrico a la cuadra. Yo cuando voy a la iglesia digo A casa de Dios vengo a entrar hijo de Dios vengo a adorar. Y cuando me marcho digo Adiós palomita hermosa de Jesucristo sin esposa. Aunque me voy no me voy, aunque me despida no me despido. A la hora de mi muerte vente conmigo”.

En un momento determinado mi padre decidió dejar la taberna para quedarse sólo con la tienda, ya que las dos cosas eran demasiado negocio que atender.

La tienda estaba situada en los bajos de una casa que no era de nuestra propiedad y los dueños decidieron vender la casa entera por lo que nos ofrecían 25.000 pesetas para salirnos de ella. Mi padre dijo que no quería dejar el negocio y quiso comprarla él. Los dueños le pidieron por ella en mano 175.000 pesetas, que en 1960 era muchísimo dinero. Entonces mi padre vendió todo: pienso, tierras y de todo. Ya que mucha gente quería esta casa porque, al estar junto a la iglesia y ser tan antigua, estaba muy demandada por gente que tenía mayor poder adquisitivo que nosotros.

La tienda era de ultramarinos, vendíamos de todo: judías, garbanzo, chocolate, aceite vinos, detergentes, lapiceros, libretas, cordones de zapatos, albarcas (tipo de calzado para ir al campo), fruta, bebidas como la gaseosa (Revoltosa), pescado…

Las fiestas más importantes fueron, como en la actualidad, para el día de Santiago y Santa Ana donde siempre ha habido toros. El 18 de Julio era otra fiesta señalada, el aniversario del alzamiento nacional. Que se celebraba básicamente no yendo a trabajar. Las gentes sacaban las banderas en las ventanas, una bandera de España y una bandera blanca que no me acuerdo del motivo (seguramente sería la bandera de los Boinas Rojas anteriormente nombrados).

Banderines que se pusieron en la plaza de toros el día que toreó Luis Miguel Dominguín (padre de Miguel Bosé).

Banderines que se pusieron en la plaza de toros el día que toreó Luis Miguel Dominguín (padre de Miguel Bosé). La foto fue tomada en 1954, un año después de la firma del acuerdo bilateral con EEUU que permitiría a España salir de su aislamiento internacional.

Cuando trajeron el agua al pueblo lo conmemoramos poniendo una fuente en la plaza e hicimos una fiesta por todo lo alto; de hecho, como mi padre tenía la taberna el ayuntamiento le propuso poner un barril de bebida en la plaza del que podía beber todo el pueblo gratuitamente y se hizo una corrida extraordinaria de toros a la que concurrieron Luis Miguel Dominguín y Antonio Bienvenida, dos grandísimos toreros.

En el año 1956 me casé y pusimos una casita al lado de mis padres. Al final cuando compramos esta casa nos vinimos todos con mis padres y mi marido.

Tuve dos hijas, que me ayudaban desde bien pequeñas. Me ayudaban con todo lo que podían en la casa y como yo tenía tanto trabajo me fregaban los cacharros antes de ir a la escuela, exceptuando las cucharas que eran de alpaca y eran más difíciles de fregar.

Para traer agua íbamos a una fuente, la fuente del Cazaizo. El agua en las casas, los desagües, la pavimentación de las calles llegó en los años finales de los 60.

Tiempo después enviamos a mi hija mayor a estudiar a Cuenca a las monjas a hacer el bachiller y la otra hija menor quedó en el pueblo haciendo la EGB hasta que tuvo que marcharse también cuando ingresó en el instituto.

Entonces decidimos comprar un coche para ir a verlas, pero yo no quería un coche de segunda mano. Como teníamos que hacer obra en la casa y edificar un granero para la labranza dijimos: “Antes de hacer la obra, vamos a comprar el coche que a ver si vamos a quedarnos sin dinero con la obra y no podemos comprarlo después”. “Así que lo compramos antes y lo tenemos aviao”. Corría el año 1968 cuando compramos el Seat 600

Fuimos de los primeros en tener los inventos de la época como radio, televisión y teléfono.

Los que teníamos teléfono llamábamos primero a la centralita para que nos pusiera con quien quisiésemos. De hecho, fuimos los quintos del pueblo en tener teléfono, por detrás de la fábrica de harinas y antes que el ayuntamiento. Lo sé porque lo he vivido y por mi número actual.

Mi marido se dedicó siempre al campo y yo en la tienda. Aunque alguna vez tuve que ayudarle, pero yo no estaba acostumbrada al campo porque siempre estuve en la tienda y mis hermanos en el campo. Pero desde aquel momento fui muchas más veces a ayudarle con las olivas.

Mientras cogíamos aceitunas nos acordábamos de nuestras chicas que estaban ya estudiando en cuenca en un piso que le alquilábamos por 7.000 pesetas. Donde en un principio estaba una hija y una amiga, más tarde fueron llegando otras compañeras y así ahorrar en gastos. Y los domingos íbamos a verlas con el 600.

Siempre hemos vivido en tranquilidad y “bien”. Pero con mucho esfuerzo, mucho trabajo y mucho ahorro. Ya que estuvimos siempre acostumbrados a trabajar mucho viviendo con lo mínimo.

Cartel cinematográfico de la obra de la Fierecilla Domada que vieron mis abuelos en los cines de Bravo Murillo.

Cartel cinematográfico de la obra de la Fierecilla Domada que vieron mis abuelos en los cines de Bravo Murillo.

Nunca fui de vacaciones ni cuando me casé, eso no se estilaba entonces. Solamente fui a Madrid unos días cuando era pequeña donde tuve algún que otro problema con el metro hace 70 años (con 15 años), que te contaré en otro momento. También fui a los 6 meses de casada digamos que: “en luna de miel”. Recuerdo ir a ver una película en un cine de bravo murillo: la Fierecilla Domada, donde salía Carmen Sevilla, me parece.

Paris.

Algunas fotos fueron tomadas de la exposición de Francesc Català-Roca.

2 thoughts on “UNA ABUELA DE LA MANCHA

  1. Oh Bella, I'm tearing up over here…what a lovely tribute to your mom. My kids tease me about not being &qimo;otm-ush" and I wonder sometimes if their first thought is what you first felt…a little mortified. But honestly, the older they get, the more I think they appreciate their mom's style and the fact that she has one. Your mom is stunning! Love her, hug her, smooch her….absolutely as much as you can! Happy Birthday to a FABULOUS lady! ~Serene

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