Lesbos, Grecia. Los migrantes económicos no existen

Llevo un tiempo guardando dentro esta visión y la promesa interna de contársela a cuantos más, mejor. Si tenéis un rato para leerme, os pido atención. Creo que es importante. Si no lo tenéis, aquí os dejo la conclusión más general:

Es preciso hacer un esfuerzo consciente para intentar ver el mundo como de verdad es. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de causar mucho sufrimiento, aunque no sea nuestra intención.

El campamento era un lugar extraño, donde jugar al cricket y al Uno se mezclaba con relatos de la guerra, de largas caminatas por montañas iraníes y del reclutamiento por tortura de los talibanes.

13719672_1229995907033884_139576530458856631_oPongámonos en contexto: Lesbos es una pequeña isla griega situada a unos escasos seis kilómetros de Turquía. Desde tiempos inmemoriales, pero, más recientemente, desde hace unos cuarenta años, ese estrecho trozo de mar lo han cruzado multitud de personas buscando en Europa una vida mejor. En octubre del año pasado esta situación alcanzó un máximo absoluto: en apenas un mes, más de 200 000 personas (aproximadamente la población de Granada) llegaron a sus costas. Otras tantas, casi una de cada cien, murió ahogada. Podría hablar de cifras oficiales, pero mis compañeros de Proactiva Open Arms no estarían de acuerdo.

lesbos¿Cómo es posible que muera tanta gente en un recorrido de tan solo 45 minutos? La respuesta se halla en las pateras, mayoritariamente de plástico, en las que se agrupan hasta 100 personas con chalecos salvavidas de imitación. El “capitán“, experiencia nula, es elegido por las mafias y con frecuencia amenazado a punta de pistola. Su misión: intentar mantener la embarcación recta hasta dar con la costa. ¿El precio por el pasaje? Más de mil euros, o lo que es lo mismo, cien veces más de lo que pagamos cualquiera de los de este lado por cruzar en condiciones mucho más seguras.

No quiero magnificar mi historia. Pasé apenas un mes en Lesbos. No vi ningún muerto y tampoco le salvé la vida a nadie. Mi tarea, al servicio de una ONG sueca, consistía en asistir con agua, comida y ropa seca a los migrantes y refugiados que llegaban a la costa norte de la isla. Recuerdo bien la primera llegada: mientras acompañaba a un señor de Eritrea al baño, aprovechó para agradecernos nuestra labor: “People in Europe very good. I know we all is good now”. No le contesté.

No contesté porque sabía que en unas pocas horas estaría en Moria, centro de detención de Lesbos y hogar para más de 4000 personas. Había oído hablar de sus concertinas y de las eternas colas de personas, bajo la lluvia y entre sus propios excrementos, esperando para poder entrar. Había oído hablar mucho de Moria pero, como tantas otras cosas, no las llegaría a comprender hasta que estuve allí.

Moria es el infierno sobre la tierra. Lo peor, más que el estricto escrutinio policial, las vallas y los containers donde se hacinan quince o más, es la sensación de desesperación que pesa, como un plomo, sobre todo el que entre. Pregunté a una voluntaria que servía dentro si pensaba que Moria era una cárcel. La joven llevaba años examinando, como periodista, las cárceles de EEUU. Su respuesta fue: “Solo puedo decir que los problemas que surgen aquí son muy similares a los que surgen en las cárceles, y eso da mucho que pensar”. ¿Somos capaces de imaginar lo que se siente al estar encarcelado sin haber cometido ningún crimen más que el de buscar una vida mejor? El día después de la visita me lo pasé entero llorando.

Los días que no había llegada los pasábamos limpiando las playas de Lesbos por la mañana y animando a los chavales de un campo de menores no acompañados por la tarde. Es un buen recordatorio de que pasar mucho tiempo en la cama es un síntoma importante de depresión, porque eso era el mayor pasatiempo de todos estos adolescentes sirios, afghanos y pakistaníes. El campamento era un lugar extraño, donde jugar al cricket y al Uno se mezclaba con relatos de la guerra, de largas caminatas por montañas iraníes y del reclutamiento por tortura de los talibanes.

Dos semanas antes de irme tuvo lugar el famoso golpe de Estado fallido en Turquía. Nos preparamos toda la noche para la llegada masiva de cientos de personas, pero al primer día no vino nadie. Al segundo, tampoco. Tuvieron que pasar cinco días para que se reanudara el goteo constante de botes, uno al día, siempre al amanecer, y esta vez llenos de sirios. Los sirios, la rara avis de la migración, son los únicos que protege la Comunidad Internacional, y Turquía les había llegado a ofrecer hasta la nacionalidad. Su llegada significaba que algo iba muy mal al otro lado. “Every day we hear guns“. Este es el país al que hemos cedido toda responsabilidad.

Me fui de Lesbos con muchas preguntas y alguna certeza que me gustaría compartir antes de cerrar este relato. Son las siguientes:

Que los migrantes económicos no existen. Ese término peyorativo descalifica a aquellos que se han jugado sus vidas para huir de una infinidad de factores. Lo que es peor, confronta un principio fundamental de la igualdad: que la pobreza, en sí, engendra violencia.

lesbos_greciaQue la guerra fría nunca acabó. O lo que es lo mismo, que el mundo pacífico en el que creemos vivir es mentira. Todo esto se explica directamente a través de los intereses geopolíticos de nosotros, los países ricos, y del tan ignorado colonialismo de Oriente Medio. La guerra en Siria se nutre de capital occidental y capital oriental, principalmente ruso e iraní, que están pagando el que los sirios se maten entre ellos. Nuestra responsabilidad moral no es solo acoger; reside en todos los factores que han originado este conflicto.

