CONJETURAS SOBRE VIVIAN MAIER

Como Mary Poppins sobrevolando el Big Ben con su famoso paraguas, aparece Vivian Maier. Las similitudes abundan entre estas dos mujeres, las diferencias también, la principal de ellas es que Vivian sustituye el paraguas por una cámara fotográfica y el cielo londinense por el asfalto neoyorkino.

Un acertijo, envuelto en un misterio dentro de un enigma.

Así se define a Vivian Maier, porque dudo que alguien la conociera realmente. Lo que cuentan acerca de ella son en gran parte conjeturas, las investigaciones realizadas para conocer a esta mujer han llegado a desvelarnos que nació en Nueva York, que pasó su juventud en Francia y regresó a Estado Unidos para trabajar como niñera. ¿Pero quién era Vivian Maier realmente? ¿Qué ideas pasaban por su cabeza? ¿Cuáles eran sus sueños? Todas estas son las preguntas que me he hecho tras ver la película documental “Finding Vivian Maier“. Por ello este es un artículo que trata de dar rienda suelta a las hipótesis que mi mente ha generado sobre quién pudo ser esta mujer. 

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En 2007 Jhon Maloof compró una caja de negativos fotográficos de una tal Vivian Maier en una subasta. Jhon buscó en el todopoderoso Google quién era esta fotógrafa, pero no encontró ningún resultado ¡no la conocía ni Google!. Reconozco que en este punto yo ya me hubiera dado por vencida, pero por suerte no fui yo la que compró esos negativos, si no Jhon, quien continuó con una larga búsqueda. Dicha búsqueda le llevó a descubrir sus orígenes y su final, además de conocer a  los niños, ahora adultos, de los que se hizo cargo.  Pero todo esto solo da algunos trazos al perfil de Vivian, aún difuso. 

Introvertida, desconfiada y misteriosa, estos son algunos de los adjetivos con los que la describen quienes la conocieron. Probablemente estos adjetivos la definan, pero ¿realmente puedes definir a una persona con palabras? quiero creer que somos más complicados que tres términos.

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Vivian casi nunca decía su verdadero nombre, o su nombre completo, a unos les decía “llámeme Viv”, a otros “llámeme Smith” e incluso llego a firmar como Srta. V. Smith. Hay quien dice que forzaba su acento francés y ocultaba su nacionalidad norteamericana. No dejaba que nadie entrara en su habitación y en cada casa para la que trabajaba pedía que le pusieran un candado, era allí donde guardaba montañas de periódicos que llegaban hasta el techo y hundían el suelo por el peso. 

(ADVERTENCIA: Todo lo que lean a continuación es una cadena de suposiciones e idas de olla.)

Sus fotografías retrataban la sociedad neoyorquina de los 50 a los 90, le llamaba la atención la pobreza de la ciudad, los contrastes sociales y tenía predilección por fotografiar niños. Si unimos sus imágenes, a su colección y recortes de periódicos, y le añadimos que entrevistaba a la gente del supermercado sobre la actualidad política, obtenemos a toda una periodista. Incluso en una ocasión realizó un viaje por varios países para conocer culturas y fotografiarlas como una reportera. 

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Entonces tenemos diferentes perfiles: una niñera, una fotógrafa y una periodista. En una ocasión un hombre le preguntó que a qué se dedicaba y ella respondió: “Soy algo así como una espía”. ¿Y si Vivian era una espía y su trabajo de niñera fue una tapadera? Entonces sí, todo podría cuadrar. Una mujer misteriosa y reservada, que no deja que nadie pase a su cuarto, que se informa de la actualidad y guarda recortes de noticias, además fotografía constantemente, y por supuesto que viaja a otros lugares probablemente para cumplir alguna misión. Por si esto no fuera poco Vivian nunca tuvo marido ni hijos, en una América en los años 50 quizá eso hubiera dificultado su trabajo de espía, además de alarmar a muchos otros. 

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Lo cierto es que todo esto son conjeturas que crea mi mente para rellenar y definir los trazos del perfil de Vivian Maier. Cuando tenemos un vacío en nuestra cabeza sobre un tema que desconocemos tendemos a crear supuestos que llenen ese vacío y calmen la sensación de ansiedad que nos crea el desconocimiento. Pero la única certeza que existe sobre Vivian Maier es la que tenía Jhon Maloof entre sus manos en 2007, y son las más de 100.ooo fotografías que realizó a través de su Rolleiflex. Estas imágenes son las que responden a mis preguntas ¿Quién era Vivian Maier realmente? ¿Qué ideas pasaban por su cabeza? ¿Cuáles eran sus sueños? todas las respuestas las podéis encontrar en su trabajo fotográfico, es la mejor forma de conocer a esta artista. Sí, artista, este es el adjetivo con el que la historia se ha quedado para describirla póstumamente, y es su realidad, es una artista que expone en todo el mundo. 