Que nuestros hijos recordarán esta crisis con verdadera vergüenza por el comportamiento de esta Unión Europea, “Unida en la diversidad“.

Que la única solución pasa por la acogida. Los campamentos son una solución temporal a un problema que no muestra señales de resolverse y es nuestro deber ofrecer a toda esta gente un hogar y unos medios de vida dignos. Contra quienes dicen que lo que tiene que pasar es que “resuelvan su guerra” esgrimo lo anterior: el flujo migratorio es una consecuencia directa de nuestras acciones que promueven la desigualdad. Se puede elegir entre ropa barata o acoger a gente, o incluso dejarles que se pudran como estamos haciendo ahora, pero no podemos tenerlo todo.

La patria es aquello que se puede abarcar con la vista, lo que se puede recorrer en un día. (El Imperio, Ryszard Kapuscinski)

 

Por: Álvaro

UN ABUELO DE LA ALCARRIA

Nací el año anterior al guerra Civil de 1936, en un pequeño pueblo  cerca de la Serranía, en lo que entonces se decía Castilla la Nueva.  La  vida en aquellos tiempos  no era fácil para la mayoría de sus habitantes, que aunque en general se dedicaban a la agricultura, no todos eran propietarios de  las tierras que cultivaban. Se podría decir que era economía de subsistencia, con la particularidad  de que en aquellos tiempos las familias eran en general numerosas. Más brazos son siempre más bocas.

A los dos años de mi nacimiento  y coincidiendo que a mi padre lo habían incorporado al ejército para el frente de guerra,  yo tuve la enfermedad de poliomielitis, que a pesar no  darme fuerte, sí me quedó lesionada la pierna, por lo que nunca pude realizar los trabajos tan duros que exige el campo.

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A los 11 años, mis padres me animaron,  y yo estuve de acuerdo, a que fuese a un seminario, para que estudiase y no tener que soportar la vida del campo.  Pero por desgracia, la perspectiva de seguir la vocación religiosa, se me pasó. Y a los 3 años regresé al pueblo. Pasé un tiempo muy mal, pues a mi familia no les pareció bien que abandonase el seminario, más que nada pensando en mí   por lo dura que sería  mi vida. Como  había que trabajar en alguna cosa en que yo pudiera, me ocupé durante dos años de cuidar ovejas, lo que se llama de pastor. Pero mis  padres, siempre pensando en el bien de sus hijos, idearon que lo mejor sería para mí aprender algún oficio. Para este menester buscaron en la capital una sastrería para que aprendiera este oficio. Por este motivo pasé varios años hasta que  lo aprendí  y regresé al pueblo,  donde me establecí como sastre.

Fueron 5 años duros,  pues como la clientela la hice además del pueblo en las aldeas de alrededor, tuve que hacer muchos viajes en bicicleta, con nieve, lloviendo  y por caminos que entonces eran de caballerías. Pero esto no podía durar mucho, como ocurrió, pues fueron los años en que empezó la emigración  hacia las zonas en que las industrias empezaban su desarrollo y la necesidad de mano de obra era grande. Por eso al cabo de esos 5 años, la población ya había caído más de una tercera parte, y la mayoría gente joven que es la que daba más trabajo de ropa.

Vistas como se ponían las cosas y comprendiendo que de este oficio en una capital me hubiera sido difícil desenvolverme, opté por echar una instancia a la Escuela de Formación Profesional Acelerada en Madrid,  escuela de reciente creación,  para preparar personal  cualificado a las industrias.

A mí siempre me llamó la atención la Electricidad, por lo que solicité el curso de Instalador Electricista, y superadas las pruebas teóricas que se necesitaban, empecé este curso que duraba 6 meses, y que cuando terminaba, después de las pruebas finales,  adquiríamos el Título de Oficial de 3ª.

…Una gran fiesta el día 18 de Julio, aniversario del Alzamiento Nacional de 1936,   y que se le dio el nombre de Día del Trabajo

Después de unos meses trabajando en la instalación eléctrica de nuevas viviendas,  y sabiendo que una empresa fuerte de Madrid, Estándar Eléctrica, empresa que se dedicaba a la creación y montaje de Centrales Telefónicas, presenté instancia para ingresar.  Superadas las pruebas teóricas necesarias, entré a trabajar como Oficial de 3º  Ajustador de aparatos. Por entonces ya tenía esta empresa cerca de 15.000 trabajadores repartidos por varios puntos de España, aunque el grueso de personal era Madrid.  Era, como  hemos dicho una empresa fuerte, pues tenía médicos dentro de las factorías, para la asistencia ambulatoria  de los empleados, economato con servicio a domicilio con precios que estaban por debajo del mercado general, servicio de Pediatría para los niños, regalos de juguetes en la fiesta de Reyes. Una gran fiesta el día 18 de Julio, aniversario del Alzamiento Nacional de 1936,   y que se le dio el nombre de Día del Trabajo.   Y una cosa importantísima, “relativamente” era la abundancia de horas extras en el trabajo, lo que nos permitió poder pagar nuestros pisos comprados en esas fechas y empezar nuestras vidas en la capital.  He reseñado anteriormente la palabra  “relativamente” y lo aclararé;  esta cantidad de horas extras supuso para los trabajadores, un aislamiento total de la vida social  pues no había tiempo nada más que para el trabajo, pues en muchas ocasiones hasta los días festivos se trabajaba. La explicación a esto radica en que en al principio de los años 60 del siglo  XX  casi nadie tenía ni piso ni coche  y menos teléfono, lo cual esa horas extras sirvieron para ir adquiriendo todos esos bienes. En el mismo caso estaban las demás industrias del país, incluida la construcción.

Ni qué decir tiene que la solidaridad entre estas gentes fue muy grande, pues se reunían varios hombres y mujeres  para en una noche tener lo elemental que era tener el techo, para pasar  la inspección de la policía

Los primeros inmigrantes que vinieron a Madrid al poco de terminar la guerra, todavía lo tuvieron peor, pues se hicieron sus casas o mejor dicho “chabolas” en terrenos en los que ya empezó la especulación.  Tenían que hacerlas por la noche, porque estaba prohibida la construcción y si al amanecer ya tenían el techo puesto, ya lo dejaban, dándose el caso en que las familias procuraban tener alguna mujer con niño pequeño ya acostada para dar más sentido de propiedad.

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Ni qué decir tiene que la solidaridad entre estas gentes fue muy grande, pues se reunían varios hombres y mujeres  para en una noche tener lo elemental que era tener el techo, para pasar  la inspección de la policía. Hay que decir que aquellas viviendas  en su mayoría no tenían de esta más que el nombre, pues carecía de lo elemental que hoy consideramos  de una vivienda , ni agua corriente, ni desagües, ni pavimentación de calles etc…

A partir de los años 70  ya empezaron los movimientos sindicales  clandestinos al margen de los oficiales. Ya para entonces los trabajos empezaron a mermar debido a la recuperación atrasada en todo, y la vida para los trabajadores empezaba a ser un poco más difícil al ir faltando las horas extras. Estos movimientos argumentaban que los sueldos no eran dignos por lo que  llegaron a movilizar a los trabajadores de las empresas más grandes, fábricas de coches, construcción y demás,  impulsando grandes huelgas, y manifestaciones, que al estar prohibidas legalmente, eran reprimidas por la policía, produciéndose muchas detenciones de los trabajadores  más destacados, y las  empresas comenzaron a despedir algunos de estos  “revolucionarios”, como les llamaron.

Estos movimientos  laborales siguieron siendo una constante, hasta finales de siglo, pues aunque a la muerte de Franco, 1975,  se legalizaron los sindicatos, las huelgas y las manifestaciones  también fueron legalizadas, las empresas podríamos decir que endurecían sus posturas en lo tocante a los sueldos y lo que entonces se llamaba convenios colectivos, acuerdos entre empresa y sindicatos, no siempre se conseguía lo que se demandaba, originando, como es de suponer nuevos conflictos.

A finales de los años ochenta, empezó a darse el fenómeno llamado  “reconversión industrial”. Hasta esas fechas los trabajos se desarrollaban en su mayoría de forma artesanal, por decirlo de alguna manera. Pero empezaron a imponerse las nuevas tecnologías, o dicho de otro modo,  a cambiar los procesos de trabajos y montajes en la fabricación, lo que suponía un  exceso de trabajadores  en las empresas.

 Los acuerdos  a que llegaros los poderes políticos y los empresarios fue a lo que llamaron “jubilación anticipada” por la cual al llegar a los 60 años, y en algunos casos antes, los trabajadores quedaban  sin puesto de trabajo, aunque la remuneración no sufría merma, con lo cual, “todos contentos”.

Todo esto, lo que en un principio fue una solución laboral, se convirtió en norma. Las empresas al ir necesitando algún trabajador, se fueron agarrando a las nuevas normativas laborales que facilitaban los contratos temporales, con sueldos más reducidos, y con mucho personal disponible muy cualificado.  Esta situación ha ido originando trabajo más precario y un aumento del paro a niveles muy elevados. En el año 2007 se originó una cris económica mundial, que en España basada su economía principal en el turismo y la construcción, los resultados han sido desastrosos, obligando a muchos, sobre todo jóvenes con estudios superiores a buscar trabajo en el extranjero.

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 En España la situación podríamos calificarla de alarmante, aunque nuestros políticos nos digan hasta la saciedad que la situación está mejorando.

Todos entendemos de economía

  Si ya durante la guerra hubo muchos problemas de alimentos, sobre todo en las ciudades, una vez terminada esta y debido a la situación  de destrucción en que quedó el país, unido a esto el comienzo de la guerra mundial y el aislamiento político y económico de España,  la población sufrió muchas penurias. Como debíamos pagar el coste de las ayudas a la guerra por parta de Alemania principalmente, a los agricultores se les exigía lo que se le llamó el  “cupo forzoso”  (casi siempre de trigo que era lo más cultivado es España)  lo que suponía tener que vender al Estado una parte de su cosecha, a precios irrisorios.

Como el reparto de ese cupo lo realizaban las autoridades locales, puestas por las autoridades superiores, sin exigencia de ninguna ética moral, repartían ese cupo como mejor les parecía  y que siempre  –coincidencias de la vida-  beneficiaban a los más pudientes. Como detalle aclaratorio de este sistema,  diremos que aparte del este cupo forzoso  existía libremente el  “excedente”  lo que suponía que los que tuvieran más trigo  podrían venderlo de esta forma, pero como colofón de este sistema injusto, diremos que el cupo forzoso  lo pagaba el gobierno a la mitad de precio que el excedente.

Hasta los años 52 – 53, toda la alimentación estaba racionada, lo que ocasionó que sobre todo en las capitales se pasara mucha hambre.

Esto dio origen a un fenómeno llamado “estraperlo” y que consistía en que la gente arriesgándose mucho buscaba comestibles donde los hubiera, y que generalmente era para revenderlo a las familias que podía pagarlo, que siempre las hubo.

Suponía esto, como hemos dicho mucho riesgo, pues si eran cogidos por la policía además de quitarles la mercancía, podrían sufrir multa y en algunos casos cárcel.  Pero como siempre hay gentes que a río revuelto ganancia de pescadores,  sobre todo gentes de cierta relevancia y con amistades políticas, hicieron grandes negocios  comerciando con las necesidades de la  gente.