Por si os quedan ganas de saber más sobre Vivian, y mejor explicado, os dejo aquí la película:

CRISIS DE IDENTIDAD

Hoy es ese día. Una de esas fechas que tienen lugar solo en ocasiones puntuales a lo largo del año, y lo mejor es que no tengo ni idea de por qué se celebran, pero siempre llegan. Hoy estoy vacío.

Desde que me levante del nido y caí del árbol por la mañana temprano, como si de un pequeño fruto se tratase, ya tenía alrededor multitud de insectos tratando de incordiarme sin ni si quiera haberme dado la oportunidad de madurar ni 10 minutos. La cocina era una algarabía de gritos, hablando de lo que hay por hacer y de que lo ya hecho estuvo mal.

Trataba de ayunar mis palabras con profundas respiraciones, pero tanto ruido no se paliaba ni con la mayor precisión. Era imposible estar sereno, lo cual me hizo intuir que algo fallaba, ya que la mayoría de las veces estoy tan dormido a esas horas o me da tanto igual, que mi capacidad de abstraerme podría ser equivalente a mi profe de mates de segundo de la ESO.

No sé qué, pero algo desencajaba dentro de mí, aunque la sensación era más bien de ausencia. La conversación no era fluida, para que voy a hablar si no me interesa lo más mínimo, si estoy haciendo el esfuerzo de dialogar es por compromiso o por llevarte a la cama. Me aburren.

La decisión de hacerme un porro es inminente, gracias Tierra por compartir tu magia y otorgarme una hora de tranquilidad, pero lo bueno no dura para siempre, ni mi china tampoco, así que me toca ir a mi habitación a seguir la fiesta.

Empiezo a reflexionar acerca del gran cúmulo de mierda y mal estar que se genera en todo nuestro planeta, pero ni aún así mi capacidad empática es capaz de trasladarme de situación a la vida de Jamal, que filtra el agua del río lleno de heces que caga el jefe que explota a su madre, para poder beberla. Parece ser que mi cabeza es demasiado fuerte como para obviar mi irreal realidad, ya que llevo todo el día preguntándome que me pasa.

Creo que el hecho de que me ocurra esto tiene una explicación positiva, o por lo menos he de pensarlo así, ya que si no podría ser peor. Finalmente decido fluctuar sobre el papel, escribiendo unas pocas rimas de cómo veo el mundo; perspectiva que resulta bastante deprimente, pero mi mente se abastece al abstraerme de la gente.

Puede que solo necesitara poner varias cosas en su sitio, dedicarme algo de tiempo a mí mismo, tumbarme el tiempo que fuera necesario en la cama de mi habitación y mirar al techo; respirar.

Tanto tiempo fuera de mí me había hecho comprender que lo único que me sucedía, lo único que me faltaba, estaba. Sólo tenía que pararme en seco y disfrutar de las vistas.

Pedro Lapalma.

La teoría de la estupidez de Carlo Cipolla no tiene fecha

En el campo, en la ciudad, en la playa y la montaña. Están en tu trabajo, y en tu familia. Los idiotas viven en tu barrio y en el vecino. Te los encuentras caminando por la calle y en las cenas de Navidad. Los idiotas en el siglo XXI están también en Internet. Los idiotas son del Madrid y del Barça, de izquierdas y de derechas. Los idiotas compran en las mismas tiendas que tú y asisten a los mismos conciertos. Los idiotas hablan swahili y mandarín. Tienen hipotecas o son nómadas. Los idiotas trascienden las barreras de cultura, raza, género, orientación sexual, nación y edad. Los idiotas también son probablemente atemporales. Tú puedes ser un idiota y no saberlo. Y, sin embargo, la humanidad sigue sin saber cómo tratar con ellos o cómo identificarlos.

idiotaAfortunadamente, el alcance de la estupidez humana ha sido explorada con anterioridad a que nos hiciéramos esa pregunta; Carlo Cipolla, autor de Allegro ma non troppo (literalmente: alegre pero no demasiado) trató mediante el método deductivo de dimensionar la magnitud de este fenómeno, y nos regaló la obra que te guiará a través de los tenebrosos senderos de una vida repleta de idiotas, culminando con la Teoría de la Estupidez y sus 5 leyes básicas que guían el comportamiento estúpido. El objetivo de Carlo Cipolla, era desde un principio neutralizar a este poderoso grupo de personas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana.

La humanidad se encuentra (y sobre esto el acuerdo es unánime) en un estado deplorable. Ahora bien, no se trata de ninguna novedad. Si uno se atreve a mirar hacia atrás, se da cuenta de que siempre ha estado en una situación deplorable. El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos deben soportar, ya sea como individuos o como miembros de la sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo extremadamente improbable (y me atrevería a decir estúpido) como fue organizada la vida desde sus comienzos.

Este grupo de idiotas es mucho más poderoso que el IBEX 35, que la OTAN, que Putin,  Cebrián o la deuda. Los idiotas no están organizados, no tienen jefe y no se rigen por ninguna ley. El problema fundamental de estar rodeados de idiotas se resume en su primera ley:

Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de estúpidos en circulación

No podemos atribuirle una fracción numérica sobre el conjunto de la población no idiota, aunque se distribuyen en una proporción constante que nos lleva a la segunda ley:

La probabilidad de que una persona determinada sea una estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona

Todos somos hermanos a los ojos de Dios; o, como diría Carlo Cipolla, toda persona puede resultar ser estúpida independientemente de su nacionalidad, género o color de piel. La frecuencia de idiotas mantiene una proporción constante en los grupos observados, grandes o pequeños, proporción que, según la primera ley, superará siempre las previsiones más pesimistas.