 Como ejemplo podemos decir que, como consecuencia de la guerra la goma de las cubiertas de los coches escaseó de forma alarmante, y debido a que ese material era el que se empleaba para el calzado de los campesinos, “las abarcas”,  se dio la circunstancia de que un par de ellas que podría costar 10 o 12 pesetas se llegaba a pedir  hasta 100 pesetas.

Podemos decir sin embargo que la vida en los pueblos, y más los pequeños, como tampoco antes la situación no había sido nunca boyante, las penurias no se notaban, pues la gente estaba más que acostumbrada a las miserias y no había gozado de bienestar, no se notaba escasez que tenían en las ciudades. Bien es verdad que allí casi nunca nos faltó la comida aunque esta no fuese ni variada ni abundante. Para mitigar en lo posible la escasez, se aprovechaba  lo que daba la tierra hasta el máximo, rebuscando las aceitunas del suelo, las guijas y los garbanzos cuando había granizado, las cerezas, las uvas, y toda la fruta y hortalizas que se cultivaban con mucho sacrificio sobre todo para regar pues el agua no ha sido siempre abundante en el pueblo. Aparte de todo esto también se recogía variedad de hierbas del campo y monte para los animales  como cerdos,  gallinas, conejos, etc… Este trabajo estaba encomendado casi en exclusiva a los muchachos. Después de salir de la escuela, nos íbamos por las cercanías del pueblo, buscando todas esas hierbas. Otras tareas propias de los muchachos consistía en preparar la paja y el grano para las caballerías, cuando estas volvieran del campo, recoger las ovejas en invierno cuando venían del campo etc…

En el pueblo había 3 escuelas, una de párvulos con niños y niñas de 4 a 7 años y  2 para mayores de 7 a 14 años  una para niños y otra para niñas. Entonces iban separados por sexos, luego con la democracia pasaron a estar juntos. La asistencia  era casi general de todos los chicos en edad, aunque siempre faltaban algunos, pues como queda dicho, las familias eran numerosas y los mayores de cada casa tenían que colaborar en muchas ocasiones

Esto no quita para que estos no tuvieran tiempo para jugar, se entretenían con las canicas, (allí se les llamaban bolas), con los chompos  (peonzas) y otros juegos.

  En los años del 65 en adelante en la vida rural, también se hizo patente el cambio en la forma de cultivo con la mecanización. Para ello se necesitó una reforma agrícola sobre todo en las zonas de minifundios, que abarcaba desde la mitad de la península hacia arriba, y que consistió en la agrupación de las tierras en parcelas mucho más grandes. En las zonas como la nuestra en que no había posibilidades de un cambio por falta de dinero, el gobierno les concedía subvenciones a cambio de que estos pequeños agricultores se agrupasen en cooperativas.

  Esto dio como resultado, que así como en mi pueblo, de unos casi 200 pares de caballerías que había para las labores, quedase reducido a unos 15 tractores, los cuales realizaban  el mismo trabajo.

  Estas cooperativas poco a poco fueron desapareciendo, principalmente porque la mayoría de ellas estaban formadas por personas mayores, pues ya dijimos más arriba que los jóvenes ya habían marchado a las zonas industriales.

 Quedando en la actualidad, (2ª década del   siglo XXI),   de 7 a 10 familias que se dedican a la agricultura. Hay que decir que la maquinaria que usan ahora ya no se parece a la de los primeros tiempos, pues cada uno de ahora desarrolla mucho más trabajo que los de entonces.  También hay que decir que las personas que actualmente están dedicadas a estas labores, ya no son jovencitos  pues la media de ellos ya supera los 45 años como mínimo.  Los hijos de estos, han optado por los estudios superiores, y ahora se encuentran en la fase de empezar a desarrollar esos conocimientos, pero ya hemos dicho más arriba como está la situación laboral.

De Política también

   Sobre este tema empezaremos diciendo, que en los años anteriores a la guerra,  (5 años de REPÚBLICA),  se habían conseguido muchos derechos y libertades para la población en general, esto como es natural ocasionó muchos problemas entre las clases pobres, casi todos rurales y los grandes terratenientes, entre los grupos políticos y sindicatos y los poderes económicos,  total que vino la guerra civil.

  Terminada esta, ganada por la parte retrógrada del país, se impuso una dictadura férrea, en principio   eliminando o encarcelando a los opositores vencidos y como fueron muchas las familias afectadas por estas medidas, el terror se adueñó de gran parte de la población. Unido a esto la vigilancia y represión de grupos paramilitares y miembros del partido único,  la Falange,  nadie se atrevía a hablar de política, incluso en las casas, no sólo no se decía nada, sino que se recomendaba a los pequeños no hablar de  “esas cosas”.

  Así se vivió hasta los años 65 en que ya se empezaron a oír algunas noticias de grupos que hablando de un necesario  cambio de régimen.  Por esas fechas también empezó a dar que hablar  un grupo  (de signo terrorista)  vasco  ETA,  que con el tiempo daría mucho que hablar, por sus atentados, 1ª contra miembros de la policía y militares, después contra establecimientos  como HIPERCOR de Zaragoza. El más sonado por su repercusión política, fue el atentado con resultado de muerte contra el que en ese tiempo era Vicepresidente del Gobierno,  (Carrero Blanco,  1973)  y otro grupo el FRAP  (Frente Revolucionario Antifascista Patriótico).

Como consecuencia,  hubo unas condenas a muerte de 5 personas de estos grupos y que tuvieron una repercusión mundial, pues muchos países retiraron sus embajadas  y enviaron comunicados de repulsa al gobierno, incluido el Vaticano. Para dar una idea de la soberbia de estos dirigentes, hubo un ministro que pronunció esta frase, “al fin solos”.

    La Iglesia, que desde un principio del levantamiento, se mostró afín con los alzados y luego vencedores, algunos de sus miembros empezaron a mostrar su disconformidad con el Régimen,  (como Monseñor Añoveros que estuvo a punto de ser desterrado del país, y Monseñor Iniesta, que si se tuvo que marchar a Roma huyendo de represalias por una carta de denuncia que escribió por la condena a muerte de los 5 anteriores.

  Así llegamos a la muerte del General Franco, ya este había ideado la forma de perpetuar su Régimen con el nombramiento del nieto del Rey Alfonso  XXIII, como heredero de este Régimen. En ningún momento quiso que fuese el Conde de Barcelona, hijo del Rey anterior y padre del que sería Rey, el sucesor de su Régimen.

En la coronación de Juan Carlos  I como Rey, el entonces Arzobispo de Madrid,  Monseñor Tarancón, pronunció  una homilía tan revolucionaria para los inmovilistas, que en muchas paredes de Madrid se vieron estas pintadas:  “Tarancón al paredón”.

Ya instaurada la Monarquía con el Rey Juan Carlos I se inició el proceso de cambio, se convocaron elecciones generales entre varios partidos políticos ya legalizados. Se legalizaron también los sindicatos, que antes era único, llamado Sindicato Vertical. Pero todavía había gentes sobre todo militares que no veían bien lo que estaba pasando, y el día 23 de febrero de 1981 intentaron dar un Golpe de Estado asaltando el congreso de los Diputados.  Este acto lo perpetró un coronel de la guardia Civil con un grupo de guardias del cuerpo, y respaldado por algunos militares.  El capitán General de Valencia sacó los tanques militares a la calle. Al no ser secundado por otros (que en principio estaban de acuerdo) este intento fracasó.

 Al poco tiempo con el Gobierno Socialista se acometieron reformas como la creación de las Comunidades Autónomas como las conocemos ahora, la universalidad de la sanidad. Hasta ese tiempo la sanidad tenía que ser pagada. Ya mucho antes de la guerra se estableció que los obreros asalariados debían tener una cartilla de seguro que se llamaba   S O E   (Seguro Obligatorio de Enfermedad)  que cubría al trabajador y sus familiares, pero solo a los asalariados por cuenta ajena, lo cual dejaba fuera a autónomos, trabajadores del campo  etc… También se universalizó la enseñanza  que antes la Enseñanza Media y la Universitaria, la podían hacer los que tuvieran medios económicos.

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UNA ABUELA DE LA MANCHA

Nací en el 1930 en un pueblo conquense donde he vivido desde siempre, pertenece a una zona de transición entre La Alcarria, la Mancha y Serranía de Cuenca en lo que antes era Castilla la Nueva que comprendía Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara.

La vida laboral de la comarca se basó principalmente en la agricultura y, en menor grado, en la ganadería, sobre todo en el pastoreo de ovejas. La gente pobre ponía a disposición a los muchachos para ejercer de rochanos que eran ayudantes de los pastores para carear las ovejas, para reunirlas y dirigirlas por las sendas. Estos no iban a la escuela, lo que hizo que muchos oficios del estilo provocasen analfabetismo.

Muchacho del pueblo entre travesaños intentando ver la corrida de toros en 1954.

Muchacho del pueblo entre travesaños intentando ver la corrida de toros en 1954.

La agricultura era esencial en la economía del pueblo. En los alrededores la gente trabajaba las tierras (propias o ajenas) cultivadas con cebada, centeno, trigo, escaña (tipo de trigo), avena, harina de titos (o de Almortas) y garbanzos. A parte de las eras, donde se realizaban todas las labores agrícolas: trillar, aventar, apalear las tortas de girasol, secar las pipas…, cada familia tenía pequeños huertos para abastecimiento propio.

Aunque teníamos un río y un afluente, desde que tengo uso de razón casi siempre han ido secos, lo que provoca y provocó escasez de agua. Entonces, se sobrevivía con el agua de los pozos de las casas y de en derredor. Con los trabajos del campo y yendo de peones a otras casas con labranzas más grandes se sacaba adelante a las familias, que eran muy numerosas, normalmente de 5 o 6 miembros, aunque había quienes llegaban a 11 o 12.

La guerra estalló en el 36 y yo tenía 6 años. Me acuerdo que en esa época mi abuela decía

¡Pero bueno! Es que quieren lo que no es suyo y eso no puede ser.

En ese momento yo no entendí qué quiso decir hasta más adelante. La gente se tuvo que ir al frente con 16 o 17 años; de hecho, mi padre fue de los últimos. Sucedió ya al final de la guerra, que en vez de ‘ir largo’ le destinaron a Saelices a 6 km, a una finca a estar con las mulas para arar porque tenía fama de buen labrador y mercader así que se le puso a la cabeza. Mi madre y otra familia decidieron ir a ver a los hombres allí destinados por lo que sacamos una galera con entálamo que teníamos. Engancharon el carruaje con las mulas y allí nos llevaron a los chicos a que viéramos a los padres en la finca.

Mi padre era industrial ya que tenía tienda y taberna y se dedicaba también a la compraventa de pipas y ganado, a la venta y transporte de cubas de vino, etcétera…

Aquellos tiempos fueron bastante duros; gente desaparecida y asesinada por todas partes y teníamos constancia de que allí también sucedían.

Cuando llegamos a aquella finca preguntamos a los que llamaban Los Marqueses de Saelices que conocía mi madre si habían “sacado a alguno” y dijeron que no sabían y negaron conocerla. España entera miraba por sí misma y preferían vivir dormidos sin enterarse de nada.

Durante la guerra, se produjeron bastantes saqueos en casas “de buena posición“. Entraban y si tenían dos o tres jamones se los llevaban. Además de ropas o lo que fuera.