Todos los seres humanos están incluidos en una de las categorías fundamentales; los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos

Expresado en términos de costes-ganancias (pérdidas y beneficios), las acciones que nos llevan a una interacción con otro ser humano pueden incluirse en uno de los cuatro cuadrantes de la gráfica siguiente, dando como resultado individuos incautos, inteligentes, malvados y estúpidos, en función del resultado de sus acciones.
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Una persona estúpida es una que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio. El individuo que realiza una acción que beneficia a otros pero se autoinflige daño en el proceso es el incauto. El individuo que actúa en beneficio propio sin importarle el daño que cause al resto es el malvado, al que podríamos llamar Felipe González-aunque aún no sepamos si se está beneficiando así mismo con sus acciones, por lo que podría tratarse de un estúpido al que no hemos descubierto-. El individuo que consigue encaminar sus acciones a un aumento del bienestar global, en el que él mismo se incluye, es el inteligente, mientras que el individuo que actúa y con ello no solo consigue perjudicarse a él, sino al resto, es el estúpido. Creo que con este esquema es bastante sencillo encasillar a una persona en algún cuadrante, si no en varios, aunque como en todo, hay grados de estupidez y de inteligencia. A mí se me ocurre por ejemplo el caso del votante de derecha liberal pobre. A ver si adivináis dónde.
El caso es que las personas racionales tienen dificultades a la hora de imaginar y comprender un comportamiento irracional. Pero, sin embargo, no son pocos los casos en los que las personas tienden a agruparse bajo el área del cuadrante de los estúpidos. La distribución de frecuencias implica que hay un alto número de decisiones en las que las pérdidas totales superan a las ganancias totales, dando como resultado neto una pérdida de bienestar. Esto es, por ejemplo, el caso de los malvados estúpidos, cerca de la estupidez pura, en los que al intentar ganar un beneficio consiguen hacer perder más al resto de lo que ellos ganan. Esto supone que es posible encontrarse con malvados perfectos (pérdidas igualan a ganancias) y con malvados estúpidos o malvados inteligentes.
En función de la capacidad de acción del individuo estúpido, el grado que alcanzan sus acciones estúpidas varía. Esto es, un estúpido en posición de poder tiene mucha más capacidad de destrucción que un estúpido con área de actuación limitada. Una pregunta que suelen hacerse los inteligentes es cómo es posible que los estúpidos alcancen posiciones de poder o autoridad; Carlo Cipolla responde a esto con la teoría de castas y clases, que permitieron durante siglos un flujo constante de personas estúpidas a puestos de poder. Esas clases o castas modernas (partidos políticos, democracia y burocracia) continúan suministrando estúpidos, sin ir más lejos, a través de las elecciones democráticas, una herramienta eficaz para asegurar el mantenimiento estable de la fracción correspondiente de estúpidos (recordemos que según la 2ª Ley, existe un porcentaje desconocido y subestimado de estúpidos entre los votantes), y las elecciones les brindan una oportunidad magnífica para perjudicar a todos los demás sin beneficiarse a sí mismos.
Debemos recordar que la peligrosidad y nocividad de los estúpidos es también culpa de los inteligentes, incautos y malvados, que son incapaces de adelantarse a sus desmadres y actuar en consecuencia. Los inteligentes pueden entender la lógica del malvado, pero se encuentran desarmados ante la devastación que causa un estúpido. Los estúpidos, además, tienden a carecer de autoconciencia, lo que supone que piensen que son malvados, incautos y, sorprendentemente, inteligentes. Esto nos lleva a la 4ª Ley
Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar o circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

 El corolario a esta teoría de la humanidad es bien conocido, y afirma que es mucho más peligroso un estúpido que un malvado. Ser malvado perfecto es actuar en favor de una transferencia de riqueza entre un individuo y otro, por lo que en análisis macro supone que una sociedad en la que todos son malvados a turnos se encontrará en equilibrio. Sin embargo, una sociedad con una gran fracción de estúpidos tiende al empobrecimiento. Todo esto no nos puede llevar a pensar que las sociedades que consideramos más avanzadas cuentan con un menor número de estúpidos, o que las sociedades en decadencia sufren de un mayor contigente estúpido (ya que infringiríamos las leyes anteriores). Carlo Cipolla responde a esto con la hipótesis de que en las sociedades en decadencia la acción de los estúpidos no se ve contenida por la permisividad del resto de grupos, lo que aumenta su potencial destructor. Además, en estas sociedades, muchos individuos tienden a comportarse como incautos estúpidos o malvados estúpidos, lo que nos lleva a engrosar las pérdidas totales y acelerar la crisis del sistema.