Hubo 8 o 10 personas que se quedaron en las cámaras de las casas grandes por si se les llamaba al frente, ya que quedaba cerca San Martín de la Vega, punto bélico donde se produjeron bombardeos. Eran tanto de un bando como de otro y al tener que convivir procuraban no pronunciarse porque desconfiaban unos de otros. Cuando se terminó la guerra, una parte de “La Cuarenta y nueve“, la 49ª Brigada Mixta, que fue un pequeño ejército en defensa de la segunda República, también se hospedaron en el pueblo.

A un hermano de mi padre le encarcelaron. Mi tío tenía un par de mulejas además de cuidar otras tantas en una casa. En ese tiempo apareció, lo que se llamaba entonces, un comité (una cooperativa), donde se trabajaba de forma conjunta y se repartían los beneficios. Entonces mi tío, aún advertido por mi padre, se metió y allí perdió todo. Porque al estar al cargo de los animales en la casa, manejaba bienes ajenos que le fueron solicitados en la cooperativa, como paja… El hombre ofreció lo que pudo excepto lo que no le pertenecía y con la excusa del estallido de la guerra, fue encarcelado.

La guerra en el pueblo la vivimos de una forma más o menos tranquila, al empezar la guerra se llevaron únicamente, y digo únicamente comparando con la cantidad de muertes indecentes que sucedieron en toda España, a dos a fusilar: a un padre y a un hijo, que no quiso dejar solo a su padre.

Todos mis hermanos y yo fuimos a la escuela, en eso tuvimos suerte. Y cuando salíamos de clase, mi madre nos enviaba a dar clases particulares con una maestra de izquierdas, que por supuesto no obtuvo plaza por su condición política. Pero mis padres vieron bien ir a aprender más con ella. De esto te hablo de cuando yo tenía 11 años.

Después, terminó la guerra y vinieron los Requetés (o boinas Colorás) castellanos que eran un batallón de nacionales Carlistas a “poner orden y a dar las instrucciones al Ayuntamiento para apaciguar la cosa”.

Muy cerquita de aquí, tras la guerra al monasterio de Uclés se le dio un uso de cárcel para presos políticos (en él es donde estuvo mi tío encarcelado). Recuerdo que allí mataron a mucha gente bajo el ojo por ojo. Más tarde los curas recuperaron el monasterio encargándose de restaurarlo bajo el brazo del obispado de Cuenca. Aun cuento con cierto temor esta historia.

En fin, la vida en el pueblo era un tanto monótona, aunque tuvimos bastantes visitantes. En la plaza del pueblo, por ejemplo, había una posada donde venían a hospedarse los arrieros y de vez en cuando nos traían pellizas, melones, cerdos, garbanzos… cualquier cosa.

Durante la Posguerra hubo mucha hambre en España con el racionamiento, pero en el pueblo siempre se había pasado muchas penurias. Mis padres tuvieron una época en las que vendían las sardinas de Villajoyosa por el dinero justo para comer, vivimos al día. También teníamos harina para cocer el pan y harina de almortas para hacer gachas manchegas, a veces incluso viudas. También había algunas mujeres que para ganar algo de dinero, les pagaban otras madres para que dieran de mamar a los hijos si la que había tenido el hijo carecían de lactancia. Tiempo después, sobre los 60, alimentábamos a los hijos con Pelargón, que era leche en polvo.

Cuando acabé el colegio, como teníamos una tienda pues me encargaba de ella y de la casa. De mis hermanos, unos iban a labrar, otros iban con mi padre a comprar el pescado con un camión a la plaza del mercado de Madrid (plaza de la Cebada) donde comprábamos de todo para el negocio, sobre todo pescado: 7 cajas de sardinas, merluza, boquerones, besugo o japuta. Desde el pueblo, cuando venían de Madrid se iba repartiendo un poco de lo adquirido en Madrid por los pueblos de la comarca, desde aquí hasta Sacedón para las demás tiendas. Lo que fue una visión de mercado muy acertada para la época.

Al Mercado de la Cebada entraba todo el pescado al por mayor y los de las tiendas de Madrid y alrededores, como nosotros, comprábamos al detall. A su vez de lo que comprábamos vendíamos lo sobrante para los demás pueblos de forma similar a los arrieros.

El Mercado de la Cebada de Madrid en 1929

El Mercado de la Cebada de Madrid en 1929. Aquí se ve como entraban las galeras para comprar al “detall” (la foto no concuerda con los años en los que nos movemos pero te haces una idea de la situación).

Los demás hermanos ayudaban a mi padre a envasar pienso, a labrar o a viajar a Valencia a por naranjas, que después se vendían con la bicicleta y un canasto atrás por todo el pueblo.

También tuvimos taberna, yo empecé a despachar desde los 12, que sería cuando acabase el colegio (que se empezaba a los 6 años, pero mi madre tenía mucha confianza con la maestra y me pudieron admitir a los cinco años). Despachaba siempre a un señor un cuartillo de vino que, aunque era menos de medio litro, terminaba siendo el medio. Y el hombre me contaba algún chascarrillo que otro, del cual aún me acuerdo:

“Algunos van a la iglesia y entran como si entrara un borrico a la cuadra. Yo cuando voy a la iglesia digo A casa de Dios vengo a entrar hijo de Dios vengo a adorar. Y cuando me marcho digo Adiós palomita hermosa de Jesucristo sin esposa. Aunque me voy no me voy, aunque me despida no me despido. A la hora de mi muerte vente conmigo”.

En un momento determinado mi padre decidió dejar la taberna para quedarse sólo con la tienda, ya que las dos cosas eran demasiado negocio que atender.

La tienda estaba situada en los bajos de una casa que no era de nuestra propiedad y los dueños decidieron vender la casa entera por lo que nos ofrecían 25.000 pesetas para salirnos de ella. Mi padre dijo que no quería dejar el negocio y quiso comprarla él. Los dueños le pidieron por ella en mano 175.000 pesetas, que en 1960 era muchísimo dinero. Entonces mi padre vendió todo: pienso, tierras y de todo. Ya que mucha gente quería esta casa porque, al estar junto a la iglesia y ser tan antigua, estaba muy demandada por gente que tenía mayor poder adquisitivo que nosotros.

La tienda era de ultramarinos, vendíamos de todo: judías, garbanzo, chocolate, aceite vinos, detergentes, lapiceros, libretas, cordones de zapatos, albarcas (tipo de calzado para ir al campo), fruta, bebidas como la gaseosa (Revoltosa), pescado…

Las fiestas más importantes fueron, como en la actualidad, para el día de Santiago y Santa Ana donde siempre ha habido toros. El 18 de Julio era otra fiesta señalada, el aniversario del alzamiento nacional. Que se celebraba básicamente no yendo a trabajar. Las gentes sacaban las banderas en las ventanas, una bandera de España y una bandera blanca que no me acuerdo del motivo (seguramente sería la bandera de los Boinas Rojas anteriormente nombrados).

Banderines que se pusieron en la plaza de toros el día que toreó Luis Miguel Dominguín (padre de Miguel Bosé).

Banderines que se pusieron en la plaza de toros el día que toreó Luis Miguel Dominguín (padre de Miguel Bosé). La foto fue tomada en 1954, un año después de la firma del acuerdo bilateral con EEUU que permitiría a España salir de su aislamiento internacional.

Cuando trajeron el agua al pueblo lo conmemoramos poniendo una fuente en la plaza e hicimos una fiesta por todo lo alto; de hecho, como mi padre tenía la taberna el ayuntamiento le propuso poner un barril de bebida en la plaza del que podía beber todo el pueblo gratuitamente y se hizo una corrida extraordinaria de toros a la que concurrieron Luis Miguel Dominguín y Antonio Bienvenida, dos grandísimos toreros.

En el año 1956 me casé y pusimos una casita al lado de mis padres. Al final cuando compramos esta casa nos vinimos todos con mis padres y mi marido.

Tuve dos hijas, que me ayudaban desde bien pequeñas. Me ayudaban con todo lo que podían en la casa y como yo tenía tanto trabajo me fregaban los cacharros antes de ir a la escuela, exceptuando las cucharas que eran de alpaca y eran más difíciles de fregar.

Para traer agua íbamos a una fuente, la fuente del Cazaizo. El agua en las casas, los desagües, la pavimentación de las calles llegó en los años finales de los 60.

Tiempo después enviamos a mi hija mayor a estudiar a Cuenca a las monjas a hacer el bachiller y la otra hija menor quedó en el pueblo haciendo la EGB hasta que tuvo que marcharse también cuando ingresó en el instituto.

Entonces decidimos comprar un coche para ir a verlas, pero yo no quería un coche de segunda mano. Como teníamos que hacer obra en la casa y edificar un granero para la labranza dijimos: “Antes de hacer la obra, vamos a comprar el coche que a ver si vamos a quedarnos sin dinero con la obra y no podemos comprarlo después”. “Así que lo compramos antes y lo tenemos aviao”. Corría el año 1968 cuando compramos el Seat 600

Fuimos de los primeros en tener los inventos de la época como radio, televisión y teléfono.

Los que teníamos teléfono llamábamos primero a la centralita para que nos pusiera con quien quisiésemos. De hecho, fuimos los quintos del pueblo en tener teléfono, por detrás de la fábrica de harinas y antes que el ayuntamiento. Lo sé porque lo he vivido y por mi número actual.

Mi marido se dedicó siempre al campo y yo en la tienda. Aunque alguna vez tuve que ayudarle, pero yo no estaba acostumbrada al campo porque siempre estuve en la tienda y mis hermanos en el campo. Pero desde aquel momento fui muchas más veces a ayudarle con las olivas.

Mientras cogíamos aceitunas nos acordábamos de nuestras chicas que estaban ya estudiando en cuenca en un piso que le alquilábamos por 7.000 pesetas. Donde en un principio estaba una hija y una amiga, más tarde fueron llegando otras compañeras y así ahorrar en gastos. Y los domingos íbamos a verlas con el 600.

Siempre hemos vivido en tranquilidad y “bien”. Pero con mucho esfuerzo, mucho trabajo y mucho ahorro. Ya que estuvimos siempre acostumbrados a trabajar mucho viviendo con lo mínimo.

Cartel cinematográfico de la obra de la Fierecilla Domada que vieron mis abuelos en los cines de Bravo Murillo.

Cartel cinematográfico de la obra de la Fierecilla Domada que vieron mis abuelos en los cines de Bravo Murillo.

Nunca fui de vacaciones ni cuando me casé, eso no se estilaba entonces. Solamente fui a Madrid unos días cuando era pequeña donde tuve algún que otro problema con el metro hace 70 años (con 15 años), que te contaré en otro momento. También fui a los 6 meses de casada digamos que: “en luna de miel”. Recuerdo ir a ver una película en un cine de bravo murillo: la Fierecilla Domada, donde salía Carmen Sevilla, me parece.

Paris.

Algunas fotos fueron tomadas de la exposición de Francesc Català-Roca.

JAZZ Y FLAMENCO VAN DE LA MANO DE ANTONIO LIZANA

Madrid. Barrio de Justicia, Centro

Era viernes por la tarde. Se olía en el ambiente la alegría del fin de semana; puede que las fiestas del Dos de Mayo tuvieran algo que ver. Precisamente, Chueca parecía más alegre de lo normal. En nuestras manos tuvimos el gustazo de entrevistar, a través de Kampussia y dentro del marco del Festimad (XXII edición), a Antonio Lizana.

Nacido en San Fernando (Cádiz, 1984), de manos de este hombre y sus músicos surge un matrimonio bastante curioso entre el flamenco y el jazz, con un cante que se descontextualiza y se imprime sobre bases más jazzísticas o contemporáneas, pero también un saxo cuyo ritmo se escurre hacia esquemas más tradicionales.

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La pasión por la música tiene su punto de partida en la colección de vinilos de su padre, apalancados durante muchos años, antes de que Antonio les pusiera las manos encima: “Era música de los 60’s, 70’s: Deep Purple, Led Zeppelin, King Crimson, y así. Con 8 años, me volví loco escuchando todo esto; ‘Smoke on the Water’ marcó el antes y el después”.

El recorrido de la academia a los escenarios fue inmediato, casi paralelo: partiendo del conservatorio de San Fernando a los 10 años, con 13 se unió a un grupo de versiones de Dire Straits, y ya a los 14 empezó a tocar con una academia de baile. “Ahí fue realmente cuando se disparó la cosa, hacía muchas actuaciones según la época”.

Esas influencias iniciales han ido cambiando con los años. A los 14, abandonó el rock y entró de lleno en el flamenco: Jorge Pardo, el Sexteto de Paco de Lucía y, como mayor pilar, Camarón de la Isla. De ahí, saltó a sus estudios de jazz, donde la influencia del saxofonista norteamericano Kenny Garrett fue troncal, y desde entonces, ha convertido el jazz y el flamenco en sus raíces principales, mezclándolas también con influencias latinas (samba, reggae, bossa nova) y orientales (persa, árabe).

IMG_3636'1Sobre casar esas dos raíces principales, aparentemente dispares, cuenta que se da de una manera natural. “Yo me crié en un sitio donde el flamenco era la música popular, pero como yo tocaba el saxo en grupos de flamenco, quería improvisar jazz sin soltar mis raíces. Total, que me he hecho un traje a medida”. Aunque sus andanzas las componen dos discos oficiales a su nombre, De viento (2011) y Quimeras al mar (2015), su lista de colaboraciones es bastante amplia, y sus galardones unos cuantos, contando incluso con un Grammy al Mejor Álbum de Jazz Latino por su trabajo junto a Arturo O’Farrill y la Afro Latin Jazz Orchestra (The Offense of the Drum, 2015).

Ésta última es su experiencia más llamativa, e incluso estuvo a punto de irse a vivir a Nueva York por lo bien que le trataron.

“No te imaginas los círculos de jazz, la cantidad de músicos, los mejores del mundo y de casi todos los estilos musicales… Pero muy pocos de flamenco. Los buenos, como no tienen necesidad, no se van a ningún lado”

Para él, el flamenco nace en un ambiente muy concreto, en gente muy apegada a sus raíces; es un idioma, igual que el jazz, y una vez se le coge el gusto, no se suelta. Pero plantar semillas y empezar de cero en otro lugar no es lo suyo, así que prefirió dedicarse a seguir cultivando el trabajo de estos últimos años en España, aunque no descarta ese sueño para vivirlo una temporada.

Ahora, al momento de subirse al escenario, dentro o fuera de su tierra, nunca se siente nervioso: “Existe un punto de responsabilidad, porque la gente ha pagado por venir a verte y escucharte, pero es sólo eso. El objetivo es disfrutar tú mismo, y hacer que la gente lo disfrute aún más, que eso da mucha más energía”.

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En todas sus presentaciones, el perfil del público depende de muchas cosas. Si hablamos del ámbito de clubes y festivales de jazz, estamos ante una media de entre 40 y 50 años. “Pero tocamos en todo tipo de eventos, y encontramos todo tipo de gente, que al fin y al cabo, la música es para todos”. Entre risas y un trago a su caña, su división de público está entre “educados” y “maleducados”, aquellos que contribuyen a noches magníficas y los que rompen la magia dando voces y robando protagonismo.

El músico afirma que el grueso de estos públicos para los que toca, suelen ser bastante “culturetas”. Sin embargo, al ser una música de creación, cuenta que la gente recibe con mucho gusto cualquier cambio, desde un swing hasta una improvisación de free jazz. “Y no lo digo como algo peyorativo, sino como algo particular y de agradecer”.

Sobre el mundo del jazz, lo define como un mundo en el que predomina el amor al arte por excelencia, un credo que comparten desde músicos a organizadores de festivales. Curiosamente, ante este sentimiento, el ámbito del jazz no está totalmente afectado por las legislaciones gubernamentales en torno a la cultura:

“Hablamos de un ambiente con un movimiento ‘insignificante’ para el gobierno, en el que grandes y pequeños músicos tocan en los espacios más reducidos e íntimos”

Sin ser filósofo, y gracias a todos sus viajes y experiencias, cree que el meollo de la cuestión política es saber defender la cultura autóctona, con uñas y dientes, ante una globalización que pretende uniformizar todos los territorios y culturas.

Como ya se hacía tarde para la prueba de sonido, nos dirigimos al Bogui Jazz, donde tocaba aquella noche. Qué bien que sonaba esa voz con arte, apoyándose en las notas de un saxo juguetón. Un talento joven que debe percibirse con vista, oído y alma.

 

(Agradecimiento especial a Kampussia, a los organizadores de Festimad 2016, a Toni Pino, a Antonio Lizana y los grandes músicos que le acompañaban Marcos Salcines al piano, Tana Santana al bajo, Epi Pacheco a las percusiones y Borja Barrueta a la bateria, por hacer esta entrevista posible)

Por: Andrés Eloy Sánchez